miércoles, 26 de marzo de 2014

Capítulo 13



La estrepitosa melodía de su teléfono móvil, vibrando a la vez sobre la madera de la mesita, le sobresaltó, despertándole bruscamente.

Se incorporó y lo recogió extendiendo el brazo para alcanzarlo torpemente. Con dificultad, sus aún entrecerrados ojos le permitieron ver el número de la llamada entrante…


- Fiona… - susurró frotándose la frente.

Se levantó de la cama y aceptó la llamada mientras se acercaba a mirar por la ventana de su habitación.


Conversación telefónica

David: Hola Fiona.

Fiona: ¿Estabas aún dormido? Perdona si te he despertado…


David: No importa… Dime.

Fiona: ¿Ha ido bien el viaje? Llegaste bien a casa de tu tía, ¿no?

David: Sí… Siento no haberte llamado anoche, pero el viaje fue largo y estaba cansado…


Fiona: No hace falta que te disculpes. Yo tampoco te llamé porque pensé que estarías atareado hablando con tu tía y arreglando todo para la Universidad… Y no quise importunarte…

David: La verdad es que cuando cené caí rendido en la cama…

Fiona: Entiendo… Te echo de menos… 


David: *Silencio*


Fiona: ¿Tú a mí?...

David: Fiona, tengo que explicarte algo…


Fiona: Calla, por favor, no digas nada… Dame la oportunidad de hablar en persona contigo cuando vengas a Bridgeport algún fin de semana, como me prometiste…


David: *Por teléfono no debería decírselo…*

Fiona: Porque vendrás, ¿verdad?

David: Claro que iré. Además, tenemos que hablar cara a cara y ser sinceros el uno con el otro como ambos nos merecemos…


Fiona: Sí… *Se muerde el labio inferior*

David: Estaremos en contacto… No te preocupes, pero ya sabes que cuando me enfrasco en la Universidad me queda poco tiempo para lo demás…

Fiona: Lo sé, no te lo tengo en cuenta… Sólo quiero volver a verte pronto.


David: *Silencio de nuevo*

Fiona: No te molesto más. Te quiero más que a nadie…

David: Yo también te aprecio Fio. Nos veremos en cuanto pueda… Adiós.

Fiona: Adiós David…


*Se corta la comunicación…*

Fiona se quedó cortada tras su conversación con David. Sacó algo de un joyero y se quedó mirandolo sosteniéndolo entre sus manos…


- Si pensabas que se lo ibas a dar a alguien estabas muy equivocado… - susurró con gesto amargo mientras apretaba fuertemente la extraña joya encarcelada en su puño.

*******

Caroline salía de la habitación llevándose la bandeja de comida ya vacía.

Ese día no había visto a Leo aún, y ciertamente era muy extraño, pues siempre me visitaba a primera hora de la mañana y debo decir que empezaba a echarle de menos.

Quizás no había venido a trabajar, o… “¡Rayos! ¡¿Qué me pasa con él…?!” dije en voz alta.


En ese justo instante, sonaron los típicos golpecitos que él solía hacer llamando a la puerta de mi habitación antes de entrar.

Sobresaltada y con un mariposeo inesperado pasando por mi estómago, me levanté de la silla a la vez que le daba permiso en alto para que pasase.


- Buenas tardes. ¿Cómo estás hoy? – me preguntó.

- Estoy muy bien, pero me extrañaba que no hubieras… venido aún en todo el día – le dije un poco cortada, pero era lo que sentía, así que, ¿por qué no expresarlo?


- A veces tengo complicaciones y bueno, no siempre puedo dedicarte el tiempo que quisiera… - carraspeó… - Tengo que contarte algo – explicó mientras yo asentía mirándole atentamente lo que mis incompetentes ojos me dejaban adivinar de su indefinido rostro hablándome.

Se quedó callado por unos segundos, y prosiguió su discurso…

- Verás, Beatrice. El martes de la semana que viene empiezo mis vacaciones. Quise tomarlas al final de verano, por lo que ya me toca… – sonrió.


- Qué bien… - dije con voz apagada, sobre todo pensando en que si ya me encontraba sola todo el día en ese hospital, y solo esperanzada en sus visitas esporádicas, ¿qué haría ahora que no sabría de él en?... ¿Días?…

- Es un mes de descanso bien merecido – matizó como si me hubiese leído el pensamiento, a lo que respondí con gesto alicaído casi sin importarme dejarle ver mi desilusión.

- Por otro lado… - prosiguió – Pasado mañana, lunes, se va a proceder a darte el alta… - dijo.

Ahora sí que ya estaba preocupada. ¿A dónde se suponía que podía ir una persona sin recuerdos, sin identidad, sin una vida coherente… Y sola? Estaba claro que hoy era el día de las malas noticias.


Él debió percatarse de mi ansiedad, pues enseguida me animó…

- Beatrice. No te preocupes. Sé lo que estás pensando y lo que te angustia… Recuerda lo que siempre te digo, no estás sola. Me tienes a mí – quiso animarme sujetándome de ambos brazos.


Entonces alcé la mirada hacia él algo más sosegada, aunque todavía bastante confusa.

- He pensado que… Mientras nadie reclama ser familiar tuyo o conocido y no se resuelva tu caso… Y siempre si tú quieres, claro está… Podría alquilar un piso para que vivieses en él… - me propuso.

Lo cierto es que no me pareció mala idea, sino todo lo contrario. Era lo mejor que podía esperar en aquella oscura realidad que me envolvía diariamente. Pero… ¿qué obligación tenía mi neurólogo de preocuparse tanto por mí? Me acabaría sintiendo totalmente endeudada de por vida con él. Lo bien que me trataba y todo lo que me ayudaba día a día no podría devolvérselo de ninguna forma, jamás. Para mí se había convertido ya en lo más grande de mi vida.

- Mientras vas recuperándote de tu vista, yo podría hacerme cargo de las tareas más complicadas para ti por tu baja visión… Si no tienes nada en contra, podría llevarte la comida todos los días, como hacen en el hospital, además de que me gustaría proporcionarte más experiencias que te ayuden a recordar… Podría dedicarme a tu recuperación de lleno en estos días de vacaciones… ¿Qué opinas? Es solo una idea y espero que no me malinterpretes… - terminó.


- ¿Malinterpretarte? Eres, ahora mismo, lo único que tengo en mi vida y no hay nada que me haga más feliz que seguir estando cerca de ti… No sé cómo te podré devolver todo lo que haces por mí… - dije escapándoseme un pequeño gallo que intentaba ahogar mis incipientes lágrimas, emocionada por su apoyo y para qué negarlo, por saber que no le perdería.


Leo se quedó sin decir nada… ¿Quizás le habrían abrumado mis palabras y había sido demasiado clara con él? ¿Le estaría espantando al oírme decir tales cosas sobre mis sentimientos?

- Entonces entre hoy y mañana conseguiré el piso. Tengo que marcharme. Si puedo, más tarde pasaré por aquí a hacerte una visita – se despidió.

*******

Salió de su habitación y se dirigió hacia la cocina. Allí estaba su tía, Susan, como siempre entre fogones.

- Buenos días, tía – la saludó dándole un beso en la mejilla y acto seguido se sentó en la silla pensativo.


- Hola hijo. Escuché tu teléfono pero cuando me dirigía hacia tu habitación para cogerlo se dejó de oír, por lo que supuse que habías respondido a la llamada… - comentó ella mientras seguía atareada con el desayuno.

- Sí… Era Fiona… - la mencionó con voz apagada.


- Vaya… Anoche al final apenas nos dio tiempo de hablar… Seguís comprometidos, ¿verdad? – preguntó curiosa.

- Sí… - respondió David con evidente inapetencia.

- ¿Y ese gesto de desgana? – interrogó Susan con curiosidad mientras le ponía el desayuno sobre la mesa y se sentaba a su lado.


- Verás tía… Lo cierto es que no estoy enamorado de ella y no sé cómo decírselo… - se sinceró - Entiendo que quizás esté actuando mal por no contarle la verdad acerca de mis sentimientos, pero temo que su reacción sea desmesurada y no quiero que pueda hacer alguna tontería… – expuso con verdadera preocupación – Y te prometo que lo he intentado. He insistido obligándome a mí mismo hasta el último momento a verla como la mujer de mi vida, pero no puedo… Ni siquiera habiendo sido su familia quien tanto ayudase a madre cuando enfermó... – aseveró denotando cierto sentimiento de culpa.


- Hijo mío. Por el bien de ambos, si no la amas verdaderamente, deberías decírselo cuanto antes, independientemente de lo que pase después – le aconsejó - Sé que has querido corresponderla, pero si no eres capaz de sentir por ella algo sincero no es culpa tuya. No es justo tenerla haciéndose ilusiones o planes de futuro a tu lado como tampoco lo es para tí tener que unir tu vida a la hija de los Feller para "saldar una deuda". El amor no se compra... - ultimó haciendo aspavientos.


- Lo sé, y eso he decidido hacer finalmente, decirle lo que verdaderamente siento, que no es más que cariño amistoso. Pero es difícil… Es muy visceral y ya te digo que temo que haga algo de lo que luego pueda arrepentirme – repitió intentando explicarse.

- Ya te entiendo… - le tranquilizó – Pero no puedes supeditar la felicidad de ambos a lo que ella pueda hacer después. Debes contarle todo lo que verdaderamente sientes. Y ella ya es mayorcita para asumir los fracasos de la vida, lo superará… – ultimó Susan.


- Voy a hablar con ella, pero no puedo hacerlo si no cuento con unos días libres en Bridgeport para intentar hacerle comprender que sigo siendo su amigo a pesar de terminar nuestra relación sentimental, y asegurarme de que lo acepta de buena gana. Así que el lunes volveré a la Universidad y en cuanto tenga un fin de semana libre lo aprovecharé para ir a Bridgeport y acabar con esta situación definitivamente – aseguró David totalmente convencido al fin de cómo atajar la insostenible relación que mantenía con Fiona.

- Es lo correcto David – afirmó su tía.


– Por cierto... Cuando ayer guardaste mi equipaje, encontraste un colgante extraño en uno de los compartimentos interiores de mi mochila, ¿verdad? – le preguntó con cierto rintintín al acordarse en ese justo momento de la falta del pequeño artilugio.


- No. Sólo guardé tu ropa en el armario y los enseres de aseo en el baño. No me estarás llamando cotilla ¿verdad, jovencito…? - bromeó aparentando seriedad.


- No se me pasaría ni por la cabeza… - rió – Venga, empieza con el repertorio de preguntas ya que sé que lo tienes tú… - ultimó intentando hablar más en serio.

- De verdad que no vi nada más de lo que te he dicho… ¿Se te ha perdido algo importante? – preguntó ella extrañada.


- No, que va. Es solo algo que encontré tirado en la orilla del río en Bridgeport. Lo guardé en uno de los bolsillos de la mochila y ahora no está… Claro… - titubeó David recordando algo…


Susan le miraba esperando que siguiera hablando, sin embargo sólo dijo en voz alta que tenía que volver a Bridgeport en cuanto pudiera.

*******

- ¡Hola! ¿Cómo tú por aquí? – pudo oír a Judith, su madre, desde su habitación.


- Buenos días… - escuchó saludarla a Stephan - ¿Está Fiona? – preguntó éste acto seguido.


Al oír su voz se estremeció.

- Creo que está en su habitación. La vi hace un momento rondando por la salita. Espera que voy a decirle que la buscas… - le respondió Judith con su típica amabilidad y educación - Pero pasa, no te quedes ahí… - le invitó.


Se acercaba a la habitación de su hija cuando de golpe, ésta, abrió la puerta dirigiéndole una mala mirada al chico, que se dio cuenta y se quedó apocado y confuso, aunque no consiguió disuadirle.

- Ah, mírala… Aquí la tienes – sonrió Judith al verse sorprendida por Fiona – Bueno, vuelvo a la cocina con Rania, por si me necesitáis para algo… - susurró quitándose del medio para dejarles solos.


- Hola Fiona… Y-yo quería darte los buenos días con esto… - titubeó Stephan entregándole un pequeño ramo de flores blancas como la nieve.


- ¿Qué haces aquí? – le preguntó Fiona ignorando por completo el intento de éste por entregárselas.

- Ya te lo he dicho… - dijo él con gesto tranquilo – Quería amenizarte la mañana e invitarte a comer fuera – propuso de buena gana mientras se acercaba a darle un beso en los labios.

- ¡¿Cómo te atreves?! – le recriminó propinándole un bofetón que dejó a Stephan verdaderamente confundido.


- Pero… Anoche tú y yo… - quiso explicarse pero ella no le dejó ni terminar lo que decía…

- No quiero volver a verte. ¡¿Te queda claro?! – gritó ésta encolerizada – Entre tú y yo no ha sucedido nada, ¡NADA!… - terminó, desengañando totalmente al muchacho que, bastante dolido, dejó las flores sobre una mesa cercana y se fue de allí sin rechistar.


Acto seguido, Fiona se encerró en su cuarto dando un portazo y se tiró sobre su cama totalmente desconsolada…

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sábado, 22 de marzo de 2014

Capítulo 12



Después del ataque de celos de Fiona que había tenido lugar esa tarde, el grupo de amigos se fue del Giordanno´s para evitar más miradas incómodas de las que varias mesas les habían dedicado durante el suceso, y decidieron ir a tomar un helado juntos.

- Yo prefiero irme y descansar un poco, me hace falta… - comentó Fiona bastante desganada.


- De acuerdo, entonces te llevo a casa y nosotros seguiremos un rato más… - dijo Albert mientras masajeaba el hombro de su hermana intentando tranquilizarla más.

Ésta asintió con cara de tristeza y Stephan aprovechó la ocasión…

- ¡Fiona! – exclamó el chico llamando, esta vez con éxito, la atención de ella – ¿Te parece si te acompaño yo a casa dando un paseo? – preguntó con cara de ilusión evidente.


- ¿Y qué te hace pensar que voy a acceder? – dijo ella con su típico tono desagradable en la voz.


El chico se quedó algo cortado pero volvió a intentarlo… - Porque... Soy tu amigo y me gustaría verte más animada. Dar un paseo hasta casa seguro que te va a venir bien para encontrarte mejor… - insistió.

- Opino como Stephan, un paseo siempre ayuda a despejar la mente y sentirse más tranquila… - dijo Anne intentando animar a su amiga al tiempo que Albert asentía mirando a Fiona.


- Pues ve tú también dando un paseo, Anne – la instigó Rose intentando sacudírsela de una vez… Había estado toda la tarde hablando con Albert y por increíble que fuera le quitaba cierto protagonismo respecto a él.


- Anne ha dado la idea de ir a tomar unos helados, no creo que quiera irse a casa… - le cortó Albert inesperadamente – Se me ocurre que podríamos ir los tres juntos a tomar un cucurucho… ¿Qué os parece chicas? – dijo Albert algo insinuante arrullándolas a la vez y con el típico gesto lascivo que solía poner cuando alguna cochinada se le pasaba por la cabeza...

- Entonces, Fiona… ¿Das un paseo conmigo a casa? – repitió Stephan captando nuevamente su atención.


Fiona se quedó por unos segundos más pensativa, todavía dudosa, pero finalmente accedió – De acuerdo… Si insistes… - dijo esta vez con voz más agradable y hasta dejando entrever una leve sonrisa asomando en sus labios, cosa que animó a Stephan.


- ¡Pues no se hable más! Vámonos… - dijo éste satisfecho andando tras ella, que ya había iniciado el paso.

*******

Tras aproximadamente unas seis horas de viaje, llegó a Twinbrook, su ciudad natal.


«¿Cómo estará la tía?... La pobre, aunque siempre me intenta tranquilizar por teléfono diciéndome que bien, sé que se siente sola cuando no estoy aquí...» se dijo David.

Ya había oscurecido y la ciudad lucía tan bonita como siempre.

El otoño estaba entrando y el suelo comenzaba a verse cubierto por ocres hojas caídas de los árboles. 


La verdad es que echaba de menos esa sensación de libertad que le proporcionaba el no estar junto a Fiona...

Pobre chica... Debía solucionar esa situación, pues no iba a sostener una mentira con la que sólo conseguiría hacerle daño.

No era correcto mantenerla así. Ella sentía mucho más por él que él por ella, y eso lo tenía claro.

Abrió la puerta de su casa haciendo bastante ruido para no asustar a su tía, aunque ella ya sabía que estaba al caer.


A quien se encontró primero fue a Remmy, su pequeña felina que retozaba a gusto en la alfombra del pasillo.


Un maravilloso olor flotaba en la salita y provenía de la cocina…

Dejó su mochila en el suelo y se dirigió hacia allí para saludarla.

- ¿Tía Susan? ¿Tía? – exclamó David con voz alegre mientras la sorprendía cocinando una de sus recetas favoritas.


- ¡David! – gritó ésta mientras se volteaba con gesto ilusionado y se dirigía a los brazos de su sobrino, dándole un fuerte achuchón.


- ¿Cómo estás? – dijo él.


- Estoy muy bien, ya sabes que yo siempre ando de aquí para allá y aunque tú no estés en casa no estoy sola… Precisamente he pasado el día con Dorothy y Ashley en la playa… – le contó.

- Me alegro de volver a estar en casa, tía - le dijo besándola en la mejilla.

- ¡Pero deja que te vea! – exclamó ella – Estás más delgado… ¿Seguro que has estado comiendo bien este verano? – se preocupó.


- Sí tía, no te preocupes… Por cierto, huele maravillosamente. Cuántas ganas tenía de hincarle el diente a una de tus comidas… - comentó él echando un reojo a la tabla de la encimera.

- Ve a darte una ducha y cuando salgas estará listo. Mientras yo te guardaré las cosas en tu cuarto y te prepararé sobre la cama la ropa limpia… - recomendó Susan a su sobrino – Tenemos que hablar sobre todo lo que has hecho este verano en Bridgeport… - ultimó guiñándole un ojo.


David se echó a reír y le hizo caso.

- Sigues tan cotilla como siempre, ¿eh? – le dijo devolviéndole una mirada de complicidad y se fue a la ducha.

*******

Su paso era acelerado al principio, y casi le dejaba atrás.

Parecía estar enfadada con él, y esto siempre le hería profundamente, pero la quería tanto que el orgullo no tenía cabida cuando estaba con ella.

- ¿Por qué corres tanto? Dar un paseo es ir andando más tranquilamente… - comentó él.


Fiona, al escucharle, pareció reaccionar y desacelerar la marcha, pero sin tan siquiera mirarle.

Tras unos cuantos pasos, Stephan consiguió ponerse a la altura de ella y empezó a entablar conversación…

- ¿Estás mejor? – se preocupó por ella.


- Sí. Ya se me ha pasado. Ha sido una tontería por mi parte haber liado semejante escándalo… - dijo Fiona presumiblemente arrepentida.

- Tampoco ha sido para tanto… Quiero decir que, te comprendo perfectamente y sé por qué lo has hecho… - comentó él intentando demostrarle empatía.


- ¿Ah, sí? ¿Y por qué, según tú, lo he hecho? – le preguntó con cierto tono defensivo deteniéndose en seco.


- Es muy sencillo. David no te merece y no es digno de estar a tu lado. No te valora todo lo que te mereces, y tú te das cuenta de eso pero no quieres reconocerlo. Y eso te hace explotar a la mínima… - le dijo Stephan desahogándose  a la vez que temía que ésta se pusiese hecha una fiera, pero debía ser sincero con ella y decirle lo que opinaba.


Imprevisiblemente, Fiona no se encrespó ni le gritó, sino que se quedó quieta, como en shock, mirándole con los ojos brillantes y sin decir ni media palabra…

- Fiona. Sabes que puedes confiar en mí… Nos conocemos de toda la vida y… Creo que ha llegado la hora de decirte algo… - susurró él con cierta indecisión.

– Dime… - dijo ella dedicándole soberana atención.


- Verás… No quiero que te lo tomes a mal… Ni que cambies tu actitud hacia mí… Pero quiero ser sincero y… Te-te amo y vivo por una mirada tuya… - le confesó finalmente.

Entonces, Fiona miró hacia el suelo y se aproximó muy lentamente a él, hasta sentir que ambos cuerpos estaban pegados. Entonces, cerró los ojos apoyando su cara y sus manos en el pecho de Stephan.


“Estoy soñando… Esto no es cierto…”, pensó él, al tiempo que la correspondía con un tierno abrazo.

En ese instante, ella alzó el rostro y acercó sus labios a los del chico, que se derretiría de un momento a otro por la situación.


- ¿Sabes una cosa Stephan? Eres el primer y único hombre que me dice eso… Él jamás me lo ha dicho… - le susurró con gesto desilusionado.

 Stephan no se lo pensó y se atrevió a besarla y ésta se mostró totalmente receptiva…


*******

- ¿Ya está Laura echándole el ojo a uno y apenas acabamos de llegar? - escuché preguntar retóricamente a una voz de chica joven.


 Me reí mirando de refilón la escena y ciertamente no era nada a lo que no estuviésemos ya acostumbradas, no sé por qué la buena de Antonia se extrañaba tanto. Si total, Laura siempre se comportaba así… 

Era la típica chica guapetona que se los llevaba a todos “de calle”.

- Antonia, siempre estás igual… Déjala que haga lo que quiera, no sé por… ¿Qué?… - comenté alzando la mirada hacia donde estaba Laura esta vez fijándome más en quién era su presa y acabé titubeando lo que iba a decir sin terminar de vocalizarlo hasta el final.


- ¿Qué te pasa, Beatrice? – le oí interrogarme.

- N-nada… - le contesté parpadeando y retirando la vista para evitar seguir mirando a ese chico.


No distinguía lo suficiente su cara pero tenía la fuerte sensación de que sentía algo especial por él y que le conocía perfectamente, como si ya lo hubiese visto antes y mi interior me gritase que era mío…

"Pero qué tonterías eran esas", pensé… Yo solo estaba aquí para un intercambio de dos meses y volverme a mi tierra.

- ¡Mírala! ¡Se le ha enganchado del cuello directamente! – exclamó Antonia otra vez llamando mi atención.


Lo cierto es que por alguna razón, me picaba la curiosidad y me venían unas ganas terribles de ir hacia allí y apartarla de él.

Al mismo tiempo notaba cómo se me revolvía el estomago...


- ¡Estoy harta de sus aires de superioridad! Nosotras también valemos lo nuestro, y ahora se lo vamos a demostrar… - dijo Antonia cogiéndome del brazo y dirigiéndose hacia donde ellos estaban.

- Pero… ¡¿Qué haces Anto?! – escruté ya frente a él bajo la estupefacta mirada de Laura...


- ¡Hola! Mi nombre es Antonia y… ella es… - se dirigió a él decidida.


- Me llamo Beatrice. Un placer… - susurré con bastante vergüenza.

*******

En ese instante, me desperté entre las sombras de mi habitación.


Tenía la sensación total de que conocía a esa tal Laura y a Antonia, y sobre todo a él, pero extrañamente su nombre no aparecía en el sueño y tampoco su rostro aunque sin verle tenía claro que le identificaba con alguien importante en mi vida.

Era raro pero… Antonia me llamaba Beatrice... Ahora sí estaba algo más segura de que no se trataba de un sueño sino de un recuerdo soñado, como lo llamaba Leo, y que posiblemente mi nombre era ese en realidad…

Por otro lado, la escena se desenvolvía en un supuesto intercambio universitario... Pensar en todo esto era un quebradero de cabeza inútil. Hasta aquí, ¿qué parte era realidad y qué parte era mentira? 

Mejor era no pensar en ello, pues no llegaría a ninguna conclusión...

Aún así, quedé unos minutos más intentando rememorar cada detalle del sueño, aferrada a él como a un clavo ardiendo para intentar desgranar algo más sobre mi misteriosa realidad, pero ninguna imagen más vino a mi mente... 

 
Suspiré desganada mientras volvía a recostarme en la cama, con la piel fría y algo sudorosa y esa típica sensación extraña que solía acompañar a los pocos recuerdos que había tenido desde mi aparición.


Intenté de nuevo conciliar el sueño mientras me acurrucaba entre las sábanas y, aunque difícilmente, conseguí relajarme y volverme a dormir.

*******

Aquella noche no podía conciliar el sueño... Se tiró varias horas pensando en todo lo que había hecho ese verano en Bridgeport, en sus estudios, Fiona, los chicos, en su tía y su madre, y como colofón, en la misteriosa desconocida... En ese momento en que sus manos se habían rozado ligeramente y lo que notó.

No entendía aquella “obsesión” con aquella joven a la que no conocía de nada, y no sabía ni qué era exactamente lo que sentía por ella. Parecía compasión, a la vez que un fuerte deseo de protegerla, incluso cierta atracción… Era todo muy extraño para él, pues nunca antes había sentido nada igual por nadie… ¿Sería precisamente eso a lo que llamaban “amor a primera vista”? pensó mientras apagaba la luz y entrecerraba los ojos para intentar dormir.


Tras varios minutos, cuando ya casi se había dormido, se despertó sobresaltado.


Se incorporó rápidamente y fue en busca de su mochila. Buscó en uno de sus bolsillos muy insistentemente pero ahí no había nada… Alzó la vista al frente, mirando al vacío de su habitación intentando recordar el momento en que lo metió precisamente en ese compartimento.


“Tía Susan lo habrá cogido. Seguro que mañana tengo un buen repertorio de preguntas esperándome…”, sonrió mientras dejaba la mochila en su sitio y volvía a su cama.


El verano había terminado, y el frío por las noches ya se iba notando… Se tapó con su cálida colcha y consiguió dormirse finalmente...


*******

Estaba recostado en uno de los sillones mientras divisaba las lucecitas de la ciudad a través de la gran ventana, cuando el timbre de la puerta sonó.


Se levantó y fue a abrir decidido. 


La estaba esperando…

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