viernes, 7 de marzo de 2014

Capítulo 10



El coche era bastante confortable y su interior gozaba de un olor a nuevo muy agradable. Leo estaba incómodamente callado, y yo me sentía muy rara habiendo salido del hospital por primera vez.


- ¿En qué ciudad nos encontramos? - quise saber, pues quizás conocer mi ubicación ayudase a mi memoria a recordar algo más sobre mí, aunque contradictoriamente, no me apetecía volver a experimentar la sensación de malestar que me producía acordarme de cosas desagradables, y la verdad es que mi pasado me daba muy mala espina al haber aparecido en las circunstancias en que me encontraron...

- Estamos en Bridgeport - contestó él - En los Estados Unidos - detalló seguidamente.

Cada vez que llegaba a mí información del exterior, parecía prepararme para lo peor. Sin embargo, en esta ocasión, el saber dónde estaba no me produjo ningún tipo de recuerdo ni malestar.

- No me suena de nada - le dije, mirando por la ventanilla, en cierto modo algo decepcionada.


- No debes obsesionarte con el recordar... tan solo vive, experimenta... tu memoria irá volviendo ella sola, no te preocupes... - me aconsejó - Por cierto... Deberías ir pensando en un nombre con el que poder dirigirme a ti y además, estoy barajando la posibilidad de hacerte algún tipo de documentación provisional con la que poder tener una identidad temporal, hasta que recuperes la tuya verdadera... Tú misma puedes pensar en un apodo o sobrenombre con el que identificarte de momento... - me propuso.


Ciertamente no me pareció una mala idea, sobre todo para que los demás pudiesen dirigirse a mí... Entonces una voz interior pareció susurrarme... - ¡¿Beatrice?! - exclamé.

- Me parece muy bonito – matizó, y el incómodo silencio volvió a llenar el ambiente.

Sin saber por qué, recordé la voz de David, en aquel coche a toda prisa hacia el hospital... y volví a echarle de menos.


Supuse que poco a poco le olvidaría, pues parecía ser que no volvería a visitarme, pero desde que me lo planteé hasta ese momento seguía presente en mí muy a menudo, y sólo pude pensar que se debía a que fue él quien me recogió de aquellas aguas aquella noche...

- Leonardo… ¿Conoces a quien me trajo al hospital? ¿Sabes dónde encontrarle? – le pregunté.

- Pues creo que fue un grupo de amigos que andaban cerca de donde tú te encontrabas, pero ahora mismo no recuerdo el nombre del que te trajo a urgencias… ¿Crees que les conoces o pueden tener algo que ver con lo que te ha sucedido? – me preguntó.

- N-no… No creo… - respondí dubitativa.


- Ya hemos llegado... - me avisó aparcando lentamente.

Vi borrosamente desaparecer su silueta del lado del conductor y acto seguido sonó la puerta cerrándose. Segundos después, abrió mi puerta y me cogió delicadamente de las manos para guiarme al salir del vehículo.

Me sostuve de su brazo con ambas manos para no perder el equilibrio o tropezar, definitivamente los tacones no eran lo mío... y en ese momento noté cómo se acercaba y me susurraba flojito al oído...

- Beatrice, ahora puede ser que te lluevan sensaciones por todas partes, pues es un sitio público y hay mucha  gente, pero, si en algún momento te sientes incómoda por cualquier circunstancia dímelo y nos vamos... - me avisó para hacerme sentir más segura.

Beatrice... Ciertamente ese nombre me era muy familiar. Cualquiera diría que así me llamaba, pues mi mente lo reconocía en cuanto lo nombraba.


Leo se iba adelantando a casi todos mis pensamientos, supongo que se debía a su experiencia como neurólogo... O eso, o mi rostro era un libro abierto...

Me guió para que me sentase y amablemente me acercó a la mesa moviendo la silla al tiempo que me sentaba en ella. Entonces, él se sentó enfrente de mí.


Los nervios volvían a apoderarse nuevamente de mí. No sabía bien cómo catalogar la situación... ¿Era alguna clase de terapia para recuperar la memoria? ¿Una cita? ¿O quizás una simple “comida” de amigos?...

- Te he traído a un restaurante italiano - irrumpió - Ya que, es mi favorito, y me trae recuerdos de mi hogar. No sé si sabrás que soy de Italia… - dejó caer.


- No lo sabía, aunque desde luego tu nombre es… ¿muy italiano?... - le respondí sonriente pensando en la tontería que había soltado...

En ese instante, una voz masculina habló a nuestro lado...

- ¡Buon pomeriggio. Come sono Leonardo? E 'stato un tempo che non ci vediamo! exclamó con voz firme y bastante grave.
«¡Buenas tardes. ¿Cómo estás Leonardo? Hacía un tiempo que no te veía!»


- Sto bene Giordanno. Grazie per avermelo chiesto respondió Leonardo con voz cordial al tiempo que se levantaba para darle un abrazo amistoso.
«Estoy bien Giordanno. Gracias por preguntar.»

- Nella vita a volte si volta pagina... Fate bene a rilassarsi... Si guarda così bene insieme...susurró el camarero que parecía tener una buena relación con Leonardo.
«En la vida a veces debemos pasar página... Haces bien en airearte... Te veo muy bien acompañado...»

- Lei è la mia paziente Giordanno non fraintendere... - contestó Leo más bien apagado.
 «Ella es mi paciente Giordanno, no malinterpretes... »

¿Pasar página? Eso no pintaba ser nada bueno… Lo cierto es que pude percatarme de que tras ese comentario quedó algo alicaído por el tono de su voz.

Traté de fijar mi vista lo máximo posible en su rostro para apreciar su gesto, pero no lo distinguía bien. Lo único que sabía era que no estaba sonriendo.


¿Qué podría haberle sucedido?, pensé. 

Las ganas de apoyarle en sus problemas surgieron en mi interior de repente, pero me contuve rápidamente. No era quién para inmiscuirme en su vida, y más si él mismo no me lo pedía. Nuestra relación era simplemente de paciente y doctor, o eso debería ser…

- Sai già cosa si sta andando a prendere i signori? - preguntó Giordanno.
«¿Saben ya lo que van a tomar los señores?» 


- Non lo so ancora - le contesté.
«Aún no lo sé»

- Va bene, signora. Poi di nuovo in pochi minuti - respondió marchándose.
«Muy bien, señorita. Entonces volveré en unos minutos»


- Va bene, vi ringrazio molto - dije.
«De acuerdo, muchas gracias»

- Riesci a parlare italiano? - me preguntó Leo.
«¿Sabes hablar italiano?» 


- Certo ... - le respondí.
«Claro...» 


- Io sono italiana, nella regione di Monte Vista, ma sono trasferito negli Stati Uniti quando aveva diciotto anni per studiare presso l'Università di Medicina di Sunset Valley - explicó Leonardo.
«Yo soy italiano, de la región de Monte Vista, pero me trasladé a EEUU cuando tenía dieciocho años, para estudiar en la Universidad de Medicina de Sunset Valley»

- Quindi ... Vuoi perdere la tua terra, giusto? - pregunté.
«Entonces... ¿Echarás de menos tu tierra, verdad?»

- No sé si te estás dando cuenta de que hemos estado hablando en italiano... Un idioma que no se suele hablar por aquí... Italia queda algo lejos de Bridgeport... - me advirtió.


Me quedé callada por unos segundos pensando en ello, pues apenas me acababa de dar cuenta de que sabía hablar en otro idioma y encima sin percatarme, como si fuese mi idioma materno...


*******

- Bueno, Fiona... Ya no pienses más en él, irá pasando a verte... - comentó Albert en el coche de regreso a su casa.


- Cómo se nota que tú no tienes a nadie especial en tu vida Albert... - respondió Fiona mirando a su hermano con los ojos llorosos.


- No te desanimes... ¡Vayamos a comer al Giordano´s! - propuso con bastante entusiasmo mientras marcaba el teléfono de Stephan para invitarle a que se uniera sin tan siquiera detener el vehículo.

- Es que… No tengo muchas ganas – susurró ella.


- Venga hermana, no te aflijas… Si sabes que en unas semanas lo tienes por aquí de nuevo… Te lo dijo ayer… - le recordó.

Estas palabras parecieron, finalmente, cambiar el ánimo de la chica...

- Mmmm... De acuerdo… - cedió dejando escapar una leve sonrisilla – Voy a llamar a Rose y a Anne también… - dijo cogiendo su teléfono móvil.


Así, Albert cambió la dirección hacia el restaurante preferido de Fiona, Giordano´s, y allí esperarían a que sus amigos llegasen.

*******

Estuvimos largo rato hablando. El ambiente me era muy agradable y me encantaba escuchar a Leo que estuvo narrándome cosas de Italia, y todas me producían cierta nostalgia. Era como si yo también hubiera vivido casi todas esas experiencias...

El olor a pizza caliente saliendo del horno de piedra, el campo verde e inmenso, las ropas tendidas en el patio ondeadas por la brisa del viento... Todas esas imágenes y olores se agolpaban en mi mente fugazmente, produciéndome entrañables sensaciones...

De repente, cuando ya llevábamos un buen rato charlando en la conversación más amena que recordaba, sonó una melodía. Era su teléfono móvil.

- Espera un segundo, he de responder a esta llamada. Vuelvo enseguida, ¿vale? – dijo mientras sostenía el teléfono en su mano.


- Claro. Tranquilo, no me voy a escapar… - bromeé mientras se levantaba para alejarse de la mesa y lo perdía de “vista”. 


Maldita visión borrosa, me ponía bastante nerviosa el mirar a todos lados y no ver nada claramente…

*******

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2014/02/capitulo-9.html

http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2014/03/capitulo-11.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario