lunes, 12 de mayo de 2014

Capítulo 17


Íbamos de camino a la sierra de IrisLake, que por lo visto se encontraba a las afueras de Bridgeport, a unos cuarenta kilómetros aproximadamente según me había comentado Leo.



Yo estaba verdaderamente ilusionada. Tenía muchas ganas de tener contacto directo con la naturaleza, algo inexistente en aquella estresante ciudad.



Abrí la ventanilla del coche y aproveché para aspirar el fresco aire puro que entraba y lo inundaba, acariciando mi piel y ondulando al tiempo mis cabellos. Era una sensación inmensa de libertad.
  

 Cerré los ojos y pensé en quien estaba a mi lado y me cuidaba cada minuto… Leo. Le tenía tan cerca y no podía expresarle lo que sentía, eso me angustiaba… Pero rápido evadí mi mente mirando el colorido paisaje que, si bien no distinguía claramente, sospechaba muy hermoso, con las tonalidades verdes, ocres y anaranjadas que el otoño había pintado en la vegetación. 



- ¿Estás disfrutando ya y aún no hemos llegado? – dijo de repente sin quitar la vista de la carretera de grava, la cual crujía mientras el todoterreno andaba sobre ella.




Afirmé sonriente…



Después de varias curvas más, el coche empezó a tambalearse debido a los montículos del terreno, por lo que pensé que nos estábamos adentrando en la frondosidad. Entonces, Leo detuvo lentamente el vehículo.



- Ya estamos aquí… - dijo entusiasmado abriendo rápido su puerta, cosa que hice yo también por mi lado.




Pisé la hierba que cubría el terreno y respiré de nuevo a fondo. El olor a tierra húmeda mezclado con el de las flores silvestres me encantaba, y me entrañaba cierta nostalgia…



- Creo que este lugar es perfecto… Acerquémonos al lago… Está ahí mismo… – me propuso posando su mano sobre mi hombro.



Yo no me quedé quieta, y automáticamente le aferré de la cintura.




- Que sepas que aún no te he perdonado tu intento de matarme con ese café… Me tendrás que recompensar algún día… - comentó bromista.




- ¿Y cómo se supone que podría saldar mi deuda? – le interrogué siguiéndole el juego.




- Bueno, ya lo pensaré… Tengo tiempo… - continuó riendo mientras nos deteníamos orientados hacia el lago.




- Quizás no tengas tanto… Después de todo, voy a recuperarme y volveré a mi vida normal, ¿no crees? Si esperas demasiado puede que se te haga tarde… - le dejé caer con cierto tono sugerente.



Leo cambió el gesto y pareció palidecer, o al menos eso percibí borrosamente. Acto seguido, dejó de sujetarme y cambió de tema…




- ¿Te parece que pongamos por aquí nuestro mantel? En este claro da algo más el sol y me gusta la brisa que viene del lago… ¿Y a ti? – me consultó perdiendo la vista en el lago.




- Por mí bien... – afirmé encogiéndome de hombros.




Se dirigió rápido hacia el coche, trayendo de vuelta lo que parecía ser una cesta mediana de mimbre y una pequeña nevera roja. Sacó algo de ella y empezó a colocar el mantel, extendiéndolo sobre la hierba. 

Después me invitó a sentarme y se acomodó a mi lado…



- No creas que el día nos acompaña… Al final parece que está nublado… - comentó.




- A mí me da igual el día que haga, para mí todo esto es perfecto… Ojalá todos los días fuesen hoy…   susurré mirando hacia el frente.




- Sí… Este sitio es precioso, la pena es que no puedas disfrutar al completo de sus vistas… - comentó – Aunque no quiere decir que no puedas disfrutarlo de otras formas, como por ejemplo así… - improvisó.




Observé con cierta curiosidad qué hacía mientras parecía darse la vuelta y toquetear algo a su lado... 

Al momento me entregó un modesto ramo de flores...

 - Para la mujer más bella, las flores más hermosas de la sierra. Huélelas… - insistió mientras yo casi me sonrojaba por el piropo.



Me las acerqué y las olí… - Son margaritas… - afirmé.




- Sí… Típicas en mi país – recalcó él.




- Echas de menos tu tierra, ¿verdad? – pregunté al notar cierta melancolía en sus palabras.




- Bastante… Me vine a EEUU para estudiar la carrera en la Universidad de Sunset Valley, y allí conocí... A mucha gente. Así que bueno, aquí me quedé... - susurró, dándole un cierto tono evasivo a la frase, de forma que me pareció que intentó callar algo... - Y a ti, ¿qué te sugiere Italia? ¿Te recuerda a algo? – me interrogó desviando mi atención sobre su comentario anterior.




- Pues, me recuerda a ti, quiero decir que, lo asocio contigo y bueno, también a un recuerdo que me vino a la mente hace días, donde se suponía que yo venía de Italia en un intercambio universitario, pero no sé ni en donde se producía… - le conté.



- ¿Un intercambio universitario? - repitió él pareciendo estar meditando lo que le había contado.




- Es que nada de lo que recuerdo me cuadra… Por eso a veces no confío en que mi memoria vaya a volver... – comenté.




– Atemos cabos… Hablas perfectamente el italiano, tal como si fuese tu lengua materna… Además, tus facciones parecen ser italianas también. Me atrevería a decir que lo eres, o por lo menos que tienes ascendencia... Lo que no cuadra es que te encontrases en ese estado en la orilla del río de Bridgeport y que nadie reclame tu desaparición... - afirmó.



- No lo sé… - contesté pensando en que quizás su teoría fuese cierta.

Eso explicaría también las distintas imágenes que en el hospital me asaltaron en las que me veía corriendo en un patio de pequeña junto a un niño más o menos de mi misma edad. 

En ese caso, habrían sido recuerdos de mi infancia donde efectivamente el olor a pizza, viñedos y olivos se entremezclaban, y también el de las margaritas, tal como el de las que ahora olía - Leo… ¿Tú crees que en verdad me voy a recuperar? – le pregunté.



- Por supuesto, lo que no sé es cuánto tardarás. Has de tener paciencia... – afirmó.




- La verdad es que tengo miedo… - me atreví a confesar.




- ¿Miedo a qué, Beatrice? – interpeló.



- A ser realmente alguien que no quiero ser… A tener que amoldarme a vivir una vida que ahora mismo no he elegido ni deseo vivir… - titubeé negando al tiempo con la cabeza.



- Quizás cuando conozcas tu auténtica vida, te llene. No pongas trabas de antemano. Tienes que estar abierta a tu realidad. Seguro que todo lo que te espera es positivo… – dijo, intentando alentarme.




- No si es sin ti… - añadí dubitativa, pero sincera.



- Me prometiste hace unas horas que siempre mantendríamos nuestra amistad. No le veo inconveniente a recuperar tu normalidad… – afirmó despreocupado.




- ¿Y si eso no depende de mí? No sé quién soy, ni si pendo de algo o de alguien… Sólo de pensar en que pueda no volver a verte más… – dije intentando acallar mi interior, que parecía tener la necesidad de estallar haciéndole saber lo mucho que sentía ya por él.



- Necesitas saber quién eres para poder ser feliz... – aseguró – Si construyes una vida ajena a tu pasado, éste poco a poco irá apoderándose de nuevo de tu memoria y te dolerá… No sé si me entiendes… - intentó aclararme, pero sinceramente no quería saber mucho más sobre mi identidad ni mi vida pasada, tan sólo pensaba en el presente que vivía, y en un futuro junto a él.



- ¿Y qué hay de ti? Apenas me cuentas tus preocupaciones y sin embargo insistes en conocer las mías… Me parece totalmente injusto, yo también deseo apoyarte en tus momentos difíciles… – le dije con cierto tono acusador.




- Bastante tienes tú con tu recuperación como para que te “anime” con mis problemas. Además, no tengo mucho que contar… - alegó orientando el rostro hacia el frente.



Quedé callada unos segundos pero la curiosidad me mataba, a la vez que su tranquilidad mientras a mí me desasosegaba la idea de distanciarme de él.



- Lo dudo… Sé que hay algo que te atormenta. No tendré recuerdos ni memoria, pero no soy tonta, y escuché a Giordanno animarte en el restaurante. Desde entonces no he parado de pensar en lo que te hace daño... Yo... Necesito saber lo que te preocupa, tus sufrimientos, tus anhelos... - dije casi suplicante, intentando establecer un contacto visual, escaso por mi parte, pero sincero, que le ayudase a hablar sobre ello.




- Crees que lo necesitas, Beatrice, pero todo es fruto de la situación irreal que estás viviendo ahora mismo. Es la que te impulsa a tener ciertos sentimientos, por ejemplo, hacia mí… Esta no es tu vida y probablemente tampoco sientas realmente lo crees sentir … – dijo.




- Pues más que hacerme recordar, afianzas en mí sentimientos nuevos... Para mí totalmente reales... Y así lo siento de corazón - repliqué tajante y bastante dolida.



Siempre ganaba él y estaba claro que estaba incumpliendo mi promesa de no inmiscuirme en su vida si no era él quien me lo contaba por su propia voluntad.



- Beatrice… Como amigo me gustaría contarte mis problemas, pero como médico sé que lo último que necesita una persona amnésica es tener que preocuparse por los de los demás… – enunció elevando un poco el tono de voz.




Entonces enmudeció unos segundos y prosiguió como si hubiese estado pensándose lo que iba a decir…



– Y… Si es cierto que no te hago recordar, más bien estoy perjudicándote… Debería apartarme de tu lado pues… - ultimó llevándose la mano a la cara con gesto de contradicción.




- ¿Qué? – me solivianté al escuchar sus palabras.



- Que no quiero influir negativamente en tu recuperación, pero… Pero lo cierto es que no puedo separarme de ti… - confesó - Por favor, Beatrice… Entiéndeme. Yo busco tu recuperación y no quiero interferir en ella… - intentó explicarse – Cuando tu vida se haya restablecido, podrás construirla de nuevo de la manera en que tú desees, pero teniendo conocimiento de quién eres… - me dijo con la voz temblorosa.



- Tienes razón… Perdona por mi intromisión, se me olvidó por un momento que eres mi “médico”… – zanjé, mirando hacia abajo.




Quedamos ambos callados y sin cruzar palabra durante algunos minutos de silencio que me  parecieron ser toda la eternidad.



Finalmente, él rompió el hielo… - Ven aquí… No te enfades…  me consoló abrazándome, a lo que no le respondí, quedándome inmóvil y sin esforzarme por corresponderle – No te dejaré nunca… Te lo juro… - continuó, haciendo tornar la fuerza que instantes antes me había embargado en debilidad, y acabé mulléndome en su pecho, sin decir nada… Tan sólo aferrándome a él e intentando que mis lágrimas no aflorasen.




- Te contaré todo Beatrice, compartiré cada uno de mis secretos contigo si hace falta, pero en el momento adecuado… Deja que el tiempo pase… - afirmó enredando ligeramente sus dedos en mi pelo - Ahora disfruta del día, que para eso hemos venido... – me animó sin liberarme de su abrazo.




De repente, un rayo iluminó el horizonte y el relámpago resonó inmediatamente segundos después. 




- Creo que va a llover... – dijo desligándose de mí.



- Eso parece… - dije recostándome hacia atrás para dejar caer mi espalda sobre la mullida hierba fresca. Necesitaba relajarme… - Me encanta la naturaleza… Y más los días de lluvia… – susurré en el justo instante en que algo debió de entrarme en el ojo, porque me empezó a molestar horrores.



- ¿Qué te ocurre? – se preocupó poniéndose rápidamente a mi lado para observar mi ojo.



- Algo me ha entrado en el ojo… – me quejé levemente.



- No te toques, déjame ver… Es una mota que te ha entrado – susurró mientras la extraía cuidadosamente.




- Ya está – dijo recostándose él también a mi lado.



Orienté mi rostro hacia él y percibí que me miraba.




- ¿Por qué siempre me observas tanto? – dije, percatándome de que mi pregunta le había pillado por sorpresa…



- Porque… - suspiró - Eres la mujer más hermosa que conozco… - carraspeó entrecerrando los ojos por unos instantes para proseguir clavándome su profunda mirada.




- Leo, yo… - titubeé mientras la duda me acechaba… “Recuerda que esto no debería estar sucediendo, pon distancia…”  me escuchaba decirme a mí misma, pero no podía evitarlo...



- Dime… - bisbiseó como si le costase hablar.



 – Yo no sé qué debo hacer, ni cómo actuar... - le ansié internamente... - "Ti amo"... - musité, al tiempo que él acercaba su rostro al mío y me rodeaba con sus manos.


 – Quiero vivir... - susurré mientras acariciaba mi cuello y rozaba sutilmente la comisura de mis labios con la yema de sus dedos, lo que estaba volviéndome loca...




Y su aliento penetraba en mi boca, como precedente de sus besos…

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2 comentarios:

  1. TE MA-TO ¡Eres mala, mala y malvada! ¿Cómo lo dejas así?o.o

    Pero mira que se hace el difícil este chico...aunque en parte entiendo su postura, quiere lo mejor para Beatrice, pero no se da cuenta de que lo mejor que tiene ahora mismo es a él y ella está sufriendo...¡qué monos están juntos! ¡Si es que me encantan los dos!

    Qué romántico el momento de la confesión, y que intensos son los sentimientos que desprenden ambos...me encanta como plasmas ese deseo controlado tan bien por su parte, y esa necesidad de cariño (y otras cosas jijiji) por parte de ella, haces que quede siempre con ganas de más.

    ¡Sigue pronto o me da algo! ¡Besazos!

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    1. Jajajaja lo reconozco, soy mala :P

      Este chico es difícil pero todos acaban flaqueando, que tampoco es un témpano de hielo, más bien al contrario...
      Él teme a que su relación vaya más allá y luego ella resulte que está casada, comprometida o cosas así, y prefiere evitar el palo para ambos. Aunque ya se ve que está "colaito" por ella, así que a ver qué pasa...

      Gracias, intento que quede profundo, me gusta que sintáis lo que los personajes sienten.

      Cuídate, que tienes que estar viva para el siguiente! Bss!!

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