sábado, 8 de febrero de 2014

Capítulo 8

Los días se habían sucedido tan lentamente que no sabía calcular cuántos había pasado ya en el hospital. 

Desde luego, mi sensación era la de llevar toda la eternidad, pues no recordaba nada de mi vida aún, tan solo seguían asaltándome los mismos sueños, incluso estando despierta.


Y cada vez que uno de ellos me sorprendía, me quedaba trastocada y desorientada, tardando bastante rato en asimilarlo y reponerme de él.


Por otro lado, mi visión parecía ir mejorando gradualmente y ya podía distinguir mejor las formas de los objetos y los cambios en la intensidad lumínica, aunque aún no poseía la nitidez necesaria para poder manejarme por mí misma en la mayoría de circunstancias.

Leo seguía preocupándose mucho por mi estado de salud.

Y aunque yo ya me encontraba prácticamente como nueva, él continuaba mandándome periódicas analíticas de sangre que parecían ser simples protocolos mientras siguiese en el hospital.

También, me había sacado de la cama varias veces para que anduviese por los pasillos y recuperase cuanto antes cierta normalidad e independencia.


Dábamos relajantes paseos por el jardín del hospital y me gustaba notar en mi rostro los cálidos rayos del sol de la tarde.


Agradecía inmensamente al destino el que me lo hubiese puesto en mi camino.

Mientras, su personalidad me iba conquistando poco a poco.

En definitiva, ese hombre era maravilloso.

Pero, aunque su compañía llenaba mi vida, no lograba olvidarme de David… Lo que sentía por él era más profundo, podría decir que casi innato, pues en mi situación, era prácticamente como si acabase de nacer…

Aquel día, como todos los demás, vino Leonardo, pero algo más temprano de lo habitual. Pude darme cuenta de este detalle por la iluminación de la habitación, la cual era casi nula, por lo que supuse que todavía era de noche.

- Ha llegado la hora de levantarse… - dijo en voz baja entrando en mi habitación mientras se acercaba a mi cama – Acabo de llegar y he visto una cosa que no quiero que te pierdas… - me adelantó.


La verdad era que yo llevaba un rato despierta, así que me vino como anillo al dedo. Todas sus iniciativas eran inesperadas y agradables.

Me puso por encima una bata que él mismo me había regalado, como otras tantas cosas que me iba trayendo cada día, y me guió hasta llegar al jardín donde solía pasar las últimas tardes con él.

Me senté en uno de los bancos y él se retiró a unos metros de mí.


Afiné el oído para curiosear qué andaba haciendo y pude escuchar lo que parecían ser lloros agudos que no supe identificar en un principio.


En ese momento, aprecié que Leo se acercaba de nuevo a mí, y el quejido también se hacía más cercano.


Se sentó a mi lado y me cogió una mano al tiempo que acomodaba en ella algo suave que se movía. Era pequeñito y peludo...


 Lo acerqué a mi nariz para olerlo y en ese momento se cruzó por mi mente una sucesión de imágenes…

Todos estaban tan afligidos...


- “No os preocupéis, ahora Liza estará muy bien, corriendo y jugando con las nubes del cielo…” - les dijo ella.


Él estaba cabizbajo, mirando hacia la perrita, y la arruga que se le formaba en la frente denotaba tristeza a la vez que gran impotencia.


La perrita había muerto tras el parto.


...

- ¿Sabes lo que es? – me preguntó denotando cierta curiosidad.


- Es… Un cachorro… – dije vacilante mientras mi pecho ahogaba las ganas de llorar que me habían sorprendido afectada por aquel triste recuerdo.

Después de todo, era mejor no recordar nada, sobre todo si eran cosas desagradables…

- ¡Has recordado algo! – afirmó como si me hubiese leído el pensamiento. Supongo que mi cara era para él el espejo de mi mente…

- S… Sí – respondí alicaída.

- Ehhh… Los recuerdos irán fluyendo, y debes estar preparada para ello – me susurró - Ten en cuenta que no sabes quién eres… Nadie aún ha denunciado tu desaparición. Si lo que vas recordando fuese por casualidad algo negativo, debes tener fuerza para afrontarlo… Yo te apoyaré… - me intentó consolar dándome un abrazo que me reconfortó bastante…


- Me asaltan frecuentemente, sobretodo en sueños… ¿Son recuerdos? – pregunté intentando averiguar lo que verdaderamente eran.

- Seguramente sí lo sean, otros simplemente serán sueños, que como tales, pueden ser recuerdos reales transformados o totalmente alejados de la realidad… Lo que seguro que sí son recuerdos son los que te asaltan estando despierta – me explicó.

Entonces, volví a disfrutar del tacto suave de aquel cachorrito lloricón que tenía en mi regazo, dándome golpecitos con su naricita fría…

Pasados unos segundos, se retiró de mí cogiendo al perrito y llevándolo a su sitio.

- Subamos a la habitación – dijo mientras me cogía de la mano para volver a guiarme hasta la entrada – Prepárate porque hoy vamos a empezar a darle... digamos que algo de movimiento a tu vida… Te voy a invitar a almorzar… - me adelantó - Fuera del hospital... - añadió.


En ese momento pensé que quizás se estaba involucrando demasiado en mi recuperación y me temía que aquello  también le afectase a él después, cuando yo recuperase mi vida normal, si es que la tenía…

Estábamos construyendo una situación irreal dentro de un contexto real, y eso podría salirnos caro a alguno de los dos, o a ambos… ¿O sólo yo pensaba así? Estaba verdaderamente desorientada en este sentido.

No volvimos a decirnos nada desde el jardín del hospital hasta que llegamos a mi habitación.

Deseaba preguntarle sobre nuestra situación, pero no sabía cómo expresarle mis dudosos pensamientos.

- Leonardo… ¿Te preocupas tanto por mí… porque forma parte de tu profesión, o…? - en ese momento dudé de lo que iba a decir… – ¿O se está convirtiendo en algo más personal?... – acabé finalmente de decirlo mirando hacia el suelo.


Él quedó callado por unos segundos…

- Todo lo que hago forma parte de mi profesión, pero siendo sincero, tu caso me ha sorprendido más que el resto de los que he conocido… - contestó – Y deseo que te recuperes lo antes posible para sentirme realizado tanto profesional como personalmente… - terminó tan perfecto como siempre...


Aquella respuesta me había dejado prácticamente igual. No me aclaraba con ella. Entonces él echó a reír…

- No pongas esa cara, mujer… - dijo entre carcajadas mientras yo me esforzaba para intentar definir su rostro, pero me era totalmente imposible.


– Bueno, ya sabes lo que te he dicho… Vendré cerca del mediodía para ir a almorzar juntos – se despidió.

********

Había pasado una semana intentando darle a Fiona la atención que se merecía.

En cuanto a la misteriosa chica, si bien, no volvió a verla, no le faltaron ganas y a punto estuvo en varias ocasiones de caer en la tentación.

El caso es que debía marcharse a Twinbrook para proseguir con sus estudios después de un intenso verano en Bridgeport. Su importante proyecto le esperaba de nuevo…

Además, sentía unas ganas inmensas de volver a abrazar a su tía Susan, la cuál había sido una segunda madre para él.

Ella le cuidó y educó desde muy pequeño, incluso antes de que Melissa, su madre, falleciese, pues ésta, ya afectada por el cáncer, se encontraba débil y no podía ocuparse de su hijo adecuadamente.

Aún recordaba la sensación que le embargaba cuando la escuchaba contarle cuentos en el sillón balancín del porche.


Superar la pérdida de su madre fue algo muy difícil para David, como para cualquier niño de 8 años, pero Susan estuvo continuamente a su lado, hablándole de lo orgullosa que estaría de él, viéndole desde el cielo…

Siempre tenía palabras tranquilizadoras que lograban consolarle en los peores momentos de ofuscación y rebeldía.


Le calmaba en sus noches en vela, después de violentas pesadillas...


Y cuando terminó el instituto le entregó todos sus ahorros para que estudiase lo que realmente le gustaba, y tantas otras cosas que su memoria no daba a basto.

En definitiva, a ella le debía en lo que se había convertido.

Así, se despidió un año más de la casita en donde había pasado parte de su infancia y en la que había experimentado momentos buenísimos y otros no tan agradables, como las últimas fases del cáncer de su madre y su fallecimiento…


Apretó fuertemente sus ojos con lágrimas desbordándose de ellos y se dio media vuelta para bajar por las escaleras limpiándose las lágrimas.


Cerró la puerta con el ánimo apagado y allí estaba Fiona, siempre impaciente…

- Ohhh, si ya estás aquí, cariño… - dijo plasmándole un beso en la comisura de los labios.


Entonces alzó la mirada hacia la calzada y pudo ver a Albert, que estaba en el coche esperándoles, lo que le pareció raro, pues en los últimos días su amigo había estado bastante distante.

- David… Yo... - dijo Albert algo titubeante en el momento en que éste se metía en su Ferrari – Quiero disculparme por estos últimos días en los que he estado tan tenso contigo… Pero debes saber que te quiero un montón, amigo… - se disculpó mientras le profesaba un fuerte abrazo.

- No pasa nada… Yo también te aprecio – respondió David retirándose ya de él.

 Albert arrancó entonces el motor del coche y se dirigió hacia la terminal del metro, que quedaba en la otra punta de la ciudad.

- Seguro que la que más echa de menos a David soy yo… - sollozó Fiona de repente en el asiento de atrás con los ojos enrojecidos. 


La muchacha había estado intentando reprimir sus lágrimas hasta ese momento, pero las palabras de su hermano hacía escasos minutos le hicieron sensibilizarse y no pudo contenerse más.

- Ya vendré a haceros una visitilla en Navidades, o incluso algún fin de semana… No os preocupéis… - comentó David con los ojos húmedos.


En ese preciso instante pasaban cerca del hospital donde “ella” estaba. Entonces David sintió cómo su pecho palpitaba velozmente. Parecía querer salírsele del pecho…


Intentó tranquilizarse… Quitarse el recuerdo de la tersura de su piel...

Pero la fuerza que sentía empujándole a buscarla era extrema y la impotencia de ver cómo se iría sin saber nada más de ella le hacía daño en lo más profundo.

Se alejaron varias manzanas y ya no pudo aguantarlo más.

- ¡Detén el coche! – exclamó angustiado.

- ¡¿Qué ocurre?! – preguntó Albert dando un fuerte frenazo.

David salió corriendo dirección al hospital… no se marcharía de la ciudad sin saber algo más de ella…


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4 comentarios:

  1. ¡Al final no ha podido reprimirse más! Vaya palo se va a llevar Fiona cuando sepa a qué vienen esas prisas jijiji Tengo muchas ganas de ver la cara qué pondrá al verla con Leo, si los ve juntos. Por otra parte Leo me gusta cada día más, es tan atento y amable con ella...^^ (aunque lo de los continuos análisis de sangre me ha espinado un poco). Sigo pensando que tiene mucho que ver con el pasado de ella o esos recuerdos que la asaltan de vez en cuando donde sale lo que parece una familia italiana.

    En fin guapa, me alegro muchísimo de seguir viéndote por aquí, eso significa que no has perdido nada realmente importante.¡Menos mal! ¡Un beso!

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    1. Hola Ali!

      Me alegra a mi también no haber perdido al final nada importante, lo único que ocurre es que como no he actualizado a la versión 1.67 pues no puedo utilizar el Awesome Mod, pero bueno, voy tirando.

      En cuanto a lo que dices, desde luego tienes una gran capacidad analítica... y hasta ahí puedo leer ;)

      Muchas gracias por pasarte y comentar, como siempre.

      Saludosss!!

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  2. Bueno, me alegra saber que al final has podido recuperar al menos lo importante. ¿Ves? Ya te dije que no hay que desesperar...

    No se puede negar desde luego que el médico es atento... ¿demasiado atento quizá? Y veo que ella empieza a recordar alguna cosa. Interesante, interesante...

    Vaya, qué pena lo de la madre de David. Eso debió de ser bastante traumático para él :'-(

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    1. De nuevo hola Marta ;)

      Leonardo es "demasiado atento", pero quién sabe cuál puede ser su interés hacia ella. Sólo lo sabréis con el transcurrir de la historia ^^ *Que malosa soy*

      Y en cuanto a David, sí, lo ha pasado muy mal. Menos mal que tía Susan siempre estuvo al pie del cañón...

      Gracias por comentar tus impresiones y pasarte asiduamente a leer.

      Besotes!!

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