domingo, 26 de enero de 2014

Capítulo siete!

Hola a tod@s!

Está publicado el capítulo séptimo, el cual comienza con algunas imágenes y textos de carácter sexual explícitos.

Si, por cualquier razón, no te gusta ver este tipo de cosas, ya estás avisado...

Si por el contrario, no te importa, adelante... Espero que el capítulo sea de tu agrado.

Por otro lado, tengo un problema con las fotos que subo, y es que son más oscuras y en el blog aparecen con mayor luminosidad, haciendo efectos indeseables como la camisa negra de Albert en el capítulo anterior, o el color de fondo del Underground... Si alguien sabe cómo hacer para que las fotos subidas a blogger se suban tal cual son, por favor que me explique ;)

Nos vemos!

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Capítulo 7



- Soy tuya... Mi cuerpo te pertenece David... Tómame entera... - susurraba Fiona jadeando mientras acariciaba el pecho de su novio.


Moviéndose audaz sobre él…


Alternando movimientos lentos y profundos con otros más rápidos y continuos…


Gimiendo de placer hasta hacerle llegar al clímax.


Cayó finalmente rendida, sobre él, mezclándose el sudor de ambos cuerpos exhaustos.


Entonces, David encendió un cigarrillo que sacó de una cajetilla de tabaco que guardaba en el cajón de la mesita de noche. Le dio apenas dos caladas y se lo pasó a ella, que le abrazada recostada sobre su pecho con cara de satisfacción.


No solía fumar nunca, pero en ese momento le apeteció hacerlo.

- Te quiero… David… - siseó ella suspirando a la vez.

Él se impresionó al oír esas palabras, sobre todo porque por mucho que quisiera, no podía corresponderle diciéndole lo mismo.

A los pocos minutos de apagar el pitillo, Fiona se quedó dormida y el silencio de la madrugada le abrumó.

No podía conciliar el sueño rememorando todo lo acontecido ese día, y la imagen de la chica le venía una y otra vez a la mente...


“No debo ni planteármelo…” se reprimió cerrando los ojos para intentar dormir un poco antes de que saliera el sol.

*******

No tenía conciencia acerca del tiempo que llevaba en el hospital, pero calculaba que podían haber pasado tres o cuatro días.

Me tiraba el tiempo entero durmiendo, y cuando no, dándole vueltas a lo que podía haberme sucedido para verme así.

Continuaba sin recordar nada, y no recibí más visitas de David… Tan solo de mi neurólogo, que venía a verme a ratos, además del resto de médicos especialistas que me controlaban cada día, pero que no se parecían en nada a Leonardo.

Él se preocupaba mucho por mí y me hacía compañía, además de mandarme regulares analíticas, supongo que para controlar mi evolución.

Gracias a él, mi proceso de recuperación se hizo más llevadero. En cada una de sus visitas, lograba arrancar de mi boca una sonrisa y pronto lo consideré un buen amigo en quien poder confiar.

Empecé a articular palabra, pues la irritación de mi garganta fue disminuyendo hasta que desapareció por completo, y poco a poco mi mejoría general era notable, aunque lo que más me preocupaba era la visión...

Comencé a sospechar que estaba ciega, pues cada vez que venían a curarme los ojos veía todo muy oscuro. Pero al tiempo me pareció muy extraño que Leonardo no me hubiese comentado nada al respecto…

Estaba levemente adormecida cuando me despertó…

- ¡Buenos días! – exclamó Leonardo entrando como todas las mañanas en la habitación – Hoy tengo una buena noticia para ti… - dijo animándome.


- ¿De qué se trata? – le pregunté aún somnolienta mientras me volvía hacia donde él estaba.


En ese momento, noté cómo una de sus manos se metía entre mi pelo y la almohada y me levantaba ligeramente para ponerme en una posición más incorporada.


Después sujetó suavemente mi cabeza para aflojarme el vendaje que cubría mis ojos.

- ¿Te sientes mareada al incorporarte? – me preguntó.

 Negué moviendo ligeramente la cabeza.

- Bien. Antes de quitártelo, te voy a ser sincero… - me advirtió – Puede que ahora mismo sufras ceguera o que tengas algunas secuelas en los ojos, pero te aseguro que tu vista va a volver… - se explicó claro y directo, como solía hacer siempre.


Me entraron unos nervios descomunales, la inseguridad se apoderó de mí pero rápidamente supe contenerla.

Tenía que enfrentarme a lo que me había tocado vivir, aunque no supiera por qué me habían ocurrido tales desgracias, y debía estar preparada para afrontar lo que fuese.

Retiró la venda de mi cara y me dio miedo abrir los ojos y mirar alrededor.


- Ya puedes abrir los ojos. Hazlo lentamente... – me dijo.

Poco a poco fui abriéndolos deseando poder ver. Odiaba el oscuro mundo en el que estaba y quería salir de él cuanto antes.

- ¿Y? ¿Qué tal? – preguntó.

Me quedé callada, aún comprobando que, aunque de modo borroso, podía apreciar formas, aunque lo veía todo como grandes bultos.

Entonces giré mi rostro hacia él, pero no conseguía verle con nitidez.


- Veo todo confuso e identifico las cosas como bultos más bien oscuros… - le expliqué.

- Estupendo. Es buena señal. Tu ceguera ha sido transitoria – comentó alegre.

- ¿Transitoria? Si no veo bien… - intenté explicarle de nuevo, pues a lo mejor no me había entendido bien…

- No ves bien, pero verás... Te voy a contar algo... Tu estado de salud cambia notablemente cada día, a mejor… No nos explicamos cómo has sobrevivido, pues según los exámenes que te realizamos al llegar al hospital, tu estado era bastante crítico. Solo con apenas unos rasguños por fuera, pero en tu interior parecía haber pasado una trituradora, y tus ojos debieron haber sufrido un deslumbramiento muy fuerte que evidentemente te ha producido ceguera temporal – me aclaró.

Quedé por unos segundos en silencio, pues no tenía la menor idea de qué podía haberme causado lo descrito por él.

- Ponte contenta, tienes motivos para estarlo – me dijo felizmente.

Para él sería estupendo, pero yo me sentía bastante frustrada, y él debió percatarse, pues rápidamente me consoló frotando mi hombro…

- Todo va a salir bien, ya te lo he dicho… - dijo intentando mitigar mi preocupación – Ahora tengo que irme. Me esperan más pacientes… - se despidió mientras volvía a tumbarme en la cama con delicadeza.

- ¿Y la buena noticia? - le interrogué insatisfecha, pues, que estaba medio ciega no podía serlo... ¿O sí?...

- ¡Ay! ¡Qué cabeza la mía! Casi se me olvida... En un rato te van a sacar de la UCI para llevarte a tu habitación... La he preparado personalmente para ti... - me dijo, denotando una sonrisa que no podía ver pero sí percibir cuando hablaba.

- Leonardo… - me dirigí a él nuevamente – Muchas gracias por todo… Prácticamente te debo mi vida… - le agradecí.


- No me debes nada. Te estimo un montón… - me dijo acariciándome el rostro delicadamente.

Me dieron ganas de pedirle un abrazo, pero aprecié cómo salía de la habitación.

Entonces recordé a David... Ese chico se entrometía en cada segundo de mi vida y no tenía manera de sacarlo de mi mente.

Me apetecía tanto poder verle y agradecerle a él también lo que había hecho por mí… Sin embargo, todo apuntaba a que no volvería a saber de él...

*******

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sábado, 18 de enero de 2014

Nuevo capi!

Muy buenas!!

Lo prometido es deuda, y por ello, en cuanto he acabado con los exámenes vuelvo a la carga con un nuevo capítulo, el sexto, que en este caso creo que es bien larguito.

Agradecimientos a Alidaen por la pose de David y Fiona cuando van a entrar a Underground, correspondiente al pack "Pastel".

Como siempre, espero que lo disfrutéis y por supuesto que os quedéis con ganas de más! ^^

Pues eso, besaz<3s para tod@s!

Ir al capítulo de este comentario

Capítulo 6


- Han llegado aquí hace rato… – dijo Rose tocando el capó del Ferrari de Albert mientras Fiona miraba a su alrededor intentando encontrarles. 


- Con la de gente que hay no sé si los encontraremos… - comentó Fiona poniendo gesto contrariado.

- Ahí están ¡Míralos! – exclamó Rose agarrando a su amiga por la cintura para dirigirla a la dirección desde donde se les veía venir.


Fiona corrió hacia David y se abrazó a él. Éste quedó algo apocado al principio, sin corresponderla del todo, pero finalmente le devolvió el abrazo.


- Perdóname, los celos me jugaron una mala pasada… - se disculpó ella acariciándole el cabello.

Él le respondió con una leve sonrisa a la vez que evitaba mirarla directamente a los ojos… Aún estaba confuso por lo que había sentido en la habitación de la desconocida.

- N… No te preocupes, Fio… No ha pasado nada… Ahora vamos a disfrutar de mis últimos días en Bridgeport – dijo aparentando ánimo – ¡Tenías razón…! - ultimó dándole un beso.

- ¡Estupendo! – se alegró ella – Voy a casa a arreglarme y nos vemos en un rato – propuso.

- ¡Buah! Yo me apunto. Albert, ¿vienes verdad? – preguntó Rose con cara de ilusión.


- ¿Q-Qué? ... Ahhh, sí… Sí voy… – contestó saliendo de su atolondramiento.

Llevaba todo el rato dándole vueltas a la reacción que tanto su amigo como la chica habían tenido.

  Y, aunque esa forma de actuar no era propia de Albert, pues nunca se había dado anteriormente que una chica a la que él había echado el ojo se la llevase David, no podía evitar sentirse decepcionado. Su dinero lo podía todo… O eso le habían enseñado...

- Por cierto, ¿habéis sabido algo más sobre la “aparecida”? – preguntó Fiona a su hermano.

- No… Que va. No nos han dejado entrar a la UCI… - mintió lanzando una mirada cómplice a David. 

- Id a arreglaros. Yo iré a casa a darme una ducha y descansar un poco. ¿Os parece bien sobre las 9 de la noche? – preguntó David mientras las chicas afirmaban con la cabeza dando su visto bueno, cuando de repente cambió el tiempo, que empezó a nublarse.

- Amenaza lluvia... - comentó Fiona mirando al cielo - Pero no importa, hoy nada nos fastidiará la noche - terminó sonriendo a su novio.

- Bueno, dadme un toque al móvil cuando vengáis a recogerme… - comentó David con evidente desgana… – Y prefiero ir dando un paseo... – terminó mientras emprendía la marcha hacia su casa.


*******

Me inundó una sensación de impotencia a la que empezaba a acostumbrarme en tan solo unas horas de las que tenía conciencia de que existía.

Mi deseo al sentirle cogiendo mi mano fue el de levantarme y volver a estar en sus brazos, volver a aquel coche a toda velocidad donde sus manos me refugiaban…Pero ni hablarle, ni verle, ni nada pude hacer, y volvió a desaparecer de mi “corta existencia” en un suspiro…

De repente, mientras intentaba hacer lo posible para reclamar su atención y que no se marchase, unas imágenes atropellaron mi mente…


Todos los vellos de mi cuerpo se erizaron mientras podía sentir cómo  la respiración cálida de mi amante recorría mi cuello… Aquellos labios se me acercaban regalándome intensos besos que me hacían sentir verdadera excitación… Mi cuerpo estaba en aquella cama de hospital, pero mi conciencia parecía haberse transportado a tal situación.


En ese momento, de igual modo que había venido, desapareció, dejando tras de sí un fuerte dolor en mis sienes.

¿Qué querían decir esos pensamientos? ¿Acaso eran recuerdos de una situación real o simplemente anhelos?

Estaba perdida en este oscuro mundo pero tenía claro que la presencia de ese chico me impactaba sobremanera.

Intenté entonces contener mis lágrimas, pues los ojos me escocían al esbozar éstas por ellos, pero no pude.

Estaba claro que por alguna razón establecí un fuerte vínculo afectivo hacia él y casi se me hacía indispensable tenerlo a mi lado sin tan siquiera saber quién era ni por qué me sentía tan atada a él...

*******

Llegó por fin a su casa en Bridgeport, la antigua residencia de su madre, tras un buen rato andando y mojándose con el agua de la lluvia.

Era una casita algo retirada del suburbio de la ciudad, bastante vieja pero que aún conservaba todo tal cual ella lo había dejado, y eso le hacía sentirse como cuando era pequeño y la tenía aún a su lado…


Al entrar, se dirigió rápidamente hacia la planta de arriba y empezó a llenar la bañera. Se quitó la ropa empapada, y se sumergió en la poca agua caliente que ya se había llenado, pues estaba calado hasta los huesos.

Necesitaba pensar en lo sucedido...


Esa chica finalmente parecía infundirle mucho más que simple lástima o compasión… Y aunque no había querido confirmárselo a sí mismo, en lo más profundo tuvo que aceptar que sentía una atracción especial hacia ella. Un fuerte sentimiento de protección que le impulsaba continuamente a querer cuidarla.

El caso era que tenía que irse en una semana y que su mejor amigo estaba empeñado en conquistarla… Por no decir que acabaría hiriendo a Fiona, lo cual ella no se merecía bajo ningún concepto…

Tras darle varias vueltas intentando relajarse en la bañera, llegó a la conclusión de que su vida no podía verse trastocada de ninguna forma.

Este tema debía pasar inadvertido, así que optó por no saber nada más de la desconocida en adelante.

"Olvídate de ella, David… Olvídate…" se dijo sumergiéndose en el agua tibia de la bañera.


*******

Fiona, Albert y Rose fueron a la mansión Feller.

Ella tenía que celebrar su triunfo y para eso quería ponerse lo más guapa posible…

Mientras las chicas entraron en la habitación de su hermana, él se quedó en el salón pensativo. Acto seguido, se dirigió a servirse una copa de whisky del mueble bar.


- ¿Has visto como no era para tanto? - comentó Rose sentada en la cama mientras Fiona se arreglaba y vestía.


- Sí - respondió ésta mientras se giraba para dedicarle una mirada a su amiga mostrando gesto de satisfacción.


- Yo creo que hoy tu hermano cae... - añadió Rose haciéndole señas a Fiona para que le pasase el pintalabios rojo.

- Puede ser... - dijo Fiona sonriendo - ¿Llamamos a Anne? Después de todo Stephan se sentirá solo, ¿no? – bromeó ya lista para salir por la puerta.


- Es un poco aguafiestas... pero bueno, si quieres llámala... - contestó Rose con expresión indiferente.

*******

El claxon del coche de Albert sonó intermitentemente y con bastante insistencia, denotando cierta irritabilidad. Lo conocía muy bien, y sabía que su amigo estaba molesto con él.

Ultimó poniéndose las botas y se miró levemente en el espejo de la entradita. El baño le había sentado estupendamente para afrontar con ánimo la noche que le esperaba.


Aunque la lluvía amainó y hacía una estupenda noche de verano, decidió ponerse una camisa por encima y pantalones largos. Tenía mal cuerpo y sentía como si fuese a caer resfriado.

Abrió la puerta de su casa y se encontró de bruces con Fiona, que parecía estar impaciente. No se podía negar que era preciosa, cosa que a veces hacía a David olvidar su personalidad infantil.

- ¿Estás bien? – le preguntó ella dándole una calada a un pitillo que sostenía entre sus dedos de la mano derecha.


- Pues claro… - ladeó una sonrisa - ¿Por qué no iba a estarlo? – le preguntó retóricamente evadiendo el interés de la chica que, evidentemente, lo notaba algo raro y distante.

A medida que se acercaban al Ferrari, Rose se pasó al asiento de delante para dejarles el hueco de atrás libre a la parejita, y de paso podía estar junto a su "presa".


Se metieron en el coche y David saludó a Albert sin obtener respuesta de vuelta por parte de él. Seguía enfadado…

No se había cambiado de ropa y su cara, a la vez que sus ademanes y el olor que desprendía, advertían que ya había estado bebiendo.

- ¿No habéis avisado a Stephan chicos? - preguntó Rose.

Ambos negaron al tiempo...

- Pues menos mal, porque Anne se encuentra mal y no viene tampoco - respondió ésta.

- Vayamos a Giordano´s. ¡Me muero de hambre! – propuso Fiona, a la vez que Rose le daba la razón.

Así, disfrutaron de una deliciosa pizza mientras contaban chistes y reían. Pero Albert prosiguió bebiendo a destajo y comenzó a ponerse algo antipático, con David particularmente, al que no paraba de lanzar pullitas. 


Era evidente que seguía picado con él, pero las chicas no parecían darse cuenta. 

Para evitar enfrentamiento estúpidos, David optó por ignorar sistemáticamente los comentarios irónicos de su amigo, y parecía funcionar.

- Vayamos ahora a tomar unas copas al Underground – propuso Fiona saliendo de la pizzería.

David no tenía ninguna gana de ir en las condiciones que iba Albert... Le cortaba el rollo y no estaba a gusto, pero prefirió no poner excusas y complacer a su novia en compensación por el berrinche del mediodía.

Underground se encontraba a dos manzanas de la pizzería, y no solía haber aparcamientos libres, así que decidieron ir dando un paseo en el que Rose se empleó para ir engatusando al pelirrojo.


La situación entre Albert y David era tensa, pero al entrar en el local pareció haber desaparecido.

Se sentaron en una mesa para tomar unas cervezas mientras veían actuar a un grupo musical que tenía bastante ritmo y estaba últimamente de moda.

Rose se sentó junto a Albert y empezó a rozarle con la pierna mientras él vaciaba las reservas de cerveza del local… Lo estaba poniendo a tono… Esta noche tenía que caer sí o sí, estaba convencida…

- Rose… te gusta ponerme cachondo ehh… mi pequeña zorrilla – le susurró empezando a enredar sus manos a ella bastante embriagado.


- ¡Albert! – exclamó Fiona – Para ya de beber que empiezas a decir barbaridades… - le reprochó.

- ¡Déjalo, a mí me encanta…! – susurró Rose excitada mientras se montaba sobre él sin ningún reparo.


Empezaron a darse el lote y a David no le agradó estar tan cerca del centro de atención de medio pub…

Se retiró hacia un lado levemente y se puso a mirar hacia el escenario. 

Pasados unos minutos decidió dirigirse a su amigo directamente...

- Albert, os llevo a tu casa y allí acabáis si queréis... – le propuso. Pero éste no le prestó atención y seguía empeñado en encontrar algo bajo la falda de Rose.

- ¡Déjalos y vayamos a la pista de baile! – sugirió Fiona arrastrando a su novio del brazo, el cuál acabó accediendo. Al parecer, le esperaba una noche movidita...


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sábado, 4 de enero de 2014

Capítulo 5 - Parte II

Subieron a la cuarta planta y justo vieron al final del pasillo de la izquierda la puerta de la UCI.


- Vamos, parece que no hay nadie vigilando – susurró Albert acercándose con prisa a mirar por la ventanilla de cristal de la puerta.

- ¿No crees que te estás pasando? Es mejor pedir permiso y ver si nos pueden dar alguna información más… - propuso David.

- ¿Tú eres tonto? Déjame a mí que sé lo que hago… - comentó Albert algo alterado al tiempo que abría la puerta metálica.


Ambos entraron sigilosamente y, por suerte para ellos, no había nadie a la vista, al menos por el momento.

Se pusieron a mirar por la cristalera de cada una de las puertas de la UCI para saber en cuál estaba ella, hasta que finalmente la encontraron, pero se percataron de que había dentro un médico también.

- Es él… Maldito italiano... Al final ha conseguido acabar la carrera y encima con plaza en este hospital… - refunfuñó Albert en voz baja.


- ¿Es el mismo que te dio la paliza en la Universidad hace cuatro años cuando le tiraste los tejos a su novia borracho como una cuba en la fiesta de la toga? – preguntó David.

- Sí… Digo… ¡No!... No me dio ninguna paliza… tuvimos una discusión… Eso es todo… - replicó Albert dolido claramente en su ego.

- Claro… - afirmó David incrédulo – Pues vaya casualidades tiene la vida ¿ehh? – continuó irónicamente.

- Mira, le está acariciando la mano, tío… - dijo Albert exaltado.

- Al final te la quita… - bromeó David, a lo que su amigo le miró frunciendo el ceño pero sin decir ni media.

- ¡Ehh! ¿Dónde he dejado las flores? – preguntó Albert, cayendo en ese mismo momento en que se las había olvidado en el coche - ¡Maldita sea! – se reprendió a sí mismo.

- Estás hecho todo un Don Juan… - rió David con gesto de paciencia.

En ese instante, se percataron de que el doctor se disponía a salir de la habitación.


Leonardo abrió la puerta y salió de la sala. Miró hacia el lado donde los chicos estaban sin prestar demasiada atención.


Por suerte para ellos, consiguieron esconderse de éste, justo a tiempo, detrás de una máquina de refrescos próxima, y no los vio.


David se asomó con cuidado para cerciorarse de que se había ido y confirmó a su amigo con un gesto afirmativo. Entraron a la habitación de la "desconocida" y se acercaron a la cama de la chica.

Parecía relajada y tenía mucho mejor aspecto. Una venda ancha le pasaba alrededor de la cabeza recubriendo además sus ojos. Tenía las heridas del rostro visibles pero con mejor aspecto que cuando la encontraron.

Albert se acercó primero y le cogió de la mano.

*******

Reaccioné con un sobresalto, pues no me esperaba que hubiese todavía alguien en la habitación…

En un principio, pensé que era de nuevo el neurólogo, que probablemente había olvidado algo, pero deseché esa idea en cuanto fui consciente de la diferencia que existía entre su mano, acariciándome levemente escasos minutos antes, y la que ahora me la sostenía. Éstas eran algo ásperas y bastante frías. Además, la forma de tomar mi mano me resultó algo brusca y directa.

Empecé a ponerme nerviosa, y pensé que quien fuese no tendría muy buenas intenciones, pues debía haber entrado tan sigilosamente, que ni siquiera había sentido su presencia a mi lado hasta que me tocó.

- Shhh, tranquila… Soy Albert, quien te salvó anoche… ¿Recuerdas? - dijo casi susurrante una voz masculina a la que efectivamente pude reconocer como la de Albert.

Al oír esas palabras, no pude evitar encogerme con clara negativa y apartar mi mano de él bruscamente, encogiendo mis brazos sobre el pecho e intentando evitar que volviese a tener contacto conmigo.


- Será mejor que la dejemos tranquila, Albert... ¿Acaso no ves que no está en condiciones de que la molestemos? Podría empeorar... - dijo... ¿David? Sin duda era él.

Me llenó de alegría escucharle, aunque seguramente él no se percató...

*******

Al escuchar las palabras de David, la muchacha reaccionó de distinta forma…

Extendió ligeramente el brazo hacia donde había oído la voz de él e intentó decir algo, balbuceante.

Ambos se miraron y David, al fin, se atrevió a cogerle la mano ante la atónita mirada de su amigo. 


La tersura de su piel era tal que le abrumó y repentinamente le sobrevino un calor que hizo enrojecer sus mejillas.

- ¡¿Qué te pasa?! – le interrogó Albert con tono censurante mientras lo miraba extrañado.


- N… Nada… - titubeó y automáticamente desenlazó su mano de la de ella.

- Anda... Vámonos que al final nos pillan y se nos cae el pelo… sobre todo a mí que estoy acabando la carrera… Como se entere mi padre de esto no soy médico en la vida… - dijo echándole una mirada recriminadora.


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