sábado, 4 de enero de 2014

Capítulo 5 - Parte II

Subieron a la cuarta planta y justo vieron al final del pasillo de la izquierda la puerta de la UCI.


- Vamos, parece que no hay nadie vigilando – susurró Albert acercándose con prisa a mirar por la ventanilla de cristal de la puerta.

- ¿No crees que te estás pasando? Es mejor pedir permiso y ver si nos pueden dar alguna información más… - propuso David.

- ¿Tú eres tonto? Déjame a mí que sé lo que hago… - comentó Albert algo alterado al tiempo que abría la puerta metálica.


Ambos entraron sigilosamente y, por suerte para ellos, no había nadie a la vista, al menos por el momento.

Se pusieron a mirar por la cristalera de cada una de las puertas de la UCI para saber en cuál estaba ella, hasta que finalmente la encontraron, pero se percataron de que había dentro un médico también.

- Es él… Maldito italiano... Al final ha conseguido acabar la carrera y encima con plaza en este hospital… - refunfuñó Albert en voz baja.


- ¿Es el mismo que te dio la paliza en la Universidad hace cuatro años cuando le tiraste los tejos a su novia borracho como una cuba en la fiesta de la toga? – preguntó David.

- Sí… Digo… ¡No!... No me dio ninguna paliza… tuvimos una discusión… Eso es todo… - replicó Albert dolido claramente en su ego.

- Claro… - afirmó David incrédulo – Pues vaya casualidades tiene la vida ¿ehh? – continuó irónicamente.

- Mira, le está acariciando la mano, tío… - dijo Albert exaltado.

- Al final te la quita… - bromeó David, a lo que su amigo le miró frunciendo el ceño pero sin decir ni media.

- ¡Ehh! ¿Dónde he dejado las flores? – preguntó Albert, cayendo en ese mismo momento en que se las había olvidado en el coche - ¡Maldita sea! – se reprendió a sí mismo.

- Estás hecho todo un Don Juan… - rió David con gesto de paciencia.

En ese instante, se percataron de que el doctor se disponía a salir de la habitación.


Leonardo abrió la puerta y salió de la sala. Miró hacia el lado donde los chicos estaban sin prestar demasiada atención.


Por suerte para ellos, consiguieron esconderse de éste, justo a tiempo, detrás de una máquina de refrescos próxima, y no los vio.


David se asomó con cuidado para cerciorarse de que se había ido y confirmó a su amigo con un gesto afirmativo. Entraron a la habitación de la "desconocida" y se acercaron a la cama de la chica.

Parecía relajada y tenía mucho mejor aspecto. Una venda ancha le pasaba alrededor de la cabeza recubriendo además sus ojos. Tenía las heridas del rostro visibles pero con mejor aspecto que cuando la encontraron.

Albert se acercó primero y le cogió de la mano.

*******

Reaccioné con un sobresalto, pues no me esperaba que hubiese todavía alguien en la habitación…

En un principio, pensé que era de nuevo el neurólogo, que probablemente había olvidado algo, pero deseché esa idea en cuanto fui consciente de la diferencia que existía entre su mano, acariciándome levemente escasos minutos antes, y la que ahora me la sostenía. Éstas eran algo ásperas y bastante frías. Además, la forma de tomar mi mano me resultó algo brusca y directa.

Empecé a ponerme nerviosa, y pensé que quien fuese no tendría muy buenas intenciones, pues debía haber entrado tan sigilosamente, que ni siquiera había sentido su presencia a mi lado hasta que me tocó.

- Shhh, tranquila… Soy Albert, quien te salvó anoche… ¿Recuerdas? - dijo casi susurrante una voz masculina a la que efectivamente pude reconocer como la de Albert.

Al oír esas palabras, no pude evitar encogerme con clara negativa y apartar mi mano de él bruscamente, encogiendo mis brazos sobre el pecho e intentando evitar que volviese a tener contacto conmigo.


- Será mejor que la dejemos tranquila, Albert... ¿Acaso no ves que no está en condiciones de que la molestemos? Podría empeorar... - dijo... ¿David? Sin duda era él.

Me llenó de alegría escucharle, aunque seguramente él no se percató...

*******

Al escuchar las palabras de David, la muchacha reaccionó de distinta forma…

Extendió ligeramente el brazo hacia donde había oído la voz de él e intentó decir algo, balbuceante.

Ambos se miraron y David, al fin, se atrevió a cogerle la mano ante la atónita mirada de su amigo. 


La tersura de su piel era tal que le abrumó y repentinamente le sobrevino un calor que hizo enrojecer sus mejillas.

- ¡¿Qué te pasa?! – le interrogó Albert con tono censurante mientras lo miraba extrañado.


- N… Nada… - titubeó y automáticamente desenlazó su mano de la de ella.

- Anda... Vámonos que al final nos pillan y se nos cae el pelo… sobre todo a mí que estoy acabando la carrera… Como se entere mi padre de esto no soy médico en la vida… - dijo echándole una mirada recriminadora.


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2 comentarios:

  1. Vaya, vaya, un capítulo lleno de rivalidades. Parece que todos están interesados en la chica, a saber cómo acabará esto, jeje...

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    1. Bueno, bueno... Quizá no todos estén interesados de la misma forma, pero en definitiva sí, todo apunta por ahora a que los tres chicos que han intervenido por ahora, menos Stephan, muestran cierto apego hacia la chica.
      Ya iréis descubriendo más adelante qué quiere cada uno exactamente!
      Saludos!!

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