domingo, 1 de junio de 2014

Capítulo 20



Fiona volvió a entrar a la habitación con cara de frustración…



Anne le había cortado el momento y encima se había enterado de lo suyo con Stephan, cosa que le desorientó totalmente…



Se acomodó al filo de su cama, quedando pensativa, mientras él se acercaba de nuevo a ella con ánimo cariñoso.




Empezó a besarle la espalda, lentamente, pero a ella pareció molestarle…




- Por favor, déjame en paz… - susurró, al tiempo que una arcada le hizo contorsionarse hacia delante.



- ¡Qué te pasa! – exclamó él, levantándose preocupado para sujetarla mientras ella flojeaba de las piernas.



Fiona no contestó, pues las náuseas no se le pasaban y los espasmos provocadores del vómito estaban en su apogeo. Sin embargo no regurgitaba más que bilis.



- Has comido algo que te ha sentado mal, seguro… - supuso nervioso – Vamos, te llevo ahora mismo al hospital… - insistió, mientras ella le apartaba de su lado.




- No me pasa nada… No te preocupes… - pudo decir recuperándose un poco tras unos segundos - Y por favor, vístete. No quiero que venga mi hermano y te pille así… - terminó, acariciándose el pelo en un intento de aliñarse tras el mal rato.




- Fiona, no te entiendo… ¿Por qué no puedes expresar abiertamente lo que sientes por mí? ¿Por qué no terminas de una vez con David? – pareció exigirle.




- Stephan… Jamás le contaré a David lo nuestro, y espero que a ti tampoco se te ocurra hacerlo… Siempre lo negaría… - le advirtió – Realmente no sé cómo definir lo que me ocurre contigo, pero no creas que es amor, ni mucho menos... Yo quiero a David, sólo que no estamos pasando por nuestro mejor momento… Y tú me ofreciste consuelo, ya está… - dijo, casi menospreciándole.




- De modo que ese es tu plan… Piensas tenerme como a un muñequito al que usar para tus juegos cuando te aburres o cuando no está él… Vamos, tu consolador particular… – le censuró, intentando adoptar una actitud más dominante que la que había mantenido con respecto a ella hasta entonces.




- Yo no uso a nadie más de lo que me usan a mí... Déjame sola, me encuentro mareada y quiero descansar… – le instigó, invitándole a marcharse.




- ¿Qué? – le interrogó incrédulo - ¿Estás volviendo a echarme de tu lado? – preguntó, intentando provocar cierta inseguridad en la respuesta de ella.



- Sí… – dijo ésta sin dudarlo por un segundo.



- Fiona, estoy cansado de que me utilices… Si me voy ahora no volveré. No estoy dispuesto a dejarte jugar con mis sentimientos una vez más… – le advirtió, pensando que esta vez sus palabras sí le harían recapacitar.



- Te recuerdo que no estás en posición de decirme eso, precisamente tú a mí, señor Don Juan… - le recriminó, recordándole el tema de la chica con la que se acostó aquella noche.




Stephan calló por unos segundos, tras los que por fin se decidió a contraatacar…



- Cuando de verdad quieras algo serio conmigo ya sabes dónde encontrarme… En mi casa... No me llames por teléfono porque no te lo voy a coger y no me mandes recados a través de nadie tampoco... Estoy cansado de tus desprecios y hasta que no me busques de forma sincera y por voluntad propia diciéndome que le has contado lo nuestro a David, y al mundo entero, no pienso volver a saber de ti… Aunque me duela… - enunció con bastante seguridad, mientras recogía su ropa – ¡Ah! Y que yo sí sea capaz de reconocer mis sentimientos no significa que sea tonto, sino más bien al revés. Tenlo en cuenta… - añadió, terminando de vestirse.




- No serás capaz de aguantar… - se jactó ella, recostándose en la cama, mientras adoptaba una pose orgullosa, a la vez que provocativa.



La seguridad que ella aparentaba le hizo sentir más ganas aún de cumplir lo que le había dicho...



- Eso ya lo veremos… - bisbiseó mientras salía por la puerta, sin tan siquiera despedirse de ella.




*******



Cuando David hubo salido del despacho, ojeó por encima el extenso informe que éste le había dejado sobre la mesa.




A medida que avanzaba en su lectura, más crecía su asombro, sin poder evitar relacionarlo con la sustancia que Leonardo le había estado enviando semanas atrás.




Pero David era un buen chico, no podía tener nada que ver con ese asunto tan extraño y dudaba que hubiera experimentado con humanos…



Incluso se reprochó haber sido capaz de preguntarle por ello… Evidentemente le había molestado.


                                                                

Después de todo, era como si no hubiera confiado en su propio alumno, quien estaba claro que no iba a darle las pruebas que le implicaran en algo así… Era ridículo.



Sin continuar con la lectura, decidió hacer una llamada, pero el teléfono del destinatario parecía estar apagado o fuera de cobertura…




*******



Llegó a la habitación y se sentó en su cama, un poco decepcionado por la desconfianza que le pareció ver en Rodson… ¿Cómo podía pensar que hubiese experimentado con alguien?... Además, no entendía a qué venía esa pregunta…




- Hola David – le saludó Michael entrando de repente al cuarto - ¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara de palo? – le interrogó.




- Nada, solo estoy algo cansado – le contestó desganado.



- Ya… A ti lo que te hace falta es una nena que te vuelva loco… Te aburres demasiado… – dijo bromeando mientras se sentaba sobre el escritorio.




- Ya tengo una, pero da la casualidad de que me vuelve loco en el sentido contrario al que piensas… - le contestó irónicamente.



- ¿No me digas que aún te comes el coco por la hermana de Albert? Pero díselo de una vez, tío… ¡El tiempo es oro! – le aconsejó.



- Sí, sí… En unos días acabaré por fin con esta ridícula situación… - afirmó suspirando – Y ahora, hablando en serio… Y, ya que has dicho lo de volverme loco… Hay una persona que ocupa mis pensamientos últimamente… - le confesó - No la conozco de nada, pero por alguna razón, me atrae mucho... – añadió, quedando como abstraído en su recuerdo.




- ¿Es de aquí? – le preguntó curioso, con su típico punto cotilla.




- No… Fue hace unas semanas, en Bridgeport. Estábamos de botellón y la encontramos tendida en la rivera. Al principio pensé que estaba muerta. No se movía y estaba hecha polvo. Pero al acercarme noté que respiraba, así que la llevé rápido al hospital. Tenía los ojos muy hinchados y estaba llena de rasguños y cortes, pero, por alguna razón… Me llenó… – le explicó, poniendo un gesto de desconcierto.



- Estas un poco mal David… Definitivamente te gustan las cosas raras. Eso debe ser el efecto del laboratorio y tanto experimento… - se rió.




- Sabía que no lo ibas a entender, no sé para que te lo cuento… - dijo frustrado.



- Que sí te entiendo… Tenía un buen polvo y te quedaste con las ganas… – siguió con la broma.



- No es eso… Es una fuerza extraña que parece llevarme hacia ella. Intenté verla pero ya no hubo manera… – comentó con cierta tristeza.




- Entonces olvídala… Yo que tú, iría haciendo planes para el intercambio de la semana que viene… Estoy que me salgo ya por ver a esas italianitas rondando por nuestra residencia con sus sugerentes minifaldas… - murmuró con un hilo de voz libidinoso.




David ladeó una sonrisa al ver la cara de su amigo, pero lo cierto era que recordarla de nuevo le hizo sentir desánimo.



*******



En ese momento, sus palabras cayeron sobre mí como un jarro de agua gélida, hiriéndome profundamente, de tal manera que sentí un pellizco ardiente retorciendo mi estómago de impresión al oírle pronunciarlas…



Entonces me aparté bruscamente de él, y a juzgar por su actitud, entendí que era eso precisamente lo que buscaba en ese instante.




Arrancó el motor y el coche enseguida comenzó a avanzar por el abrupto terreno…



Durante buen rato reinó el silencio entre nosotros, acompañado tan solo por el estruendo de intermitentes relámpagos que iluminaban el cielo por momentos y el ruido de las gotas de lluvia chocando incesantemente contra el parabrisas, las cuales me evocaban de nuevo su olor, su tacto, sus labios... Mi necesidad de él.



Pero estaba claro que pretendía volver a interponer la habitual distancia “paciente-médico” entre nosotros… Sin tener en cuenta mis sentimientos… Sin tan siquiera permitirme contarle que aquella tarde le había sentido como lo más importante de mi vida…




Explicarle que no deseaba vivir el presente aferrándome al pasado… Un pasado que no conocía y que sinceramente, no presagiaba prometedor.



Si ese chico al que recordaba, era mi pareja actual, ¿por qué no denunciaba mi desaparición?... Y, aunque así fuera… ¿Y si yo ya no quería volver a mi verdadera realidad?...




Sin embargo, tras analizar de nuevo lo ocurrido, no pude culparle exclusivamente a él…



Después de todo, yo había admitido que sentía “amor” por otro hombre justo después de nuestro acercamiento. 

¿Qué podía hacer él entonces más que apartarse de mí?



Me había dado perfecta cuenta de su repentino cambio de actitud justo en el momento en que se lo confesaba... Y, si bien era cierto que añoré al de azules ojos cuando recobré el conocimiento, su recuerdo se fue diluyendo gradualmente, mientras era sustituido por el del sabor de los labios de Leo, el calor de su cuerpo sobre mí y mis ganas de entregarme a él sin reservas…



Así, a medida que el rato pasaba, sus palabras me herían menos, pues iba comprendiendo su reacción, y acabé sintiéndome culpable por habérselo contado…



¿De qué me había servido mi sinceridad?...

Tan sólo para alejarle de mí otra vez, por algo que ni siquiera sabía si existía, algo que estaba pasando irremediablemente a un segundo plano dentro de mí…




Entonces, me prometí no volver a contarle nada parecido si volvía aflorar en mi mente… Silenciar mis recuerdos y dejarlos sólo para mí…


- ¿En qué estás pensando, Beatrice?... – me asaltó de repente.




- ¿Ahora sí quieres saberlo? - le devolví la pregunta con cierta reticencia y algo de orgullo.



- Sé que he sido muy cortante antes… Por eso te pido perdón… - se disculpó – Y… Espero que no haya cambiado nada entre nosotros… - añadió con tono conciliador.




- Al contrario… Todo está ahora más claro que antes… – le respondí segura.



- ¿En qué sentido? – interrogó con curiosidad desviando su mirada del camino.




- Los recuerdos, recuerdos son… No son mi presente, sino mi pasado… Porque mi presente eres tú… - murmuré cabizbaja, esperando por su parte cualquier otro tipo de corte parecido al anterior.



Sin embargo, se quedó callado por unos instantes… Y aunque no podía distinguir bien su rostro, me percaté de que su gesto se presentaba tal vez triste.



- Beatrice, precisamente porque te… - hizo una breve pausa, pareciendo querer buscar la palabra adecuada para continuar su discurso - …considero, no quiero que dejemos crecer una situación que tarde o temprano te puede llevar a sentirte mal, sé por qué lo digo, soy médico… Y todo esto sólo me lleva a una única salida, aunque me duela… - dijo, captando mi total atención.



- ¿Qué salida?... – le interrogué expectante.




- Nada… - contestó, pareciendo no querer decírmelo, lo cual me puso más nerviosa.




- Por favor, dímelo… - susurré.




- Olvidarme de tu caso… Cedérselo a otro profesional de mi confianza que pueda tratarte mejor que yo… Favorecer tu recuperación de verdad, pero con alguien que realmente pueda controlar la terapia… - enunció directo - Aunque sienta que no quiero… Al mismo tiempo sé que es lo que debo hacer, por tu bien… Y por el mío… - afirmó asolado.



- Pero… No entiendo por qué… – sollocé con incipiente ansiedad al tiempo que una lágrima se desbordó repentinamente de mi ojo, corriéndome ya por la mejilla.




- Jamás te dejaría, Beatrice. Pero la situación lo requiere, no es porque sí… No obstante, seguiremos viéndonos, como amigos… Siempre te apoyaré, pero no seré por más tiempo quien intente que te cures, porque no lo estoy haciendo bien… Demasiado te he influido ya… - se recriminó con cierta decepción.




- Pero… Sé lo que siento por ti… Es como si sólo tú pudieses tener la total seguridad acerca de tus sentimientos… La certeza de conocer los míos… Y decidir por ambos… Por ser médico crees que lo sabes todo... – me desesperé, incluso levantando el tono de voz, mientras sentía que una inusual sinrazón se apoderaba de mí.



Él calló por unos instantes…



- Es por mi recuerdo de esta tarde, ¿verdad?... Es por él… - dije, emitiendo un leve gallo debido al nudo que oprimía mi garganta.




- Por favor, no me lo pongas más difícil… - suplicó, de forma que pude oírle exhalando el aire en una especie de profundo suspiro.



No pude evitar entonces liberar mi pena y desesperación, ahogando mis sollozos contra mis propias manos, que trataban de acallarlos inútilmente.



Leo detuvo la marcha de golpe y me abrazó fuerte...




- Beatrice, por favor, perdóname… No podría dejarte, jamás… Lo siento, pero no tengo fuerza… Olvida lo que te he dicho, es otro error más… - me intentó consolar, pareciendo a la par hacerlo consigo mismo – Seguiré contigo hasta que sólo tú seas quien me aleje de ti… - susurró.






*******



Más tarde…



El agua caliente humeaba al entrar en contacto con su piel, mientras cerraba los ojos e intentaba relajarse por unos minutos. 




Pero evitar pensar en ella y en toda la situación era imposible. Sus sentimientos eran fuertes, quizás más de lo que hubiera cabido esperar… Incluso más que con Madison… Este último pensamiento le dolió, pero no podía negárselo a sí mismo.



Salió de la ducha y empezó a secarse desanimado. 

Después, se dirigió a su dormitorio. Se vistió y dejó caer el peso de su cuerpo sobre la cama, derrotado interiormente.




Entonces, un suspiro se le escapó mientras fijaba su mirada en la foto de la cómoda.




En ese instante, un tono sonó en su teléfono móvil avisándole de un mensaje entrante…



R.Rodson ha hecho 1 llamada el día 24/09/2002 a las 19:48 horas.”



Marcó su número y esperó respuesta…



Conversación telefónica



Richard: Eh, Leonard… Te llamé esta tarde…



Leonardo: Sí, acaba de llegarme el mensaje de texto avisándome. Seguramente no tenía cobertura cuando me llamaste… Estuve todo el día fuera de la ciudad… ¿Has averiguado algo más?




Richard: Bueno, averiguar no mucho. Ya te dije que mi alumno tenía algo que contarme sobre la melatonina… Pues bien, al parecer a principios de verano obtuvo un preparado accidentalmente, muy parecido en su base a la sustancia que me enviaste… Pero al mismo tiempo se alejan una barbaridad en cuanto a sus características químicas... Según el patrón que me ha entregado él, a simple vista, parece que es algo mucho más rudimentario que lo de la chica, no es del todo lo mismo. Aún no he leído todo su informe, es extenso y me lo ha dejado hace un par de horas. Así que siento no poder esclarecerte nada más por ahora…




Leonardo: Me gustaría conocer a tu alumno… *Se levanta denotando intranquilidad*




Richard: No vayas por ahí, te estás precipitando Leonard… Deja que lo estudie bien todo primero… Puede ser una casualidad. Las sustancias no son las mismas, aunque parezcan compartir su base…




Leonardo: *Calla por un instante…* De acuerdo…



Richard: Y, por cierto… ¿Qué tal… la paciente guapa? 




Leonardo: Llámala Beatrice… *Suspira*



Richard: ¿Beatrice?



Leonardo: Sí. Así me dijo que la llamase al proponerle que pensara en un nombre para poder dirigirme a ella, y por la forma que tuvo de decidirse diría que es su nombre real.

Richard: Pues no se oye mucho por aquí con esa pronunciación…

Leonardo: Lo sé, es italiano.

Richard: Qué raro…

Leonardo: Sí… Y siguen sin dar señales de vida familiares, amigos o cualquier otra persona que diga conocerla… Es como si estuviera sola en el mundo…

Richard: *Calla por unos segundos* Y… ¿Dónde está ella ahora? ¿Sigue en el hospital?



Leonardo: No. Le he alquilado un ático a dos manzanas de mi casa porque le daban el alta y está claro que no la iba a dejar en la calle… Además… *Carraspea, cohibiéndose levemente*




Richard: ¿Además?... *Pregunta con curiosidad y a la vez cierto rintintín*




Leonardo: Además se está convirtiendo en alguien demasiado especial para mí… No voy a engañarte, ahora mismo es el centro de mi vida. Estoy cada vez más enamorado de ella… Sé que lo que te digo no es nada profesional, pero me resulta casi imposible controlarme cuando estoy a su lado. Además, ella parece corresponderme en ciertos momentos.

Richard: El tiempo cura las heridas, incluso las más graves. Y sinceramente, me alegro mucho… Olvida la profesión, la realidad es que antes que médico eres persona, y más si ella se muestra receptiva...

Leonardo: En parte me noto liberado, pero por otro lado, tengo miedo a perderla… Sé con seguridad lo que siento, y puedo afirmar que es amor. Sin embargo, pienso que ella está bajo un *exceso de transferencia… Me he involucrado tanto en su recuperación que he conseguido enamorarme y, de paso, confundirla, de tal forma que ahora proyecta en mí sus recuerdos y vivencias llegando a pensar que realmente está enamorada… Intento aplicar una terapia adecuada, pero no soy capaz de fingirla…




Richard: Te entiendo… Sin embargo el psicoanálisis es demasiado complicado y tiendo a simplificar mucho más las cosas… Tú la quieres, ella te quiere, pues ya está, a vivir que son dos días… Hay que aprovechar las oportunidades al máximo… Y es precisamente lo que debieras hacer tú.

Leonardo: Richard, te digo que no me quiere a mí, sino a su pasado y tiende a asociarlo conmigo. Y si no pongo freno a esta situación, acabará echándome en cara que traté de seducirla mientras ella aún estaba recuperándose y débil emocionalmente. Será entonces cuando me vea como un problema en su vida real.

Richard: Comprendo tu miedo… Pero quien no arriesga, jamás gana... Y esta puede ser la oportunidad de rehacer tu vida. Que ella no recuerde su pasado no quiere decir que no esté forjando un presente, que también forma parte de su vida...




Leonardo: Esta misma noche, le dije que debería poner su recuperación en manos de otro profesional de mi confianza, pero ella se opuso totalmente elevando la voz, nunca antes la había visto así de nerviosa…

Richard: Y es normal. Leonard, no dudo que pueda ser lo que supones, pero… ¿Y si ella realmente siente lo mismo que tú? ¿Te has puesto a pensarlo acaso?




Leonardo: Levemente… Estoy convencido de que no siente hacia mí lo que cree. Esta tarde nos besamos y eso desencadenó en ella un recuerdo que la hizo apartarse de mi lado, luego se desvaneció. Al poco de recuperar la conciencia, dijo que estaba confundida, mostrándose algo reacia conmigo, pero después, me dio a entender que sentía algo importante por mí. Es lo que te estoy diciendo…




Richard: A veces en la vida, el tren que esperas solo pasa una vez, y aunque lo tengas delante de tus narices, no lo ves… Sólo te das cuenta cuando desaparece a lo lejos… Es entonces cuando comprendes lo estúpido que has sido por no subirte… Piénsalo…

Leonardo: *Suspira hondo…*

Richard: Bueno, cambiando de tema… Esta semana voy a estar muy liado, pero la semana que viene podré ir unos días a Bridgeport. Además tengo que arreglar unos asuntos allí y quiero aprovecharlos lejos de la Universidad, con Eve… Últimamente estamos distanciándonos… Dice que no le dedico el suficiente tiempo, ni a ella ni a las niñas… Y creo que se huele algo sobre mis “escapes” esporádicos…

Leonardo: Richard, tu familia es lo primero, ocúpate de ellas y olvídate de aventuras, te lo digo siempre...

Richard: Sí… Estoy harto de andar entre faldas… Esta vez me he dado cuenta de que adoro a mi mujer… 




Leonardo: *Silencio*




Richard: Pues, a ver si quedamos ya que voy para allí… ¿Qué te parece si salimos los cuatro, una noche? ¿Tú, Beatrice, Eve y yo…?

Leonardo: Me parece buena idea…

Richard: He reservado mesa para dos… Tengo planeada primero una cena romántica con Eve. Después, estaría bien quedar e ir al concierto de clásica de Bridgeport del miércoles que viene y cuando termine salir a tomar unas copas a algún pub tranquilo.




Leonardo: Por mí perfecto, y supongo que a Beatrice también le gustará la idea. Le encanta la música clásica…




Richard: Entonces no se hable más. Nos vemos en el Bridgeport Avenue a eso de las diez de la noche el próximo miércoles... Y recuerda, intenta ser feliz.




Leonardo: Sí... Cuídate hasta entonces… Ciao.

Richard: Bye…

*******

* El exceso de transferencia psicoanalítica

Tras la transferencia, llega la revelación del objeto. Aunque la transferencia facilita el desarrollo correcto de la cura y alivia a la persona, puede aparecer rápidamente otro problema: el exceso de transferencia. El psicoanalista despertará en el paciente determinadas emociones, a las que podemos ver como un afecto real, el sentimiento amoroso e incluso el deseo. La transferencia supone entonces un problema. El hecho de que un paciente se enamore de su analista pone de manifiesto que la transferencia ha sido mal gestionada: se trata de una hipertrofia de la relación, lo cual no es deseable. Será el terapeuta el encargado de poner fin a una transferencia de naturaleza amorosa o erótica. La buena gestión de la transferencia es una de las tareas principales del terapeuta que debe ser consciente de esta singular relación y tener cuidado de no avivar un sentimiento. Una relación paciente/terapeuta orientada hacia una relación amorosa, una relación sexual o de odio, representa un gran obstáculo en el camino de la curación.
En realidad, la transferencia es el centro de toda relación paciente/médico, sean cuales sean las nuevas formas que adopta hoy la terapia. “Por esta razón, la supervisión, representa una valiosa red de la que deberían disponer todos los equilibristas de la psique”, concluye J.-D Nasio, que ha afirmado que es un trabajo de alto riesgo y que requiere una buena vigilancia.

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4 comentarios:

  1. "Seguiré contigo hasta que sólo tú seas quien me aleje de ti…" <---- Hmm, esta frase... esta frase da qué pensar...

    Y Fiona y Beatrice siguen más confundidas las dos... Eso si, la primera con un "ligerillo" problema de actitud, jeje. ¡Menuda es!

    Por cierto, Stephan visto así en primer plano, sin gafas, y digamos... ligerito de ropa, es bastante atractivo, tiene su punto.

    PD: Ah, y muy interesante tu apunte sobre la transferencia psicoanalítica. Creo que voy a estar pensando sobre ello un rato...

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    1. Hola Marta.
      En efecto, esa frase puede dar que pensar, sin embargo, también puede ser reflejo de lo que él piensa que va a pasar. Ya hemos visto que está convencido de que ella realmente no le quiere, y que sólo está bajo un exceso transferencia...
      Ya sabréis qué le pasa a Beatrice en verdad!
      Fiona va a recibir de su misma medicina. Ali también piensa que Stephan es hasta guapillo. Yo sinceramente, no. No es un personaje que me currase mucho, la verdad es que es reciclado de uno que me descargué por ahí.
      Muchas gracias por leer y comentar, preciosa. Un besazo!

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  2. Este capítulo ha tenido de todo y hemos podido ver a casi todos los personajes, me ha encantado.

    En primer lugar me ha gustado mucho ver a Stephan mostrando carácter, una cosa es estar enamorado y tener paciencia, pero a Fiona le gusta mucho jugar con los límites de los demás, estoy deseando ver cual de los dos rompe su promesa antes, yo pienso que será ella xD

    Por otro lado, estoy viendo que hay un nexo entre los dos protagonistas (el profesor), y esto creo que les llevará a encontrarse tarde o temprano. Aunque no sé...hay algo que me escama un poco sobre ese hombre, será porque soy muy mal pensada y aun me quedan muchas dudas sobre lo que le pasó a Beatrice.

    Y Leonardo me da mucha pena, ahora que empieza a tratar de pasar página...entiendo su postura y tiene su lógica desde ese punto de vista, pero creo que también está intentando escudarse en parte, tratando de racionalizar lo que siente Beatrice para prepararse para el golpe que pueda sufrir si aparece en su vida esa otra persona. No sé, quiero creer que ella le ama realmente, pero es algo que ya desvelarás a su debido tiempo ^^

    Por cierto, muy interesante el apunte, me ha hecho entender mucho mejor la postura de Leonardo y su motivo para querer alejarse de ella.

    En fin, un beso guapa, ¡y perdona por no comentar antes! Lo leí casi cuando lo publicaste pero estaba tan sopa que dejé el comentario para otro momento de más lucidez mental xD

    PD: ¡Quiero esa cámara en la ducha apuntar un poco más abajo! :3

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    1. Me alegro de que te haya gustado!

      Estás muy en lo cierto, Richard conoce a ambos, y eso al final puede ser que les haga encontrarse, casualidades de la vida xD
      La postura de Leo es una mezcla de todo. Lo ha pasado mal, y no quiere volver a sufrir, eso es lógico, esperemos que poco a poco se le vaya pasando todo el dolor y bueno, lo que al final suceda me dará pena tanto si es con uno o con el otro. Debo decir que el final lo cambio todos los días... Quiero decir que, según va avanzando la historia, voy teniendo menos claro con quién acabará Beatrice... Es una putada xD

      No tienes que disculparte! Yo también tengo que leerme el capi que has publicado ayer. A ver si puedo mañana por la noche!

      Esa foto es sustitutiva de otra, que como no me salía el efecto agua de ducha ni con ps ni online pues la dejé. Salía mejor, pero no estoy puesta en eso de editar imágenes.

      Muchas gracias por leer y comentar, es un placer tenerte por aquí siempre.
      Besos!

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