viernes, 23 de mayo de 2014

Capítulo 19

Pasados varios minutos, la voz de Fiona resonó tras la puerta de su habitación…
 
- ¡Entra!... – exclamó con su típico tono despótico.




Stephan tragó saliva pensando que el recibimiento no iba a ser nada grato… Pero esto no le persuadió.

Necesitaba verla…

Al abrir la puerta, se encontró a una Fiona algo desmejorada, pero su belleza seguía impregnándola como siempre, e incluso la veía más especial que antes.

Se decidió a entrar finalmente, tras dudarlo por unos instantes, quedándose justo delante del umbral de la puerta, esperando cauteloso la reacción de ella.




- ¿Para qué has venido? – dijo soberbia, sin mirarle a la cara.




- Porque… Que-quería verte… - tartamudeó ligeramente.




- ¿Pretendes que me lo crea? – le dijo ahora taladrándole con una mirada recriminadora.




- Por supuesto, es la verdad… - respondió él esta vez sin titubear lo más mínimo.

- Vas de amante eterno y eres como el resto… Un maldito mentiroso… – le acusó, dando lentamente algunos pasos hacia él.




- No te entiendo… - afirmó Stephan poniéndose cada vez más nervioso por la gradual proximidad de ella.

Fiona se acercó tanto que sus cuerpos estaban totalmente pegados.

Entonces, se puso ligeramente de puntillas acercando su boca al oído del muchacho… - Te vi aquella noche, con ella, en tu casa… Besándoos… - le susurró, ladeando una hipócrita sonrisa sarcástica que quería ocultar su dolor por ello.




Stephan sintió como si un calambre atravesase su espalda de abajo a arriba, produciéndole finalmente un calor instantáneo que parecía haberle debilitado interiormente.

Fiona se retiró ligeramente y se quedó mirándole a los ojos como si esperase alguna explicación.

- Esa chica a la que te refieres no es nada en mi vida, ni siquiera sé cómo se llama… - se explicó pero el bofetón de Fiona no se hizo esperar.




- Eres otro cerdo. No mereces ni estar aquí conmigo. No quiero verte más. Esta ha sido la última vez que hemos hablado tú y yo… - le dijo orgullosa.

- Perdóname, me dejé llevar por el efecto del alcohol, pero no es lo que piensas, Fiona… Tú me despreciaste... Dame una oportunidad de demostrarte todo lo que siento por ti… Por favor… – le suplicó.

- ¿Oportunidad? ¿A ti? – se jactó – Oportunidad a David. Él sí me importa. Tú no le llegas ni a la suela de los zapatos, Stephan… - quiso humillarle cruelmente.




- Sé que dices todo esto porque estás dolida conmigo. Crees que te he engañado y quieres herirme, pero esta vez no vas a conseguirlo… Sé que sientes algo por mí. Igual que yo por ti… Y no quieres reconocerlo. Lo sé… - afirmó convencido intentando aparentar que sus palabras no le habían hecho mella.

Fiona se quedó callada, mirándole fijamente, realmente sorprendida y sin saber cómo reaccionar.

- Vete… Ya te he dicho que no quiero verte más… - optó decir, dándole la espalda, intentando que él no viese asomar sus incipientes lágrimas. 




Le dolía tener que admitirlo… Pero le deseaba demasiado, y cada vez su interior tenía más claro que no era sólo un capricho, era algo más importante para ella, casi imprescindible en su vida…

Más que David...

Era en quien pensaba por las noches y deseaba tener en su cama. Desde aquel día Stephan se había convertido en alguien importante en su vida. Pero se negaba a ello...

El chico del que todas se reían, el feo del barrio rico... ¿Novio de Fiona Feller?... Imposible...

- Te quiero, Fiona… Desde siempre… No dejes que el orgullo destroce tu vida… - dijo haciendo una pausa antes de despedirse – Adiós… - ultimó dándose la vuelta para salir de la habitación mientras esas palabras resquebrajaban el aparentemente calculador e impenetrable corazón de ella.

-¡Stephan!... – le reclamó casi cuando éste iba a desaparecer de su vista.




Él se detuvo instantáneamente, y tras unos segundos, se decidió a girarse, dedicándole una mirada triste.

Entonces, ella se aproximó bruscamente agarrándole de la camisa de forma violenta, llegando a clavarle las uñas en el pecho, y tiró de él hasta acercárselo totalmente.




- ¿A dónde crees que vas? – musitó, exhalando su aliento cerca de los labios de él – Eres mío, y siempre lo serás… - dijo besándole por fin.




Stephan quiso abrazarla pero ella le volteó repentinamente, empujándolo hacia atrás, haciéndole caer sobre su cama, cual marioneta en sus manos.

Aunque quisiera no podría resistirse a ella, y no conocía el sentimiento de orgullo a su lado. Tal como le había dicho, era suyo.

Acto seguido, ella se puso enfrente de él y comenzó a quitarse la ropa, lentamente, hasta quedar desnuda completamente bajo su atenta mirada. 




Se abalanzó sobre él y pegó un fuerte tirón de su camisa, haciendo saltar los botones de ésta, a lo que Stephan respondió con un leve gemido.

Se despojó la camisa e intentó besarla. Pero Fiona le sostenía contra la cama manteniendo la distancia entre sus bocas.




Después, le quitó las gafas y se deshizo de ellas sin preocuparse de dónde cayeran…

Ahora sí, empezó a lamerle el pecho, ligeramente arañado apenas minutos antes por ella misma, casi desesperada, mientras él se rendía por completo… 







Siguió adueñándose de él, bajando poco a poco…

Desabrochó su pantalón y se entretuvo allí durante un rato, haciéndole desesperar.




Entonces, se le montó encima y empezó a moverse lentamente, abrazándole con su humedad, al tiempo que él la sujetaba de la parte alta de sus muslos, intentando mantener el ritmo.




Pero Fiona se imponía. Le manejaba a su antojo, hasta en la cama...

Y eso le gustaba en cierta medida, pero deseaba dirigir la situación por un rato.




Por una vez quería demostrarle que era alguien…

Alguien que estaba ahí y que tenía cosas que decir…

Que se le debería tener en cuenta…

Así, la sujetó también mostrando cierta brusquedad, y dando un revolcón la recostó en la cama, poniéndose sobre ella mientras la sujetaba por las muñecas.




Su cara de placer la delató. 




Y Stephan, mirándola a los ojos, empezó a embestir a su ritmo… 




Estaba claro que necesitaba a alguien que la tratase así, alguien que la dominase en ocasiones, y eso era lo que iba a hacer a partir de ahora…

De repente, una voz se escuchó entrando a la habitación… - ¡Fiona, tu hermano dice que…! – dijo Anne sorprendiéndoles de lleno.




Pareció quedar aturdida mirándolos durante un pequeño lapso de tiempo, y salió de allí rápido, bastante cortada.

“¿Stephan y Fiona?” pensó segundos después, pareciendo querer asimilar lo que había visto, pues era lo último que hubiese imaginado.




En ese instante, Fiona salió de la habitación para hablar con ella…

- ¿Cómo se te ocurre entrar sin llamar? – le recriminó mientras Anne no sabía qué decir - ¡Anne! – exclamó intentando captar la atención de su amiga.




- La puerta estaba medio abierta… No pensé que… Pero no te preocupes… Soy una tumba – le dijo para tranquilizarla.




Fiona se quedó mirándola no muy convencida… Pero no tenía otra alternativa que conformarse y de malas no conseguiría nada...




- Júrame que no dirás nada, ni siquiera a mi hermano. No lo sabe nadie, Anne… - le confesó preocupada.

- Ya te lo he dicho. No saldrá nada de mis labios. No me gusta meterme en la vida de los demás… - le aclaró mientras Fiona afirmaba con la cabeza en un intento de creerle.




- Yo quiero a David… Sólo que lo nuestro no funciona del todo… Y Stephan… - susurró queriendo excusarse de alguna forma.

- No me tienes que contar nada… Sólo venía a decirte que nos vamos, tu hermano, Rose y yo… A dar una vuelta. Por si te querías venir, pero bueno, mejor os dejo… - ultimó Anne, dirigiéndose a la puerta para salir.

- Confío en ti, Anne… - aseguró Fiona, intentando así persuadir a su amiga por si se le ocurría decir algo.




De todas formas tenía claro que siempre lo negaría… Siempre…

*******

Lo más hermoso se había desplomado junto a él, de repente...

Se puso rápido a su lado y palpó la carótida para valorar su pulso.




Después se fijó en su pecho moviéndose al ritmo de su respiración, que parecía ser normal, y se tranquilizó.

Pero la tormenta iba “in crescendo” y les estaba calando cada vez más…




Así que la recogió de la hierba y se dirigió hacia el coche con ella en los brazos.




Abrió la puerta trasera y la recostó adentro, cuidadosamente, acomodándola sobre el asiento.

Desabrochó su empapada sudadera intentando desahogarle el pecho para facilitar su respiración y continuó vigilando su estado durante algunos segundos…

Segundos en los que rememoró sus labios y el ajetreado latir de su corazón palpitando aceleradamente… 




Su aliento penetrándole en la boca y sus manos aprisionándole suavemente…




Segundos en los que al fin no se sintió culpable por estar de nuevo enamorado…

Momentos en los que fue feliz otra vez.

Entonces, acarició levemente su mejilla, percatándose de la humedad que la cubría y salió con prisa para recoger algo del maletero…

Tardó apenas unos segundos en volver a su lado con una pequeña toalla infantil entre las manos y secó su rostro delicadamente.

Le soltó después el pelo, para restarle humedad también, mientras ella empezaba a reaccionar entreabriendo gradualmente los ojos.




- ¿Cómo te sientes? – le preguntó entonces con voz suave.




- Bien… Creo… - contestó con cierta dificultad mientras intentaba incorporarse, llevando al tiempo una mano a la frente.




- Qué frío hace… – se estremeció.

- Estás empapada… Bueno, mejor dicho ambos lo estamos… - sonrió – Espera un momento… Vengo ahora mismo con ropa para cambiarnos… – dijo, saliendo de nuevo del coche.

De repente, una brisa fría inundó el habitáculo, procedente del maletero al ser abierto por él, consiguiendo espabilarla del todo.

Leo volvió en seguida con algunas prendas en las manos…

- Espero que no te importe ponerte algo mío... – dijo al tiempo que se desprendía de su propia ropa, quedando con el torso desnudo frente a ella.

Empezó a secarse levemente mientras se percataba de que Beatrice se deshacía también de su sudadera, despacio, intentando desviar su mirada de él...




- Póntela… - dijo éste cediéndole una de las prendas – Te quedará holgada pero entrarás en calor enseguida… - le aconsejó vistiéndose.




Ella se detuvo por unos instantes antes de quitarse la camiseta, pareciendo sentirse intimidada ahora por su presencia y le miró de soslayo.




- Me voy adelante. Cámbiate tranquila… - le sugirió mientras salía del coche y entraba de nuevo en él, pero esta vez sentándose en el lugar del conductor.

Ninguno de los dos se atrevía a hablar sobre lo ocurrido.

Cierta distancia parecía haberse interpuesto entre ambos de nuevo y un silencio incómodo les situaba en puntos extremos.

Tras unos instantes, finalmente, él decidió dirigirse a ella…

- Has… Recordado algo… ¿Verdad? – le interrogó dubitativo sin poder remediar mirar de reojo por el retrovisor del coche cuando ella se despojaba de la ropa mojada…




- Sí… - afirmó Beatrice posando la camisa sobre su cuerpo.

- Puedes contármelo… Si quieres… - le invitó.

Leo sabía perfectamente que debía haber sido algo traumático o demasiado importante en su vida para provocarle tal estrés emocional y llevarla al desvanecimiento.

- He recordado a un chico… Ya le he visto en varias ocasiones, por ejemplo en el recuerdo del intercambio universitario que te conté... Pero es la primera vez que soy capaz de definirle el rostro… - le confesó titubeando levemente.




- Entonces, ¿le habías recordado antes? No me habías dicho nada… - dijo mientras le ayudaba a pasar al compartimento delantero del vehículo junto a él – Y… ¿Cómo es? – le interrogó evidenciando su curiosidad.




- Tiene los ojos azules, es de lo que me acuerdo especialmente… Bueno, de eso y… - se reprimió, poniendo fin a la frase con un silencio.




- Dímelo. Por favor, confía en mí, Beatrice… - le insistió.

Necesitaba saber qué había recordado exactamente, pues quizás le diera pistas para averiguar algo más sobre ella.




- De… Sus caricias… - murmuró, provocando en Leo una quemazón que le invadió el pecho repentinamente – Además... En el recuerdo... Me pide matrimonio… Y yo acepto… - añadió cabizbaja.




- ¿Qué sientes hacia él? ¿Puedes definirlo? – preguntó con cierta impaciencia.

- Amor… - susurró tan flojo que su pronunciación fue casi imperceptible…

Al oír esa palabra, un fuerte sentimiento le revolvió el alma… Celos

 “No tengo derecho…” se dijo interiormente, apoyándose con desánimo contra el acolchado reposacabezas.



Beatrice le había calado hondo, pero si ella tenía a alguien en su vida debía respetarlo, reprimirse y no volver a interferirle emocionalmente. No por el “otro”, sino por ella misma…Puesto que acababa de reconocerle que le amaba.

No podía hacer otra cosa… 

Olvidar sus labios y caricias no iba a ser fácil, pero de momento no había alternativa.

No hasta que ella misma le diese la certeza de que sentía algo verdadero por él.




Así que debía volver al punto inicial… 

Olvidar lo sucedido aquella tarde y actuar como lo que era, su médico.

Sin embargo, le sorprendía que nadie hubiese denunciado su desaparición. Y eso le abría inconscientemente una alternativa que le alentaba, aunque egoístamente...

¿Qué esposo o novio no reclamaría la desaparición de su pareja? ¿Además de su familia?... El caso de Beatrice era demasiado extraño, pero él no podía hacer nada, tan solo esperar a que ella recordase... Esperar a que se enamorase de él... Esperar...

- Me siento muy confundida… - murmuró ella de repente, ocultando su cara con las manos en un gesto de desasosiego.




Leo tardó unos segundos en contener su voz temblorosa y por fin se dirigió a ella intentando no demostrar su tristeza…

- Beatrice… Tu memoria está despertando poco a poco... Sabías que esto iba a pasar… Debes ser fuerte… - suspiró desalentado, pareciendo solicitarse lo que decía a sí mismo.

- Conocer mi pasado es necesario, pero no debe determinar necesariamente mi futuro… - enunció con lágrimas en los ojos.




– Trata de vivir tranquila… Todo será como deba ser… Date tiempo para poder redirigir tu vida… - finalizó él con voz tenue mientras limpiaba sus lágrimas…

Ella asintió finalmente y se apoyó en él, colocando la cabeza en su hombro – Leonardo… - susurró.




- Dime… - contestó pausado.

- Lo que ha pasado entre tú y yo… - empezó a decir, pero él intervino drásticamente…

- Ha sido un desliz que no debería haber ocurrido. Debemos olvidarlo… - enunció casi de forma cruel - Volvamos a Bridgeport… – propuso arrancando el motor.

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5 comentarios:

  1. Voy a llorar...ha vuelto a levantar el muro entre ellos...y no es para menos, entiendo al pobre, pero...pero...*snif* T_T ¡Son perfectos juntos! Me he enamorado de las fotos, si es que casi se pueden palpar los sentimientos de los personajes...las últimas de Leo y Beatrice me han matado, ¡que caritas por dios! y qué guapísimos salen *.*

    Y también me han encantado las fotos de la parte de Fiona y Stephan jijiji A menuda se ha ido a buscar él, pero me ha gustado ver como ha espabilado un poco y tomado el control, si es que hacen muy buena pareja, ¡y de feo nada! será que los morenos son mi debilidad pero a mi me parece muy atractivo también ^^

    Por otro lado...no se yo si fiarme de que la amiga no vaya a decir nada, aunque creo que de las dos es la más buenecita (o eso me parece a mí), ya veremos lo que tarda en soltarlo xD

    En fin guapa ¡que me encanta! ¡que sigas pronto! ¡que me tienes muy enganchada! xDDDD

    ¡Besazos!

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    1. ¡Ah! Y no te lo he dicho pero preciosa la foto de la portada nueva del blog, que guapa es Beatrice, me encantan sus rasgos *.*

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    2. Hola guapa.

      La verdad es que era lo lógico, pero cuando hay un sentimiento así las cosas acaban por no poderse ocultar... Ya veremos qué pasa, además, lo que siente ahora mismo Beatrice no se ha dejado ver en este capi, pues al empezarlo estando ella sin conocimiento no podía hacerlo así, me parecía raro...

      Es cierto que hacen buena pareja, pero con David también me encantó cómo salieron las fotos. A ver con quién se queda, si es que se queda con alguno!

      Stephan digamos que es el feillo, o por lo menos así lo tiene mirado Fiona. A mi parecer tiene una cara dulce y de inocentón, pero la lagarta esta se aprovecha de lo que siente por ella para manejarle, olvidándose de que donde las dan, las toman...!

      Anne es buena gente, pero si la presionan, quién sabe. Aún así, creo, por ahora, que no abrirá el pico :P

      Muchas gracias por animarme a seguir escribiendo. Besos!

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  2. Ay, por fin me pongo al día, ¡qué bien! Y vaya... me he quedado en un capítulo bastante, ejem, sexy. Creo que debería ir a darme una ducha fría, o algo, jeje ;-).

    Cuántas cosas han pasado, y qué emocionante se está poniendo todo: los experimentos con ratones, el pasado misterioso y ¿traumático? de Leo, los flashbacks cada vez más intensos de Beatrice, hmmm...., hmmm....

    Por cierto, Leo está empezando a encantarme, y, a mi pesar, diré que hace muy buena pareja con Beatrice. Ah, y las fotos del picnic te han quedado preciosas, me he enamorado de ellas <3.

    Saluditos :-D.

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    1. Hola Marta!

      Si Leo te encanta... Lo de "a mi pesar" supongo que irá porque crees que al final de la trama optará por David... Si es así, sólo puedo decir que no sabéis aún qué va a suceder ni si va a acabar con alguno de estos dos... O ninguno! ¿Quién sabe?

      En mi opinión, me han quedado bastante oscuras, pero para dar el ambiente que se suponía lluvioso y ya tarde, pues pensé que un foco ahí en medio lo dejaría un poco "raro".
      No soy nada buena con el PS, así que edito las fotos online, y debo decir que las de la lluvia me han costado la vida hacerlas...

      Gracias por seguir la historia incondicionalmente, guapa.
      Bss!

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