viernes, 16 de mayo de 2014

Capítulo 18





Cada vez sentía más fuerte ese sentimiento de protección y necesidad de cuidarla… De compartir su vida con ella… De quedarse siempre a su lado.



Verdaderamente la amaba…




¿Acaso hacía mal por dejarse embargar por tal sentimiento? ¿Las estaba traicionando, quizás? ¿Empezaba a olvidarse de ellas?



No…



Eso era imposible… Jamás podría olvidar a Madison ni a su pequeña, jamás.



Pero era consciente de que crecía en él un cariño cada vez más fuerte por Beatrice, algo que le hacía sentirse vivo aún y con derecho a ser feliz.



Algo tan puro que no podía ser malo…



Algo que le había dado, en mucho tiempo, sentido a su vida…



Él no era culpable de sentir aquello, no mandaba en sus sentimientos, sino más bien al revés…



Estaba verdaderamente cansado de luchar contra ellos… No tenía fuerzas, la necesitaba cada vez más…




Sentir sus labios, su calor, su piel… Le apasionaba tan sólo el imaginarlo…



Aún sabiendo que le dolería sobremanera si la perdiese, si llegara el día en que tuviese que separarse de ella…



Aún siendo consciente de que quizás Beatrice estaba confundida y no sentía realmente lo mismo que él…



Y esto se repetía una y otra vez en su mente, tal que fuese un disco rayado infinito, pareciendo advertirle que no se dejase llevar…



Mas, esta vez, haría caso omiso…



Entonces, un susurrante “Ti amo…” salió de los labios de ella, provocándole un sutil escalofrío que le hizo desearla aún más, y todo a su alrededor pareció tomar otro cariz.



Se permitió acariciar su boca con la yema de los dedos, en un gesto de anhelo…




Atreviéndose por fin a probar de ella…



Beatrice le recibió entregada, mostrándose tan receptiva que podía notársele casi temblorosa mientras se entrelazaba a él.




Casi sin darse cuenta del momento en que sus bocas se habían unido, estaba perdido ya en sus labios, dóciles al tiempo que deseosos… Tiernos a la vez que apasionados… Mientras los dedos de ella le cubrían de suaves caricias que le recorrían suavemente, invitándole a amarla…




En ese momento, finas gotas de lluvia empezaron a humedecer sus rostros, testigos de aquel instante, cobrando cada vez más intensidad.



Entonces, él se colocó sobre ella, cubriéndola con su cuerpo.




Casi en un amago de protección.




Beatrice inclinó la cabeza ligeramente hacia atrás, incitándole a ir más allá… 




Mientras él colmaba de besos su húmedo cuello, saboreando cada centímetro de éste…




Para de nuevo encontrarse con su boca, no sin antes detenerse para acariciarla… Necesitaba mirarla, sentir que ella le correspondía…




Haciendo una breve pausa para volver a apoderarse de sus labios…




Repentinamente otro inoportuno rayo les iluminó bajo el techo de grises nubes… Que provocó que Beatrice se transportase a otro momento…



*******



“¿Quieres casarte conmigo?” me susurra bajo la lluvia y puedo oír el retumbar de un relámpago golpeando las montañas a lo lejos.




“Sí…” Le respondo ilusionada perdiéndome en sus intensos ojos azules…



Nos besamos… Y siento mi estómago dando un vuelco que me provoca una sensación de querer dar mi vida por él.




Me suelta el pelo y me eleva sujetándome contra la pared.




Sigue besándome y acaba tumbándome sobre la hierba, sujetándome una pierna y besando mi rodilla…




Va subiendo poco a poco, y empieza a desanudar el lazo de mi vestido dejando mi pecho al descubierto… Comienza a recrearse en mis senos, haciéndome estremecer…






*******



Entonces, Beatrice se apartó ligeramente de él… Mientras lágrimas escapaban de sus ojos, casi llegando a confundirse con las gotas de lluvia en sus mejillas.




- ¿Qué te ocurre, Beatrice? – le interrogó él acariciando su rostro.



Ella quedó callada, como en shock y se incorporó mirando al vacío.




- Beatrice… - repitió él preocupándose… Y en ese instante su cuerpo se desplomó inconsciente…






*******




Se estrecharon la mano cordialmente y Richard le invitó a sentarse evidenciando su impaciencia…


– Bueno, David, cuéntame… - le instigó tomando asiento.

- He tenido por un día el elixir de la vida entre mis manos… – adelantó él con cierta resignación. Y es que parecía que, en vez de darle buenas noticias, le diría algo desalentador…

- Pero explícate, te atiendo… - insistió Richard.


- Antes de marcharme a Bridgeport, en el mes de Julio, cuando tú ya te habías tomado tus vacaciones estuve varios días aquí, en el laboratorio, investigando más sobre la melatonina. Ya sabes que me obsesiona… No es un secreto el efecto de esta sustancia en los organismos. Está absolutamente probado que mejora la eficiencia de nuestro sistema inmunitario aumentando nuestras defensas naturales preservándonos de las enfermedades en general y en particular de aquellas típicas del envejecimiento, como el cáncer, las patologías cardiovasculares y auto-inmunes – explicó David bajo la atenta mirada de Richard que asentía al tiempo que él hablaba - Dos días antes de marcharme, me decidí a observar su síntesis, quería conocer a fondo su proceso y su relación con la luz del día, pero mi tía me llamó por teléfono contándome que estaba enferma y se me fue el santo al cielo… - ultimó.

- ¿Cómo que se te fue el santo al cielo? – interrogó Richard.


- Sí… La serotonina se quedó en el tubo de ensayo, sintetizándose para producir melatonina alrededor de 21 horas, y con el acelerador del proceso en la mezcla… Al día siguiente, al llegar aquí, me di cuenta del estropicio de experimento que había hecho finalmente, y me acerqué al tubo de ensayo para desecharlo, pero mi sorpresa fue enorme ya que, por mi descuido, obtuve un preparado muy extraño, con un colorido blanquecino fluorescente que llamó mi atención. Brillaba muchísimo, así que automáticamente lo llevé al microscopio y quedé hipnotizado observándolo… Actuaba purificando las células y transformándolas en sanas y jóvenes automáticamente. Entonces, probé a inyectarle un poco a uno de los ratones más ancianos y confirmé mi sospecha al observar su rápido rejuvenecimiento celular. En tan sólo cuarenta minutos el ratón era totalmente joven. Era una sustancia muy distinta a la melatonina, pero con su base, con auténtico poder rejuvenecedor, lo que me atrevería a llamar un elixir de vida… – aseguró.


- ¿Y el ratón? ¿Dónde está? – preguntó el profesor.


- Está en la jaula a-7 del laboratorio… Y sigue siendo joven… Pero no hay resto de esa sustancia en su organismo… - aclaró David.


- ¿Quieres decir que la sustancia rejuvenece en el instante y luego desaparece o es eliminada por el organismo vivo? – reformuló Richard asociando interiormente lo que su alumno le contaba con las pruebas enviadas por Leonardo semanas antes. 


Todo apuntaba a que era lo mismo, no cabía duda, pues todos los restos de esa sustancia también se habían evaporado gradualmente en el frigorífico de su despacho.

- Eso parece… Pero no inmediatamente, sino con el paso del tiempo… Me llevé el ratón a Bridgeport, y estuve analizando su sangre en mi rudimentario microscopio… La sustancia desaparecía de su organismo gradualmente hasta que a la semana no le quedaba resto alguno… - contestó.


- ¿Y bien? ¿Qué hiciste con la sustancia restante aquel día? – preguntó el profesor algo inquieto…


- Apunté rápido todos los detalles que observé desde mi microscopio, plasmé su patrón de comportamiento químico y finalmente la guardé en el frigorífico. Estaba muy emocionado por mi descubrimiento, pero por la tarde, al ir de nuevo para intentar hacer más observaciones, la sustancia parecía haberse evaporado. El tubo de ensayo estaba vacío en la nevera… - ultimó David con gesto desanimado.

- Qué extraño… – susurró Richard callando durante unos instantes – Bueno entonces, no hay problema, David. Volveremos a obtener esa sustancia dejando serotonina en iguales condiciones… - concluyó.

- Ya lo he intentado, pero es imposible… - afirmó David totalmente seguro de sí mismo mientras el profesor le miraba con gesto de contradicción - Lo raro es, que después de haber recreado todo exactamente igual, incluso el tiempo exacto en que ocurrió, no lo he conseguido, así que algo del ambiente del laboratorio en ese justo día debió influir en su obtención, supongo… - comentó David algo frustrado.

- ¿Qué día sucedió todo? – le interrogó el profesor.


- El 18 de Julio exactamente, a las 10 y media de la mañana… Fue cuando mi tía me llamó por teléfono - le aclaró mientras Richard se tornaba pensativo.

- ¿Quizás utilizaste un tubo de ensayo contaminado? ¿Lo tapaste adecuadamente durante el experimento? ¿Seguiste todos los protocolos? – preguntaba como loco intentando averiguar la clave.

- Todo como siempre Richard, a estas alturas parece mentira que me preguntes esas cosas… - dijo David.

- Es sólo una forma de intentar encontrar la explicación… - le aclaró.

Durante unos segundos quedaron ambos en silencio, hasta que Richard intervino nuevamente…

- David… ¿Me lo has contado todo?... – le interrogó sutilmente - ¿Has probado esta sustancia en humanos? – ultimó queriendo encontrar un nexo entre la chica de Bridgeport y él.


- ¡¿Qué?! ¿Cómo voy a experimentar con humanos Richard? – exclamó bastante molesto – No entiendo a qué viene esa pregunta… - le reprochó.


- N-no David, no me malinterpretes… Sé cuánto te absorbe el estudio de esa hormona, y no es descabellado pensar que quizás hayas intentado observar sus efectos en humanos al conseguir un preparado de ese calibre… Es lo que le pasa a cualquier científico… - quiso enmendar mientras David le miraba afirmando incrédulo – Bueno… No te preocupes. Daremos con la clave del misterioso elixir de la vida, como tú mismo le has llamado… - comentó Richard respirando hondo – Además, quiero aplaudir tu dedicación y preocupación por el estudio científico. Me gustaría tener más alumnos como tú, David… - le aduló, aunque éste estaba aún levemente resentido por lo que le había parecido una falta de confianza en él por parte de su profesor.

*******


- Buenas tardes, soy Stephan… ¿Está Albert? – preguntó nervioso a través del portero automático, cuando en realidad estaba interesado en ver a Fiona…


- Sí, pasa Stephan… - se oyó al otro lado a Judith con voz mustia.

Stephan cruzó el portón metálico que se abría a su paso y se adentró en la mansión Feller.


Al pasar junto a la piscina, vio a Albert que estaba allí con Anne y Rose, y no precisamente jugando al parchís.


Se les veía muy acaramelados, sobre todo a Rose y Albert, y rápido pensó en por qué no había dado éste señales de vida en varios días…


- Hola Stephan… Ven hombre… - insistió Rose con voz lasciva y una sonrisa de medio lado.

- Mmmm, no gracias, venía a ver a Albert, que hace varios días que no sé nada de vosotros… - dejó caer mientras su amigo se deshacía de las dos y se acercaba a él.


- Stephan, tío. Mi hermana ha estado unos cuantos días bastante decaída por culpa del cretino de David y he estado liado… Ya sabes… - comentó haciendo una leve mueca que señalaba a las chicas que le esperaban un poco más retiradas.

- ¿Qué le pasa a Fiona? – carraspeó intentando disimular su clara preocupación.


- Lleva una semana más o menos muy mal, sin querer comer, hablar o salir de su cuarto… Pero hoy parece que está algo más animada… Insistí a David para que la llamase y le mostrase preocupación… - susurró Albert provocando en su amigo un repullo.


- Ahh… Bueno, ya sabes cómo es tu hermana, ¿no?... Ya se le pasará… - fingió – Por cierto, a ver si puedo animarla un poco… Ahora vuelvo... – dijo Stephan.


- Upss… Precisamente me voy en cinco minutos con éstas a darme un voltio, si te quieres venir… Es diversión asegurada… - le invitó.


- No, no… Yo también tengo que irme en breve que he quedado con mi padre… Voy a intentar saludar a Fiona y me voy, pero gracias de todas formas… - mintió, pues sólo deseaba estar con ella sin la atención del resto de la familia Feller.

Albert se despidió de él y volvió con las dos chicas, mientras Stephan se acercaba a la mansión.

Rápido, acudió Judith a abrirle…

- ¡Qué sorpresa! Has visto ya a Albert en la piscina, ¿no? – le atendió con su innata amabilidad.


- Sí, pero me ha comentado que Fiona está pasando un mal momento y quisiera ver si puedo hablar con ella para intentar distraerla un poco… - dijo.


- Sí…, precisamente hace un rato que parece estar más tranquila. No obstante espera que le aviso de que estás aquí y quieres hablar con ella… - afirmó Judith mientras a Stephan le subía un calor intenso de los pies a la cabeza imaginando la reacción que ella pudiera tener.

Esperó unos minutos, dando pasos de aquí para allá bastante inquieto hasta que por fin Judith salió de la habitación…


- Ahora mismo te avisa ella, se está arreglando un poquito para recibirte… Yo precisamente salía, que tengo una de esas aburridas charlas de amigas… – comentó sonriendo – Así que cuídamela bien… – ultimó saliendo por la puerta a la vez que el chico afirmaba moviendo la cabeza.

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2 comentarios:

  1. Jo...qué bonito...imaginaba que habría perdido a su pareja, pero encima a una hija...¡pobrecillo mío! ¡Y para colmo ahora que se lanza va Beatrice y se acuerda del rubio! >_<

    Pero sigo muy confundida...algo ha debido de pasar para que ninguno de los dos se acuerde del otro...y al parecer ya se están resolviendo muchos misterios en torno a la investigación de David, seguramente tenga mucho que ver con el estado de Beatrice al principio, no sé, no sé...¡cuántas dudas! ¿Será cosa del profesor o de otra persona que ha podido separarlos?

    Y con las ganas me he quedado de ver a Fiona y Stephan juntos, pero ha sido un capítulo bien completito y precioso, me encantó el tema musical que elegiste para el principio *.*

    ¡Un besote guapa!

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    Respuestas
    1. Hola Ali!

      Efectivamente, tenía una hija y también la perdió. Ya se verá más adelante qué ocurrió...
      Él quería que Beatrice recordase... Pues es lo que ha hecho la pobre!

      Ella no recuerda porque algo ha afectado a su cerebro, que debe ser lo que la trajo hasta el río aquella noche. En cuanto a él... No quiero hablar demasiado, pero ¿quizás es que aún no la conozca? No sé si te he confundido más aún...

      Tu interrogante sobre si ha sido el profesor u otra persona es acertado. No creo que pueda ser él, porque Rodson mismo está cavilando sobre la relación que pueda tener David y la chica de Bridgeport, así que quién sabe...

      Si metía lo de Fiona y Stephan en este mismo capítulo iba a ser demasiado largo ya, y con bastantes emociones :P Así que, he preferido que lo sepáis en el siguiente!

      Lo del tema musical, la verdad es que ese hombre me tiene enamorada de sus manos, y creo que le va genial al capi.

      Como siempre, un placer tenerte por aquí. Besos!

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