martes, 31 de diciembre de 2013

Feliz Nochevieja y Próspero Año Nuevo 2014!...Y NUEVO CAPÍTULO!!



¡Muy buenas!

Lo primero es desearos a tod@s una Feliz Nochevieja y un próspero Año Nuevo, y por eso *se ríe* os traigo el quinto capítulo, eso sí, dividido en dos partes porque soy muy mala y me gusta dejaros con la intriguilla  :P

Sin más, ¡espero que lo disfrutéis!

Capítulo 5 - Parte I

- Te voy a ganar yo, como siempre… ¡Ha ha ha! Yo salto mejor que nadie... – dijo entre carcajadas una fina voz infantil.


- De eso nada, aún no hemos terminado la ronda y esta vez te ganaré yo... – respondió la pícara a la vez que dulce voz de un niño mientras alzaba los brazos realizando aspavientos seguramente intentando distraer a la niña.


Ambos se reían divertidos, chinchándose mutuamente, con cariño.

Un rico y especial olor a comida provenía de muy cerca, perturbando agradablemente su juego...


- ¡Qué bien huele! - exclamó de repente la niña.


- ¿Será que ya está la comida? – intentó atraer la atención de su compañera de juegos mientras se rascaba con disimulo la cabeza para entretenerla - ¡Yo llegaré antes que tú para cogerme la mejor parte! – gritó inesperadamente, ya emprendiendo la marcha y pillándola por sorpresa.


Los dos corrieron hacia el horno de piedra del patio, colmando el ambiente con risotadas infantiles que derrochaban alegría desbordada.


*******

Desperté dándome cuenta de que había sido un sueño. Me apetecía seguir en él y tenía la sensación de que me encantaba estar con ese niño, al que no reconocía físicamente pero al que sentía muy familiar.

Pensé entonces, que podía ser o un simple sueño o... algo más trascendente... ¿Un recuerdo quizás  aflorando en el sueño...? Debía serlo, pues fue la elección que más me tranquilizó en ese momento.

Me encontraba mucho mejor. Mi respiración se había normalizado al fin y parecía haber salido del estado crítico, aunque estaba aún bastante dolorida y débil.

Los pitidos de los aparatos a los que me habían enganchado me ponían bastante nerviosa, pero sabía que sin ellos podría no estar contándolo.

Todo era tan… raro.

Seguía desorientada y solo podía guiarme por mis sensaciones. Además, tenía tapados los ojos con algún tipo de vendaje o apósito, cubriéndomelos por completo, así que tampoco veía nada, ni pretendía hacerlo, pues me dolían al simple tacto de éstos con la tela que me los cubría.

De repente, la voz del chico que me había recogido del fango me vino a la mente... Le echaba de menos y ni siquiera sabía quién era o si volvería a encontrarme con él... pero le anhelaba profundamente.

En ese instante, oí que alguien entraba en la habitación donde yo estaba, y por el ruido de sus pisadas, advertí que era uno de los médicos que iba y venía para controlar mi estado.

Debió tocar alguna de las máquinas de alrededor, porque pude oír el “click” de varios botones cerca de mí.


- Estás despierta ¿verdad? - me preguntó, sobresaltándome.

- S-sí… - me costó pronunciar.


- Deberías saber que anoche ingresaste verdaderamente grave, aunque quizás no recuerdes nada... Pero tranquila, ya estás fuera de peligro y estable... por increíble que resulte explicar esta rápida mejoría clínicamente... - susurró diciendo esto último.

Hizo una breve interrupción, en la que pareció pensar qué decir, o eso me pareció...

- Vamos a presentarnos... Mi nombre es Leonardo, y soy tu neurólogo... ¿Cómo te llamas? - irrumpió de nuevo.

Me quedé callada y quieta sin poder darle respuesta... Por un lado no lo recordaba, y por otro me costaba un mundo articular una sílaba por lo dolorida e irritada que sentía mi garganta... Vaya una presentación que iba a hacer...

- No te esfuerces... - sugirió tajante - Ahora mismo no importa. Lo más probable es que poco a poco vayas recopilando recuerdos. Has sufrido daños en el cerebro, especialmente en la parte que atañe a la memoria, pero es de esperar que con algo de tiempo y los estímulos adecuados vayas acordándote de todo - afirmó - Sé que te atormenta el no recordar nada, es por eso que te lo estoy explicando, para que no te angusties - dijo pausadamente mientras acariciaba mi mano delicadamente – Porque todo se va a arreglar… - añadió.


Temblé al sentir su tacto, pero lo cierto es que su gesto me reconfortó, pues me transmitió cierta seguridad en su trato, al ser tan personal y directo, aunque por otro lado, me extrañó tanta franqueza en un médico, sobre todo cuando los demás que me habían atendido no habían mediado palabra conmigo y me habían tratado como a un mueble.

- Además, voy a ayudarte todo lo que esté en mi mano... No estás sola… Ehhm – carraspeó - Debo irme... Te recomiendo que descanses todo lo que puedas, es bueno para tu cerebro. Vendré luego a ver cómo te encuentras... - se despidió.

Su visita me fue agradable a la vez que tranquilizadora. Así, seguí su consejo e intenté dormir de nuevo adoptando una postura algo más cómoda.

                                                                 
*******

- Buenas tardes, soy David Holtem. Quería saber cómo se encuentra la chica que anoche ingresó tan grave… - expuso educadamente.

- Lo siento pero no puedo decirle nada… Órdenes del médico jefe… - negó rotundamente con la cabeza la enfermera de recepción al tiempo que se explicaba.

- Oiga… Soy Albert Feller… ¿Ha oído hablar de mi? – intervino Albert – No aceptaré una negativa… - le advirtió con tono serio.


- Ehmmm... Sí... En ese caso, puedo decirle que la chica está en mejor estado pero sigue recuperándose en la unidad de cuidados intensivos… - le informó mirando disimuladamente a un lado para cerciorarse de que el otro enfermero no se percataba de su comentario.

- Muy bien… Deseo verla… - exigió Albert.

- Pues... Me temo que eso ya va a ser más difícil… - se excusó la enfermera mirando esta vez hacia la escalera de atrás – De acuerdo, suban ustedes por la escalera de mi derecha y cojan el ascensor hasta la cuarta planta, allí a mano izquierda se encuentra la entrada a la UCI… No creo que le dejen entrar,  pero no puedo hacer nada más… - dijo casi disculpándose.


- Muchas gracias... – respondió Albert guiñándole un ojo a la chica al tiempo que le propinaba un leve empujoncillo a su amigo que parecía algo "absorto" – Démonos prisa… - dijo instando a David a que se moviera.


Y es que David quedó sorprendido, una vez más, de cómo podía llegar a influir el dinero en la actitud de las personas… La gente temblaba al conocer la identidad de Albert y precisamente a eso estaba él acostumbrado…

*******

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2013/12/capitulo-4.html

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2014/01/capitulo-5-parte-ii.html

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Capítulo 4


Después de estar llorando durante algunos minutos, Fiona no era capaz de asimilar que una simple desconocida, y en su estado, hubiera echado todo a perder.

 
Estaba convencida totalmente de que su novio, inexplicablemente, sentía algo especial por ella.

“¿Cómo es posible que le haya gustado la tía esa?” se preguntó en silencio – Es imposible… ¡Si es un monstruo! – dijo esta vez hablando en alto.

 “Y encima Albert siguiéndole el rollo…” pensó dolida con su hermano - ¿Y qué pasa conmigo? ¿Acaso no le importo a nadie? – sollozó ahogando su lamento con la cara hundida en la almohada, a la vez que la impotencia que sentía se apoderaba una vez más, tal y como siempre solía pasarle.

En ese momento, sonó el teléfono que tenía sobre la coqueta… Se incorporó rauda y repentinamente, hasta dejó de llorar...

Quedóse sentada sin reaccionar durante algunos segundos, hasta que, finalmente, se acercó para ojear la pequeña pantalla que éste tenía en la base llevada, por un momento, por la idea de que quizás podría ser David para disculparse, pero vio el nombre de su amiga Rose reflejado…

Se secó las lágrimas y suspiró con paciencia al tiempo que recogía el auricular del aparato y se lo acercaba al oído...


- Dime... Rose – contestó, simulando tranquilidad.


"Hola Fio… Te quería preguntar… Al final ¿Qué pasó anoche? ¿Tu hermano se fue directo a casa?"

- Sí, ¿por? - dijo sin tener verdadero interés por la respuesta que le fuese a dar su amiga.

"Ahh, vale. Oye… Cambiando de tema... Me ha dicho Anne que ha visto a David hace como una hora saliendo de su casa ¿No se quedó al final a dormir en la tuya?"

- Pues… no… - volvió a hablar sin ganas de pensar en lo que decía. Rose tenía la «virtud» de dar donde más dolía... Cualquiera diría que sabía lo que había pasado...

"¿Te ocurre algo? Te noto rara..."

- No te preocupes más por mí y ocúpate de ti. Mi hermano ha ido al hospital a interesarse por la moribunda que encontraron anoche en el río. Al parecer, la "chica-monstruo" los tiene encandilados. ¡A ambos! Y no sé si también habrá ido Stephan… - dijo perdiendo la paciencia.

"No creo, chica. Supongo que se habrán quedado preocupados al verla tan grave… Es más, deberíamos ir nosotras también…"


- Mmmm… Puede que tengas razón… - asintió Fiona quedándose en silencio por unos instantes pensando... - Voy a recogerte a tu casa y nos pasamos por el hospital ¿ok? - planeó en ese momento.


"Ok, te espero..."

Entonces, colgó el teléfono y quedó reflexiva durante unos segundos.


- Tengo que hacer algo para conseguir que se centre de nuevo en mí… Y por supuesto no voy a dejar que esté con ella sin mí delante... - musitó apretando las mandíbulas.

Tardó poco en pintarse los labios y dispensarse unas gotitas de perfume. 


Acto seguido, bajó con impaciencia al salón.

- ¡Judith, vuelvo luego… Bye, bye…! – se despidió también a gritos sin ni siquiera saber que su madre no se encontraba en casa, y salió por la puerta.

*******

- ¿Qué le has hecho a mi hermana? La vi muy afectada cuando se cruzó conmigo por la escalera… - preguntó Albert a su amigo.

- Pues nada… Sólo le he advertido que no me gustan sus celos obsesivos, me agobian, tío… – le explicó David entrando al coche.

- Te digo una cosa ehh,… Fiona es un partidazo… Guapa, buen cuerpo, heredera de una gran fortuna… Un hermano estupendo y fantástico… ¿Qué más quieres? – dijo Albert en un tono cachondo que no pegaba nada con el gesto de advertencia que le hizo mientras se lo decía.

Entonces calló por unos segundos mientras esperaba a que la verja comenzara a abrirse para salir con su Ferrari.


- Lo sé, pero de verdad… Yo no me guío por cosas tan superficiales como esas… No te voy a negar que tu hermana me gusta bastante, pero tampoco estoy enamorado de ella...  Y unos celos tan fuertes como los suyos lo único que hacen es apartarme poco a poco de su lado… – dijo con franqueza.

- Venga ya... Enamorarse, casarse, tener hijos... Yo no me planteo esas bobadas ni por asomo. ¡Solo pienso en una cosa...! - exclamó sin especificar más.

- ¿En el alcohol? - bromeó David sarcásticamente. 


- A buen entendedor, pocas palabras bastan... Pero evidentemente, tú no eres buen entendedor... Vives en tu mundo de fantasía corriendo enamorado tras hadas mágicas... ¡Y en tu laboratorio! - bromeó Albert – Y para demostrarte de qué estoy hablando, voy a empezar por la “sirenita de río”... Eso si sobrevive… - puntualizó levantando las cejas con gesto convencido - Después de todo, sólo estaba rasguñada y con los ojos hinchados como balones de fútbol, pero lo demás era una maravilla... - dijo dándole el visto bueno a la desconocida.

- Pues sí que te fijaste bien... Lo que me extraña es que te acuerdes, yendo como ibas... - le chinchó David.

- ¡Hombre! Yo estoy siempre alerta... ¡Y acechando! - exclamó.

- Madre mía, y luego me extraño de los celos de tu hermana… Si estáis los dos enfermos… - dijo negando con la cabeza.

- Lo que tú digas, pero te advierto que nada llega si no sales del cascarón... Hay un paraíso de chavalas esperándote fuera del laboratorio, pero cuando te des cuenta, quizás ya sea tarde... – le advirtió entre risas.

- A veces me pregunto cómo puedo seguir siendo tu amigo... – guaseó David.

- Sí, sí… pero esa hembra es mía – enunció Albert de nuevo, convencido – Y mi plan comienza ahora mismo… ¿Qué mujer se resiste a un bonito ramo de flores? – preguntó mientras cambiaba de dirección para acercarse a la floristería de la Gran Plaza de Bridgeport.

- Vaya, sí que te ha dado fuerte… - chismeó David con voz leve.

- Me encantan las experiencias fuertes... Y los retos son mi especialidad... - dijo Albert saliendo del vehículo para acercarse a la floristería.

Una vez hubo comprado el ramillete, se dirigieron hacia el hospital pero, al llegar, se toparon con más gente de lo habitual en los alrededores de la zona de entrada al parking, encontrándose casi obstaculizada.

Advirtieron, además, la presencia de periodistas y cámaras de televisión.


- ¿Pero qué coño es todo esto? - cuestionó Albert mientras conseguía abrirse hueco y estacionar.

Salieron del coche y se encaminaron hacia la puerta de entrada. A medida que se adentraban entre la gente iban escuchando los comentarios que hacían sobre lo que estaba sucediendo.

«Por lo visto, se ha encontrado a una chica medio muerta en el río y no se sabe quién es ni qué le ha ocurrido, y los medios se han hecho eco rápidamente para ver cuál de ellos da la primicia...» narraba una señora a un chico tras una cámara de televisión.

Ambos chicos se miraron... - Ha sido Stephan, fijo - dijo Albert a la vez que David afirmaba con la cabeza.

- ¡Pero mira que le gusta sacar provecho a todo lo que sucede en esta ciudad! – se indignó Albert.

- Bueno, entremos sin entretenernos que ya llegamos tarde según el horario que nos dijo anoche la enfermera... A ver cómo ha evolucionado y qué nos dice el médico - propuso David.

De pronto, una mano sujetó el hombro de éste y tiró de él bruscamente hacia atrás…

- ¡Es él! ¡Fue quien la encontró! – alertó Conrad, padre de Stephan, alzando la voz a un chico con una grabadora en la mano que tenía el logotipo de su canal de televisión.

Mientras, le agarraba para evitar que se escapase sin soltar información, varios micrófonos le asaltaron rápidamente con mil preguntas… 

"¿Dónde estaba cuando la encontró? ¿En qué estado se hallaba? ¿Sabe algo de su estado de salud? ¿Es cierto que estaba totalmente desnuda? ¿Cree que se intentó suicidar? ¿Algún familiar ha reclamado su desaparición?..."

Le llovían de todos lados...


- Yo no sé nada más de lo que vosotros sabéis - dijo apartando la mano de Conrad y dándole la espalda, no sin antes echarle una mala mirada.


- Vamos para adentro - dijo Albert mientras lograban entrar y llegar a recepción.

*******

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2013/12/capitulo-3.html

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2013/12/capitulo-5-parte-i.html

viernes, 20 de diciembre de 2013

Capítulo 3


- ¡Albert! ¡Levanta ya! ¡Está aquí David esperándote! – dijo Judith desde la planta baja alzando fuertemente la voz para que su hijo despertase.


Después de dar unas cuantas vueltas remolonamente entre las sábanas, Albert consiguió incorporarse de la cama, llevándose la mano a la frente atolondrado. Se notaba febril, levemente mareado y sudoroso.

“Cada vez me paso más bebiendo…" pensó, y entonces miró sin entusiasmo el reloj de la mesilla de noche para comprobar la hora que era… “Las dos y media…” murmuró.


- ¡Ya estoy en pie... Tranquila! - le respondió gritando algo antipático.

Tras quedarse unos segundos sentado mirando hacia el vacío, decidió levantarse y dirigirse al baño que tenía en su propio dormitorio para echarse algo de agua fresca en la cara y así espabilarse…

*******

- Ya sabes cómo es este hijo mío, dormilón como él solo… - se disculpó Judith mirando a David con su típica sonrisa de buena persona – Yo debo salir a hacer una compra rápida para el almuerzo.  Si quieres, siéntate mientras aquí – le invitó con amabilidad señalando hacia el sofá y se marchó.


David se sentó a la vez que echaba un ojo a su teléfono móvil para impacientarse de nuevo por la hora que era…


- Hola David... – escuchó de repente a Fiona que le sorprendía desde atrás, haciendo que se sobresaltase, dando un respingo.


– La noche se fastidió ayer por esa cosa rara que encontrasteis, pero no dejemos que el día se nos estropee también… ¡Te invito a comer!... ¡¿Quieres?! – exclamó ilusionada.

- Es que, resulta que… - se quiso explicar, pero Fiona continuaba enfrascada haciendo sus planes…

- Mamá está cocinando pavo al horno con guarnición de setas, una de tus comidas favoritas… Y de postre… ¡Helado casero!... ¡¿Qué te parece?! – y continuó… - ...Luego nos podemos tomar unos cócteles en la piscina... - prosiguió, acercándose cada vez más a David con voz provocativa hasta sentarse encima de él.


- Quiero aprovechar tus últimos días de verano en Bridgeport…  insistió lamiéndole el cuello, intentando que no le diese un no por respuesta.

- ¿Sabes qué ocurre? – dijo David evitándola en cierta manera – Que he quedado con tu hermano para ir a verla al hospital y saber algo más sobre su estado… Ya sabes que ayer no era muy bueno – comentó arruinando los planes de la chica, que quedó muda – Quizá mañana… - dijo, intentando darle largas sin ser demasiado tajante.

- Ahh, ya – contestó ésta secamente a la vez que se retiraba de encima suya – Y… Supongo que ahora estarás toda esta semana que te queda para volver a TwinBrook yendo a interesarte por ella, ¿no? ¡¿Nada de tiempo para nosotros?! – le reprochó frunciendo el ceño.


- Fiona… ¿no estarás celosa? – le preguntó con gesto extrañado.


- Pues sí… - susurró cabizbaja apartando una lágrima que recorría ya su mejilla, en una de esas escenitas en las que pasaba de la más absoluta furia a la más sosegada actitud, y viceversa.


- Ehh… Tú me gustas un montón, Fiona – la intentó consolar mientras sujetaba su barbilla con el dedo índice ligeramente arqueado y levantaba su rostro al tiempo para darle un tierno beso.

- Pero… Entonces... ¿Por qué te interesas tanto por las demás chicas? ¿Incluso por las desconocidas? – le volvió a echar en cara esta vez en tono más tranquilo, casi derrotista.

- Porque si veo a alguien que necesita ayuda estoy en la obligación de socorrerle, te guste o no… Y lo siento, pero soy así… - le dijo con seriedad.


- ¡Pero si eso me parece normal! Lo que no es justo para nuestra relación es que me evites precisamente cuando te queda poco tiempo para irte durante un curso entero a otra ciudad, sabiendo que apenas nos vamos a ver en bastante tiempo… ¡Y todo por una deforme medio muerta! – le berreó, empezando de nuevo a ponerse histérica – Además, anoche cuando se la llevaron a la UCI por fallo respiratorio te estuve observando... ¡Tu rostro lo decía todo! – continuó martirizándose, adquiriendo ya un tono casi desgarrado en su voz...


La verdad era que a David siempre le había gustado Fiona, incluso ya desde niños, pero a medida que ésta había crecido, en vez de madurar, parecía que involucionaba psicológicamente.

No estaba acostumbrado a que le agobiasen de esa forma y empezaba a cansarse de sus infantiles rabietas obsesivas. Ya habían tenido varias de ellas por cosas similares y sólo llevaban saliendo formalmente desde principios de verano…

- Fiona, ya te he dicho lo que siento por ti, pero no me gustan los celos. No es la primera vez que reaccionas así, y puede que por ellos, al final demos al traste con nuestra relación… - se sinceró David.


- ¡Ves! ¡Lo sabía! ¡Lo que quieres es tener una excusa para dejarme! – vociferó nuevamente - ¡¿Sabes qué te digo?! ¡Hemos terminado! ¡Ya puedes irte con el monstruo! – chilló con los ojos empañados de lágrimas y se retiró descortésmente.

David se quedó pensativo mirando hacia las escaleras por donde Fiona acababa de desaparecer cuando vio bajar a Albert.

- Albert, siempre el mismo… - suspiró con una medio sonrisa, aunque lo que realmente quiso hacer en ese soplo fue descargar la reciente tensión vivida con Fiona.


¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Salir corriendo detrás de ella por esas escaleras y pedirle perdón? No... Y aunque al principio le entraron ganas de hacerlo, tenía claro que él no había hecho nada por lo que debiera disculparse. 

Fiona debía madurar y darse cuenta de que si se comportaba de esa manera, él no iba a estar dispuesto a seguir con su relación...

- Ya sabes que al día siguiente de una noche de juerga, no soy persona… - bromeó Albert sacando a David de sus pensamientos – Venga, me voy sin desayunar ni nada… Cualquier cosa que coma ahora mismo me haría echar la pota… - susurró al tiempo que David hacía un gesto de negación con la cabeza mientras se dirigían hacia la puerta de la mansión Feller.


- ¡Judith! ¡No como en casa! – gritó – ¡Me voy con David…! - dijo abriendo el portón.

- Tu madre ha salido a hacer un recado… ¿No le vas a dejar alguna nota o algo? – le sugirió.

- Nah, déjalo… - se desinteresó éste y salieron de la imponente mansión.

David añoraba tanto a su madre, que le llegaba a doler el ver siempre cómo Albert menospreciaba a la suya…

*******

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2013/12/capitulo-2.html

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2013/12/capitulo-4.html

sábado, 14 de diciembre de 2013

Capítulo 2

- Vamos a ver... Fiona... ¿Nos vas a contar algo sobre cómo te va el romance? ¿Encajáis? Ya sabes lo cotillas que somos... Tú ya  me entiendes… - preguntó curiosa Rose mientras le daba un leve codazo de complicidad a su amiga.


- ¿Acaso no te has dado cuenta de que lo tengo en el bote desde siempre?... Lo que no encaja entre nosotros es que es algo tímido... ¡Todo lo contrario a mí! – comentó Fiona riéndose y haciendo ademanes de diva.


- Y… ¿Qué haréis con la relación cuando se vaya?... Porque ya sabes que en unas semanas vuelve a TwinBrook... - le recordó Anne.


Fiona se quedó pensativa por unos instantes mientras su estómago se retorcía de la impresión y un calor seguido de frío corría por su cuerpo al oír esas palabras, pero antes de que pudiera decir algo, Rose habló de nuevo...


- Pues hija, yo no sé qué más hacer para que tu hermano se fije en mí. Soy una de las más guapas y tengo el mejor cuerpo de Bridgeport – dijo acicalándose con ondulantes movimientos presuntuosos.


- ¡¿Habéis visto ese rayo?! - la interrumpió Anne.

- Sí – afirmó Fiona – Ha sido aquí al lado, ¿no? - se extrañó alzando la cabeza para echar un vistazo hacia la zona donde parecía haber caído.

- No cambiéis de tema – reanudó Rose – El caso es que... Yo creo que le gusto pero no se atreve... - insistió esperando una respuesta consejera por parte de sus amigas.

- La verdad es que es muy raro que no le atraigas... si cada dos por tres le encandilas con tus prominentes atributos... - dijo Anne con tono chulesco.


- Tú me tienes envidia, chica... - le reprochó – No me extraña, con la cara que tienes... por no hablar de tu mal gusto para vestir... - le dijo cruelmente.
 

- Eso es lo que te crees, que todo el mundo te envidia... La vida no se basa en lo que tú piensas ni da vueltas a tu alrededor. Ya envejecerás y te enfrentarás a la cruda realidad,  niñata consentida... - le inquirió Anne sin cortarse un pelo acercándose a ella con relativa agresividad.

- Pero chicas. Chicas... Por favor, no me arruinéis la noche... ¿Aún no sabéis que el secreto para conquistar a los tíos está en hacerles ver que pasas de ellos? - preguntó retóricamente poniendo voz melosa – Ese es tu gran fallo, Rose. A mi hermanito le molan los retos – le dijo guiñándole un ojo - Por cierto, ¿dónde se han metido estos? Tardan demasiado, ¿no creéis? - preguntó.

- Vete a saber, como va Albert no me extrañaría si me dijeran que se ha caído al río y se está ahogando ahora mismo... - dijo Anne riéndose mientras Rose le hacía un gesto de burla.

Y es que llevaban “orinando” quince minutos aproximadamente y las chicas se estaban impacientando...

En ese momento, se comenzó a oír el murmullo de éstos, que volvían hacia el lugar donde tenían su pequeña fiesta particular.

- ¡Míralos, ahí vuelven! - exclamó Rose dando un pequeño saltito mientras señalaba hacia ellos.


- ¿Qué lleva David en los brazos? - preguntó extrañada Fiona frunciendo el ceño sin retirar la vista de él.


- No tengo la más mínima idea... - respondieron las otras dos casi al unísono.

- ¿Qué llevas ahí, David? - preguntó Fiona dando unos pasos hacia ellos para curiosear intrigada - ¿No será un bicho raro que te has encontrado? - se le ocurrió preguntar.

- Es una chica que hemos encontrado en la rivera – se explicó David casi sin mirarla a la cara y manteniendo el paso, pues buscaba llegar cuanto antes a la carretera y pedir auxilio al primero coche que pasara.

- ¡Oye, déjame verla! ¿Está viva? - preguntó Fiona con gran interés y cierto recelo.

- Sí, está viva pero no sé si aguantará mucho más. Tenemos que buscar rápido ayuda de alguien que la lleve al hospital... – la interrumpió de nuevo mientras corría hacia un coche y le hacía señas para que se detuviese.


Finalmente logró que el conductor parase la marcha y accediera a llevarles al hospital.

- ¡Os veo en el hospital! - Les voceó David antes de meterse en el coche con la chica y desaparecer en la siguiente curva.

Fiona se quedó “planchada”. Una tía, que vete a saber quién era, le había fastidiado la noche...


- Parece muy interesado en esa chica, Albert... ¿Quién es? ¿Alguna conocida vuestra? - preguntó a su hermano atolondrado por el efecto del alcohol.


- Que va... Es una tía en pelotas cubierta por resbaloso barro... - respondió éste – y se la ve que está buena, oye... - añadió, aumentando, sin darse cuenta, el recelo de su hermana hacia la desconocida.

- Desde luego hermano... más gráfico no puedes ser... - refunfuñó.


Tras unos segundos de silencio, Fiona decidió ir hacia el hospital para saber algo más sobre la identidad de la misteriosa chica y rescatar a su novio.

- ¿A dónde vas? - le preguntó Rose.

- ¿Tú qué crees?... ¡Pues al hospital! - le respondió ésta con cierta rabia mientras caminaba aumentando gradualmente la marcha.

- Menudo genio tiene la tía... - susurró Stephan, el tercer chico de la pandilla.


Y todo el grupo se puso en marcha hacia el hospital.

*******

En aquel coche en marcha y a toda velocidad, estuve entre sus brazos.

El aliento de su respiración me impregnaba de tranquilidad, aunque paradójicamente esa respiración era acelerada y nerviosa... Deseé quedarme con él para siempre.


Estuvo hablando con quien parecía conducir el automóvil contándole exaltado lo que había sucedido y cómo me había encontrado, pero al tiempo, sus dedos se enredaban en mi pelo acariciándolo suavemente y eso me reconfortaba.

De repente, el coche frenó en seco y me portó en sus brazos hasta lo que noté que era una camilla o colchón, y allí perdí el contacto físico con él.

Un montón de voces distintas empezaron a echárseme encima, hasta también desaparecer su voz. Me estaban alejando de él y no quería... Casi sentía que no podía vivir sin él.

Empecé a desasosegarme cada vez más, y mi respiración comenzó a perturbarse. Me faltaba el aire y miles de comentarios preocupantes volaban a mí alrededor. Me dolía el pecho como si fuera a explotarme y debieron inyectarme algo, pues noté algo punzante clavándose en mi brazo…

Me ahogaba... Moría...

*******

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2013/12/capitulo-1.html

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2013/12/capitulo-3.html