domingo, 4 de mayo de 2014

Capítulo 16



Días después…



“07:15 horas”



El primer día de clases había llegado...




Desde que David había vuelto a la Universidad había pasado una semana de preparativos previos para empezar el semestre con buen pie.



Terminar de decorar la habitación, ultimar los apuntes y todas esas cosas.




Pero, a pesar de estar bastante ocupado, no hubo un solo día en que no pensase en ella, en la misteriosa desconocida… ¿Qué tenía que le estaba volviendo loco?



Siempre había tenido claro que cuando llegase el verdadero amor lo reconocería en el momento y podía decir que así lo sentía... Y por muy descabellado que fuese, en su interior se mezclaban un sentimiento de protección y rabia por no haber podido conocerla.


También en ocasiones ocupaba su mente Fiona. Después de todo le profesaba lástima y un sentimiento de culpa le abrasaba por no haberle dejado las cosas claras antes de volverse a Twinbrook.



Sin embargo, hoy no era el día para ponerse a pensar en ello, sino en que se reencontraría por fin con el Dr. Rodson. Estaba realmente impaciente por mostrarle sus avances y descubrimientos.



Lo tenía todo listo, meticulosamente preparado para exponérselo de forma sencilla. Y estaba seguro de que su profesor iba a quedar sorprendido.



Repentinamente, sonó su teléfono móvil. Era Albert…



“Qué extraño...” pensó, y seguidamente respondió.




Conversación telefónica



David: Hola, Albert. ¿Cómo eso? ¿Tú despierto tan temprano?... *Sonríe*




Albert: David, quiero que me digas ahora mismo qué le has hecho a mi hermana…




David: ¿Cómo? ¿A qué te refieres?



Albert: Venga ya, lo sabes perfectamente… Lleva así una semana por tu culpa tío, y no sólo no te remuerde la conciencia, sino que además pretendes disimular…



David: *Silencio*




Albert: Tú tampoco piensas contármelo, ¿verdad? Eso debe ser porque es algo verdaderamente fuerte…



David: Ehhhh, para el carro… Ya te he dicho que no le he hecho nada, al menos a sabiendas…




Albert: Explícate… Pero te advierto que como te hayas pasado con ella lo más mínimo te juro que te…



David: Lo primero, cuéntame qué le pasa a ella…



Albert: Está metida en casa y no quiere salir ni comer… Está mal, se ha quedado más delgada y tiene muy mala cara…



David: ¿La ha visto el médico? Me refiero a uno de verdad…




Albert: *Silencio*… Eso ha sido un golpe bajo, David…



David: Perdona… No he querido decir eso.



Albert: Ya, claro… *Pausa*… Sí, hemos llamado al médico de la familia, y después de reconocerla nos ha dicho que lo que tiene es vulgarmente “mal de amores”, vamos, que tiene una depresión de caballo por tu culpa… No he hablado antes contigo porque pensaba que se le pasaría, como las otras veces que le has hecho daño, pero esta vez parece diferente…



David: Perdona, pero yo no he querido hacerle daño jamás…



Albert: Sabes que se lo has hecho, y además no tienes reparo en seguir haciéndoselo…




David: *Silencio*



Albert: Por favor, tío, aclárate con ella… La estás martirizando y no tienes derecho…



David: Si ahora mismo insisto con la verdad de lo que siento puede que se ponga aún peor, aunque creo que en la conversación que tuvimos la última vez se lo dejé entrever perfectamente. Es más, intenté terminar con esta situación, pero ella me hizo callar, como si supiera lo que le iba a decir y no quisiera escucharlo. Entonces quedamos en que yo volvería a Bridgeport en cuanto tuviera unos días libres y hablaríamos seriamente. Desde entonces no he vuelto a hablar con ella…



Albert: Me consta que ha intentado ponerse en contacto contigo en varias ocasiones y no has sido capaz ni de responderle…



David: Sí, es cierto que me ha llamado muchas veces, pero yo he preferido dejar las cosas como están hasta el momento en que hablásemos seriamente, precisamente para no empeorar las cosas.



Albert: Sinceramente, me da mucha pena de mi hermana, y creo que podrías reanimarla un poco si la llamases y le dijeses algunas palabras de aliento, sin engañarla pero dejando ver que te preocupa cómo está… Sin darle falsas esperanzas.



David: De acuerdo, la llamaré en cuanto salga hoy de clases y espero que se recupere, porque, aunque no lo creáis, la aprecio mucho y me duele saber que está mal. Si no he sido claro con ella antes ha sido porque he intentado corresponderla como se merece, pero no he podido, y después temí por lo que pudiera hacer si era sincero… Por eso he ido alargándolo.



Albert: ¿Entonces la llamarás?  

*Se oye el timbre que anuncia el inicio de las clases*



David: Sí, ya te lo he dicho. Ahora tengo que dejarte que empiezan las clases.




Albert: Vale, adiós.




David: Adiós… *Cuelga*



David no se esperaba esa llamada, pero si era cierto, tenía que llamarla e intentar que se repusiese hasta que él pudiera volver a Bridgeport para terminar definitivamente con su relación y poder quitarse la culpa de encima.



En ese instante, recordó que el timbre ya había sonado y debía entrar a clases. El resto de alumnos ya habían tomado asiento, y a él le quedó uno más bien al final del aula.



A los pocos minutos, apareció el Dr. Rodson y los saludó cordialmente pero, al ver a David, no pudo evitar acercarse a él para congratularle de forma especial y de paso comentarle que estaba impaciente por ver lo que le había adelantado por correo electrónico, eso sí, guardando una cierta discreción ante el resto del alumnado.



- ¿Te viene bien venir hoy a las seis y media para mostrármelo? – le preguntó disimuladamente.




David asintió.



- Perfecto… - comentó satisfecho.



Volvió al principio del aula y en seguida empezó la clase…




*******


Una semana había pasado desde aquel sutil acercamiento… 

Cuando Leo se fue aquella noche, la pasé entera despierta, sin poder conciliar el sueño. Tan solo pensando en su tacto y su olor, en su respiración y su voz... Y en la imposibilidad de ser algo más para él.



David, el chico que me salvó de las cenagosas aguas, se me vino también a la cabeza en distintos momentos de la noche a modo de flash, e inconscientemente era como si le comparase con Leo. Él también me inspiraba fuertes sensaciones, lo extraño era que a David ni siquiera le conocía y sin embargo su recuerdo seguía dentro de mí, aunque cada vez se me hacía más lejano.




A cada instante, retomaba lo ocurrido con Leo, pero finalmente conseguí convencerme a mí misma que no volvería a suceder, que todo era fruto de la situación y que debía centrarme en pensar en él exclusivamente como un amigo y mi médico… Y eso era todo, a pesar de que sintiese mucho más por él…



Ahora era yo quien debía reprimirse e interponer aquel muro invisible que hasta el momento había construido él. Tampoco preguntaría más sobre lo que le atormentaba, sólo si salía de él hablaría de ello.



Sería lo mejor para los dos…



Después de todo, quizás era yo quien estaba felizmente casada o tenía pareja, incluso hijos...



“Sólo es cuestión de tiempo…” me repetía a veces cuando la debilidad me acechaba… “No es momento de enamorarse, pues luego dolerá aún más…” pensaba en esas ocasiones. 

Vivir con un hombre del que te estás enamorando y no poder expresarlo es muy difícil, pero debía limitarme a intentar recordar mi pasado y mi realidad, mas sabía que aunque así fuera, el eje de mi vida habría cambiado en cierta manera, porque no estaba dispuesta a perder a Leo, por mucho que recuperase todos mis recuerdos.



Me conciencié de tal manera que durante toda esa semana no hubo ningún acercamiento entre nosotros más allá que el de dos buenos amigos.



Todos los días, Leo se iba tarde por las noches y llegaba muy temprano por las mañanas.



Lo primero que hacía era el desayuno para los dos. Después, nos ocupábamos de Bruno, de cambiar su plato de comida y de agua, sacarle a pasear y jugar con él, sobre todo Leo, que lo mimaba a más no poder.




Al regresar, nos preparábamos para hacer la comida. Y entre los dos cocinábamos, claro que, yo entre mis limitaciones y las que Leo me ponía apenas hacía nada… Pero bueno, al menos lo intentaba.



Estaba orgullosa de mí misma, me sentía útil y quise demostrárselo. Así, que ese día decidí sorprenderle yo a él, haciendo el desayuno para los dos.




Me di cuenta de que aún no había llegado, así que me dirigí a la cocina, el lugar prohibido…, y me dispuse a prepararlo con cierta torpeza, para qué negarlo…



Cuando casi hube terminado, oí a Bruno ladrar como solía hacer cuando Leo llegaba por las mañanas… Me quedé expectante, y efectivamente se le oyó entrar.




Tras un breve saludo a Bruno, entró a la cocina y me descubrió… 




- No te esperaba despierta aún, dormilona… Son sólo las siete y media… – noté que sonreía mientras hablaba acercándose a mí.



- He preparado el desayuno para los dos… – dije mientras me volteaba sosteniendo su descafeinado entre las manos.




- Vaya… No habrás encendido el fuego para nada, supongo… - comentó.




- No, me lo tienes prohibido papá… - me burlé recogiendo esta vez las galletitas para ponerlas en la mesa – He utilizado sólo el microondas – esclarecí.



Él cogió mi taza y la puso también sobre la mesa, para que nos sentáramos a la vez.



De repente, oí un bufido que dio paso a un leve atragantamiento…



- ¡¿Qué te pasa?! – le interrogué algo preocupada.




- Nada… – tosió – Prueba de tu taza… - rió, y ya me imaginé lo que había sucedido…



- Umm, qué saladito está… - bromeé poniendo cara de asco.

Había puesto sal en vez de azúcar… Qué maña la mía…




- Jajaja, pretendías matarme, lo sé… - siguió con la broma riéndose a carcajadas, y acabó contagiándome.




Me levanté rápidamente entre risotadas para intentar arreglar el estropicio, pero él se me adelantó para hacerlo. Así que, una vez más, en días, acabamos estando los dos muy cerca…




Ambos nos quedamos callados, y sólo oía su respiración cerca de mí.




Entonces, intenté desligarme de mis pensamientos, que ya me volvían a traicionar y volví en seguida a mi silla para sentarme, bastante cortada… - Si te empeñas, hazlo tú… - carraspeé disimulando mis emociones.



Momentos después, volvió a sentarse frente a mí, poniéndome antes el descafeinado delante – Beatrice… - me reclamó, a lo que le presté rápida atención - He estado pensando que… Apenas tienes recuerdos desde que vives aquí, y no sé si más que ayudarte te estoy entorpeciendo… - prosiguió dubitativo.




- ¿Qué quieres decir con eso? – le interrogué.




- Nada… Pero prométeme que siempre mantendremos esta amistad, aunque recuperes tu vida normal… - me solicitó.




- No entiendo por qué me dices eso… Sabes que te quie… te aprecio mucho y te debo aún más… - afirmé mientras notaba cómo me empezaba a ablandar de nuevo… Este hombre tenía mi alma cogida en el puño.




- ¿Me lo prometes? – insistió.



- Sí – afirmé decidida.



- Gracias… - dijo dando paso a unos instantes de silencio - ¿Qué te parece si vamos hoy a pasar el día a la sierra? – me propuso entusiasmado.




- ¿A la sierra? – reformulé mientras él afirmaba… - Vale, me parece una idea genial. ¿Qué día hace? – le interrogué para saber qué ponerme de ropa. Últimamente estaba haciendo ya bastante frío y lo poco que asomaba el día por la ventana parecía no ser muy soleado.



- Ponte algo cómodo y lleva alguna prenda de abrigo por si acaso luego hace frío – me aconsejó.



- Vale, voy ahora mismo a vestirme… Pero Bruno aún no ha salido… – comenté levantándome de mi asiento.



- Yo me encargo hoy de pasearle, así mientras tú te preparas, que las mujeres tenéis fama de tardar mucho en esas cosas… – bromeó mientras yo le sacaba burla.




*******



“14:03 horas”



No hablaba con nadie, a menos que fuese totalmente imprescindible y apenas quería comer. Se pasaba las horas en la cama, sin moverse excepto para ir al baño o mal comer alguna cosa.



Judith intentaba animarla y darle consejos, pues todos suponían que su estado era exclusivamente culpa de David, pero ésta se negaba a hablar con su propia madre…



No le apetecía salir, no quería encontrarse con nadie, y menos con Stephan, que por cierto, tampoco había vuelto por allí a buscarla…



Durante ese tiempo, intentó hablar con David en varias ocasiones, sin embargo, éste no le cogió el teléfono nunca.



“Acaso Stephan se habrá ido de la lengua…” pensó una vez más… “Stephan…” ensoñó cerrando los ojos recostada en su cama. 




David era lo “planificado”, había sido su novio formal y se suponía que no habían roto del todo, sino que más bien le había dado cierto tiempo para pensar y saber qué sentía realmente por ella, sin embargo, lo de Stephan fue como una luz que le sorprendió agradablemente en la oscuridad, que le hizo conocer la parte más tierna y pura de ella misma por una noche, para desaparecer después haciéndole más daño aún que David.



Estaba tan confundida que no era capaz de discernir lo que realmente quería. Se sentía engañada, incluso utilizada, y no quería volver a sufrir, pero le necesitaba...



Ese día, además, se había levantado con bastante malestar...



“Debe ser por no comer…” pensó mientras se incorporaba tocándose la barriga.  
   



Se levantó para ir al baño y apenas vomitó algo de bilis…



Volvía hacia su cama, casi tambaleándose, cuando recibió una llamada inesperada… Se acercó a recoger el móvil de la cómoda y leyó su nombre…




“¿David?”… susurró débilmente mientras se pensaba si responderle o no.



No quería volver a ver a ninguno de los dos… Pero también le añoraba, mucho, así que finalmente le contestó…



Conversación telefónica



Fiona: *Descuelga y queda en silencio*




David: ¿Fiona? ¿Me oyes?...




Fiona: Sí… ¿A qué debo el gusto?… *Cortante*




David: Fio, he estado muy liado con los preparativos… Ya sabes cómo es esto de la Universidad… *Carraspea*



Fiona: … Ya…



David: ¿Cómo estás?




Fiona: Muy bien, gracias por los falsos cumplidos…



David: *Silencio*



Fiona: ¿Algo más?



David: S-sí… Decirte que dentro de unas semanas tendré algunos días libres y… He pensado en ir allí a haceros una visita y… De paso a hablar nuestro asunto pendiente…



Fiona: *Se le saltan las lágrimas pero intenta evitar que David lo note al otro lado del teléfono* Ahmm, estupendo… Tengo muchas ganas de verte…




David: Yo también… Pero cuéntame, ¿cómo estás?



Fiona: ¿Por qué insistes tanto en saber cómo estoy?



David: Mmmm, pues no sé, te noto algo rara…



Fiona: ¿Albert ha hablado contigo, verdad?



David: *Silencio* N-no, por qué, ¿debiera saber yo algo?



Fiona: No… Déjalo, prefiero pensar en lo que me has dicho… Estaré contando los días…



David: Pues óyeme bien, quiero que te animes ehh, y nos iremos a tomar una pizza al Giordanno´s que ahora que entra el frío están más ricas… *Denota una sonrisa mientras habla*



Fiona: *Se anima un poco*  Vale… *Sonríe* 




David: Ahora sí, así es como me gusta verte. Te tengo que dejar…



Fiona: Sí… Te quiero…



David: Adiós y cuídate hasta entonces… *Cuelga*



Su conversación con David le había proporcionado un poco más de ánimo, parecía estar más cerca de ella y eso le generaba cierto bienestar que antes relacionaba con el amor, pero ahora no sabía si lo era realmente.



Lo de Stephan le había hecho mella, pues por un lado, él le había engañado y por otro odiaba sentirse así por él. Seguía viéndolo como alguien inferior a ella, pero que sin embargo se le estaba haciendo inexplicablemente indispensable. Le añoraba más que a David y eso le hacía aún más daño en su ego.



*******



Stephan llevaba unos días pensándose si se le habría pasado el enfado a Fiona por el atrevimiento que tuvo de hablar abiertamente de lo suyo, pero no tenía la fuerza moral de volver a buscarla y sabía que no podría soportar de nuevo su cruel rechazo, eso le partía el alma…



Cada vez tenía más claro que le había utilizado aquella noche para evadir sus penas por la marcha de David a Twinbrook. Sin embargo, algo le impulsaba a ir a verla… 




Llevaba días sin saber de ella, demasiados para él, y ni siquiera de Albert, al que utilizaba normalmente de informador pasivo para sonsacarle cosillas sobre su hermana. Todo era muy raro…



"¿Tal vez Albert se ha enterado de lo nuestro y le ha sentado mal?" divagó.



Por otro lado, se había tirado una semana de bar en bar ahogando las penas con el ron, y justo en ese momento recordó uno de esos primeros días, en los que a media noche se despertó con una chica durmiendo a su lado, a la que no conocía y echó de su casa en cuanto se dio cuenta de lo que había sucedido…




Una desconocida que estuvo donde una noche antes retozó con Fiona…



Había sido todo tan hermoso y sincero… 




Tan especial, que Fiona había calado más profundo aún en su ser.




Y al parecer debería conformarse sólo con su recuerdo…




Tenía que ir a verla, aunque ella volviera a rechazarle debía intentarlo.



Sin pensárselo mucho más, salió de allí dirección a la Mansión de los Feller.


*******

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2 comentarios:

  1. No puede ser...me he quedado sin capítulos que leer...

    No se que puedo señalar de este capítulo en especial, si es que todos los momentos me han gustado, desde lo guapo que estaba David hablando por teléfono (jijiji), lo preciosa que has sacado a Beatrice y lo bien que pinta la excursión a la sierra con Leo...la penita que me da ver tan mal a Fiona pero lo mucho que me alegra ver que poco a poco va aclarando sus sentimientos con respecto a David y Stephan (espero que esos vómitos...jijiji), o el gran final del capítulo con esas preciosas imágenes de los dos juntos y que da ganas de seguir leyendo para saber cómo reaccionará Fionah al verlo!

    Estupendo como siempre guapa, ¡estoy deseando seguir leyendo! Ahora si, un besazo enorme y me voy, ¡que hoy ya te he dado bastante la matraca! xD

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    1. Sí, y aún tardaré en publicar el siguiente, porque el 16 lo publiqué anoche, así que del 17 ni el guión tengo.

      La excursión va a ser uno de los temas centrales del próximo capítulo, quizás ocupe dos, ya veremos :P

      Fiona parece que va madurando pero... Aún no estoy yo tan convencida de eso, tendremos que esperar para ver qué ocurre con ella y sus sentimientos encontrados y lo de los vómitos, pues no sé qué has querido decir ;)

      Muchas gracias por leer y comentar, es un honor, así que de matraca nada ehh :)

      Saludos y hasta el siguiente!

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