lunes, 9 de junio de 2014

Capítulo 21




Una semana más tarde…


“11:48 a.m.”



El sol rayaba el cristal de la ventana de mi habitación, haciéndome despertar al proyectarse directamente sobre mis ojos.




Me desperecé lentamente, aún en la cama…



- Buenos días… - susurró Leo de repente, cortándome el bostezo “ipso facto” a la vez que daba un brinco.




- ¡Qué susto! – bufé, incorporándome algo desorientada – Me… ¿Me estabas mirando mientras dormía? – le interrogué extrañada, titubeando al notar cómo me abordaba inesperadamente.




- Sí – afirmó con marcado descaro – Y no veía el momento en que despertaras… - añadió con voz débil, desabrochando los primeros botones de mi vaporosa camisa para dejar parte de mi torso descubierto ante él.




Su actitud tan directa me hizo quedarme estática y confundida, totalmente quieta… Expectante y deseosa…



Entonces, un improvisado calor subió y bajó varias veces dentro de mí en menos de un segundo y, acto seguido, noté como si esa quemazón quisiera escapar por mis poros en forma de leve sudor ardiente, a la vez que frío.



- Sabes que te deseo, Beatrice. Lo sabes… - murmuró insinuante, ya casi rozándome, de forma que podía oír perfectamente su ajetreada respiración palpando mi tez.




Tragué saliva y cerré los ojos, mientras sus dedos empezaron a acariciarme el rostro,  recreándose por unos segundos en mis labios, ligeramente entreabiertos, para después bajar despacio por mi cuello, hasta terminar por perderse bajo la etérea tela que cubría sutilmente mis senos.



Ansié besarle, pero conseguí contenerme, esperando a que fuera él quien tomase la iniciativa…



Entonces, sus manos fueron a parar a la parte más baja de mi espalda, atrayéndome casi bruscamente hacia él, reuniendo nuestros torsos al máximo, y, en seguida, su boca se posó sobre mi escote, subiendo lentamente mientras los vellos de todo mi cuerpo se erizaban bajo la fina camisa…




- Olvídale... Olvídale y quédate conmigo para siempre… - susurró suplicante, penetrándome con su intensa mirada.




Afirmé, moviendo levemente la cabeza…

- Leo… - le anhelé, exhalando su nombre mientras le mordía el labio inferior sin poder resistirme por más tiempo.




Su lengua se deslizó entre mis labios y tomó posesión de mi boca, encendiéndome de manera progresiva, mientras sus seguras manos contorneaban mis caderas, acariciándome hasta sujetarme firmemente por las nalgas…




Me elevó así hacia él, lenta pero decididamente...



Y le atrapé, enroscando mis piernas alrededor de su cintura, al tiempo que mis dedos navegaban por su suave y tupido pelo.




- Júrame que eres mía… - bisbiseó, haciéndome estremecer mientras me recostaba en la cama.




- Lo juro… - enuncié firme - … Lo juro… - repetí, oyéndome a mí misma con cierta desesperación en varias ocasiones y cada vez más alto, de tal forma que mi juramento se fue diluyendo inevitablemente entre el sueño y la realidad…



Entonces, una lengua bastante babosa empezó a lamerme la cara insistentemente…



Bruno se había subido a la cama proponiéndose despertarme, y lo había conseguido en el momento más inoportuno…




- Uff… – espiré, aún bastante excitada, apartándole ligeramente mientras lloriqueaba.



- ¡¿Beatrice?! ¡¿Estás bien?! – escuché a Leo que entraba preocupado en la habitación.




- ¿Eh? – me sobresalté aturdida, recordando inevitablemente su cuerpo sobre mí – Sólo… - aguanté la respiración por dos segundos para intentar normalizar mi sofocado jadeo antes de seguir hablando - Ha sido un sueño… – suspiré, queriendo camuflar el calentón.




- Parecías estar pasándolo mal… - intervino de nuevo, mientras la impresión de recordar precisamente cómo lo estaba pasando se jactaba de mí.




- Bueno… No tanto… - dije, levantándome de la cama, procurando disimular – Oye, Leo… Si por las noches te marchas tan tarde de aquí ¿cómo puedes estar siempre de vuelta tan temprano? – le interrogué acicalándome, para desviar la conversación.




- Pues… Porque yo no soy un dormilón como tú… Por cierto, son cerca de las doce del mediodía, bella durmiente… – bromeó – Ya fuera de bromas, nunca he sido de dormir mucho, aunque sí de remolonear en la cama… –  dijo.



“¿Remolonear? ¿Cama?”… Suspiré de nuevo, intentando que bajase el calor que aún se concentraba en mi interior.



Esto de reprimirme estaba sobrepasándome… No era nada fácil…



- Supongo que recuerdas lo de esta noche… - comentó, saliendo al mismo tiempo de la habitación.




- Claro… ¡Me lo repetiste ayer como cinco veces! – me burlé en tono alto para que me escuchase al otro lado del tabique, algo más relajada.



- Hace meses que no los veo. Son muy buenos amigos… - dijo, entrando de nuevo al dormitorio con una bolsa en la mano - Además, es un matrimonio muy agradable, ya verás… Te va a encantar conocerles… – añadió.




Le miré intrigada, intentando saber qué contenía aquella bolsa de papel…



- Te he comprado un vestido… - afirmó ilusionado, pareciendo guardar algo más pequeño en su bolsillo - Espero que te guste… - continuó alegre, mientras me lo mostraba pareciendo olvidar que, si bien era cierto que llevaba unos días en que perfilaba todo mucho mejor, aún cubría mi vista una nebulosa incómoda.




- Me encanta ese color… - afirmé contenta.




- Te conozco más de lo que piensas… - sonrió.



- Pero… No gastes más dinero en mí, Leo… Ya tengo bastante ropa. Cada vez me siento más en deuda… - dije esta vez más alicaída.



- Me basta con que me regales tu sonrisa cada mañana... - enunció, silenciando después por varios segundos, para proseguir con el vestido… – Si quieres puedes probártelo... – me propuso dándomelo.



Me lo extendí por delante para comprobar que era mi talla, algo coqueta, dedicándole una sonrisa.



- El burdeos realza tu hermosura… - dijo, a la vez que me sentí sonrojar - Beatrice… ¿Qué piensas de que nadie denuncie tu desaparición? – me preguntó tras una breve pausa.



- Será que… ¿No me quiere nadie? – medio bromeé, respirando profundamente, pues no tenía otra manera de afrontar mi extraña situación más que restándole importancia.




Además, con que él estuviera conmigo me bastaba y realmente era lo único que deseaba.



- Pues no saben lo que se pierden… - enunció en un murmullo casi imperceptible que me halagó.




- Leo, eres… Muy especial… - dije, al tiempo que un incipiente deseo me volvía a embargar.



Me atreví entonces a avanzar hacia él y, aunque algo indecisa, me entrelacé a su torso, rodeándole con pausado mimo. 




Tras unos segundos algo reacio, me recibió cálido, devolviéndome el abrazo.



Respiré hondo y acomodé mi cara en su pecho, sintiendo el acelerado latir de su corazón contra mí.



Me sentía tan protegida en sus brazos, que no deseaba separarme de él, sino quedarme para toda la vida envuelta entre ellos.



- Beatrice… - pude notar cómo tragaba… - ¿Qué sientes por mí? – me asaltó, haciendo que mi estómago diera un fuerte vuelco.

Por primera vez desde aquel día en la sierra noté el muro caer entre nosotros…



- Que no pienso en otra cosa que no seas tú… Que eres mi vida… – susurré cerrando los ojos mientras hundía aún más mi cara en él.





- Si pudieras entenderme… Si fuese tan fácil actuar como realmente deseo… - suspiró, enredando tembloroso sus dedos en mi cabello.




Alcé el rostro y le acaricié el mentón con mi nariz… - Hazlo entonces… - le sugerí, rozando sus labios con mi aliento.




En ese momento, un espeso humo, acompañado de fuerte olor a quemado, empezó a inundar la habitación…



- Las… ¡¿Tostadas?! – se intranquilizó – Dios, se me olvidaron por completo… - dijo, corriendo hacia la cocina.



*******



- ¿Crees que estoy bien así? – le preguntó Mich, adoptando una pose presumida que le provocó una carcajada.




- No sé… - rió - ¿Qué quieres oír? – le interrogó con guasa.




- Que voy a romper la pana hoy… Por supuesto… - bromeó.




David negó moviendo la cabeza sonriente mientras se ponía los zapatos, en un gesto de dejarlo por imposible.



- Uff, David, tío… El año pasado Cristina me marcó… ¿Te acuerdas de ella? – le interrogó ensoñador.




- Sí… Para no acordarme… No me dejasteis pegar ojo durante toda la semana de intercambio… - se quejó irónico.




- Pues prepárate porque este año pienso pasarlo mucho mejor. Y por supuesto tú conmigo, no me vas a dejar tirado, que a veces pienso que debes ser algo mariposa… - guaseó.



- Sabes que soy reservado con esas cosas… – le respondió David con cierta voz de paciencia.




- ¡A vivir que son dos días! – exclamó Mich, intentando imitar el tono gracioso de su profesor cuando solía decirlo bromeando en clase.




David rió al recordar que, efectivamente, esa expresión era típica de Rodson y la tomaban casi como una broma, incluido él mismo al decirla como una coletilla en muchas de sus frases.



- Pues eso, a disfrutar David, no me jodas este año el intercambio, que la universidad no está solo para estudiar… – ultimó mientras salían de su habitación para recibir a los chicos y chicas del intercambio italiano, que ya parecía haber llegado a juzgar por el murmullo acalorado de los estudiantes que podía oírse incluso desde el interior del edificio.



*******



No había vuelto a verle desde aquel día en que tan soberbio decidió irse de su casa.



Y ni siquiera la había llamado…



Una semana había pasado ya sin dar de nuevo señales de vida y aún no era capaz de dar crédito a tal comportamiento.



- ¿Qué tal te encuentras hoy, hija? – se interesó Judith, entrando en la habitación de repente.




- Estoy bien, no te preocupes tanto por mí, ya no soy una cría… - le contestó Fiona con cierta desgana.




- Para mí siempre serás mi pequeña, Fiona. Soy tu madre y me preocupo por ti… Es inevitable. ¿Has vuelto a vomitar? – le interrogó.



- No – mintió – Así que por favor, no me traigas más al Dr. Murray. Me cae fatal y me pongo peor sólo con verle aparecer por la puerta… – añadió.




- De acuerdo, sólo si me prometes intentar comer… Es que incluso llegué a pensar que estabas en estado… - comentó sonriente, pareciendo descartarlo, como si eso fuese algo imposible.



Su suposición removió el estómago de la joven, que recordó en un segundo a sus dos amantes…




- ¿Sabes que tu padre va a venir unos días a casa? – intentó animarla.




- Pues mejor hubiera sido que se quedase entre las piernas de alguna de sus jóvenes amantes… - dijo, hiriendo sin piedad a su madre, quien conocía perfectamente la forma de vida de los últimos veinte años de su marido, pero seguía doliéndole en lo más profundo de su alma – Preferiría no verle. Estoy muy decepcionada de él… - afirmó afligida.




- Hija, perdónale. Los hombres a veces no saben aguantar sus ganas de vivir al límite, a su ritmo, y bueno, yo accedí a casarme con él y tengo lo que sabía que algún día iba a suceder, supongo… Siempre fue así… – dijo Judith, intentando excusarle, encima.




- Que te lo merezcas no me extraña… Jamás supiste imponerte. No tienes carácter, y a papá le hace falta precisamente eso, una mujer que sepa dirigirle, que lo cautive cada día… La mujer no ha de mostrarte cálida, cariñosa ni débil con ellos, sino al contrario… Debes ser dura y segura, tenaz y orgullosa. Sólo tú eres la culpable de que tu matrimonio haya fracasado… - la castigó con sus duras palabras sin ningún miramiento - Pero a eso ya estoy acostumbrada… Lo que me duele es que no quiera saber apenas de nosotros dos, de Albert y de mí... Somos sus hijos… - enunció.




Judith calló por unos instantes, y quedó pensativa mirando al vacío, intentando contener las lágrimas.



- ¿Y qué se supone que se le ha perdido esta vez en Bridgeport? – le interpeló.




- No sabe aún cuándo viene exactamente, seguramente sea el mes que viene – aspiró el agüilla que humedecía su nariz - Todo depende de cómo avance la apertura de la Galería de Arte… - le informó, intercalando su expiración con un hondo suspiro.




- ¿La Galería? Pero si lleva paralizada un montón de meses… Creí que ya no la abriría… - gruñó Fiona.



- Ya le conoces, cambia de idea de la noche a la mañana… Así que… no tiene más remedio que venir, para la inauguración… - confesó Judith, cabizbaja.



- Ya sabía yo que no venía para vernos expresamente… – afirmó con una leve sonrisa que quería ocultar su profunda rabia.



Pasaron apenas segundos cuando la madre intervino de nuevo, intentando cambiar de tema… - Te estás quedando consumida por no comer, me tienes realmente preocupada hija… Y si tu padre te ve así también se intranquilizará… - afirmó.




- Estoy mejor… - respondió Fiona con relativa paciencia – David me ha dicho que vendrá en una semana y estoy mucho más animada – disimuló – Estará aquí unos días después del intercambio que tienen precisamente hoy… Y por fin todo volverá a ser como antes, supongo... – suspiró, pensando en la posibilidad de embarazo que su madre había mencionado al inicio de la conversación y que le retorcía el vientre sólo con imaginarlo…



Judith la miró sonriente – Me alegra saber que todo está bien entre vosotros de nuevo… - enunció, acariciándole la mejilla cariñosamente, intentando darle y a la vez encontrar algo de complicidad en su hija – Voy a la cocina que Rania está con la comida y sabes que me gusta supervisarla. Hoy espero verte en el comedor a la hora del almuerzo – ultimó, saliendo de la habitación.




Fiona se sentó sobre su cama, bastante nerviosa…



“¿Y si estoy embarazada?” se interrogó… “No, eso es imposible… Estoy tomando el  anticonceptivo…” intentó tranquilizarse.



Respiró más serena y nuevamente Stephan hizo aparición en su mente…




“¿Qué se habrá creído?” farfulló indignada “No me haces ninguna falta, Stephan” añadió en alto, en un intento de auto convencimiento.



Recogió su teléfono móvil de la mesita y marcó el número de David…



Stephan estaba despreciándola y no podía soportarlo... “Si no vienes por las buenas, lo harás corroído por los celos…” murmuró, esperando respuesta por parte de su todavía “novio” al otro lado del aparato.



Dio línea durante unos segundos, pero David no respondió…



Esto le molestó también…

¿Acaso quería a los dos, o no quería a ninguno? 

No se entendía ni a sí misma, parecían confluir en ella diferentes sensaciones, encontradas, confusas, que alimentaban su ira continuamente.




Era como si necesitase a ambos en determinados momentos diferentes según su estado de ánimo…



Entonces, decidió llamar a Stephan, transgrediendo por primera vez su orgullo.



Marcó su número, en principio algo dubitativa, pero no respondió tampoco...



Insistió intranquila, mientras la rabia iba acumulándose en su pecho por momentos, pero la segunda vez el debió de cortar la llamada, pues solo dio línea una vez…



Iba en serio… Por lo visto cumpliría sus amenazas…



Tras un rato pensando, volvió a insistir, pero esta vez ni siquiera dio línea, estaba apagado.



Tampoco tuvo opción de dejarle un mensaje en el buzón de voz, pues no lo tenía activado.



“¿Que pretendes Stephan? ¿Joderme?” se quejó, notando el calor interno apoderándose de ella “Pues lo está consiguiendo…” se dijo, pareciendo entablar una conversación consigo misma.




“Quieres que termine con David… Pues no sólo no voy a hacerlo, sino que además pienso restregártelo por las narices hasta que te arrastres por el suelo suplicándome que te de otra oportunidad…” sollozó.



*******



Mich se entremezcló en seguida en el alboroto de estudiantes, pero David prefirió quedarse junto al portón de su residencia, mirando un poco apartado todo el evento…




De repente, una chica, salió del grupo y se acercó a él bastante directa… Era morena, con llamativos ojos verdosos y bastante guapa.



- Hola, me llamo Laura… ¿Y tú eres? – se presentó, hablando inglés con un marcado acento italiano que en cierta manera le encandiló.




- David, encantado… – sonrió él, sintiéndose abrumado por las facciones de la chica, que sin duda despertaban su interés, mientras ésta le plantaba de sopetón dos efusivos besos, el último en la comisura de la boca.




En ese momento, sin saber por qué, David posó su vista en una rezagada del grupo, que observaba a cierta distancia cómo su compañera Laura “actuaba” prácticamente nada más llegar…




“Ya está como siempre… Cuanto te echo de menos, Beatrice… ¿Cómo pudiste desaparecer así como así? Se suponía que nos divertiríamos juntas… No sé ni qué hago en este intercambio sin mi mejor amiga…” pensó triste mientras se perdía entre el bullicio.




- He oído que esta noche daréis una fiesta de bienvenida en esta residencia… Me encantaría venir y conocerte mejor… - captó de nuevo su atención, arrimándose a él bastante sugerente.



- Pues… Sí… - sucumbió David, algo desconcertado por la manera directa con la que ella le hablaba. Le gustaba y a la vez no… - Claro, pásate por aquí sobre las nueve y media de la noche, nos encontraremos en este mismo sitio, si te parece… – la invitó, mientras su corazón se avivaba inesperadamente, dando lugar a una leve punción que le laceraba interiormente cada vez con más intensidad.



Acarició disimuladamente su pecho, apartándose levemente de ella, e hizo ligera presión en la zona, queriendo masajearla para atenuar el malestar.



- Por supuesto que lo haré… - dijo ella, regalándole una insinuante sonrisa en su despedida.



Fue entonces cuando poco a poco el dolor fue disminuyendo, hasta desaparecer por completo.


*******

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5 comentarios:

  1. Qué mono que es el perrito...¡pero que ganas de estrangularlo me ha dado! pobrecillo...pero no puede hacerle eso a la pobre Beatrice (y a nosotras), con lo desesperada que debe estar a estas alturas jajaja

    Has elegido un tema musical precioso, y las imágenes como siempre increíbles, sabes captar a la perfección los momentos para que podamos transportarnos a ese sueño tan intenso, ¡me ha encantado!

    La madre de Fiona me da mucha pena, ha sido muy dura con ella, con todo lo que ha tenido que aguantar...pero imagino que el comportamiento de su hija y su forma de ser tiene mucho que ver con lo que ha visto en casa y sufrido.

    Por otro lado me he reído mucho con sus discusiones mentales con Stephan, menudo carácter tiene la chica...pero al final va a tener que tragarse su orgullo e ir ella misma a por él, aunque seguro que hará todo lo posible por dañarle con David, ya veremos cómo acaban esos tres.

    Y bueno, la última parte ha sido de lo más interesante...al parecer Beatrice no es la única que sufre amnesia ¿qué les pasaría? Me fío muy poco de esa tal Laura, demasiado directa, y me ha dado mala espina la reacción de David...en fin, mejor no empiezo a hacer suposiciones de las mías, lo que está claro es que ellas la conocen y deben ser las que aparecieron en sus recuerdos. ¡Qué interesante!

    Un besazo guapa, y nos vemos en el siguiente capi ;)

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  2. Hola Ali! Qué rápida! Yo aún tengo que pasarme para leer tu último capi, a ver si hoy pillo un hueco!

    El perrito de los cojones... xD Espero que esto dentro de poco no sea sólo un sueño :D
    Muchas gracias, me alegro de ser capaz de conseguir transportaros como dices a la historia.

    Judith es muy buena, demasiado diría yo, y tiene dos perlas por hijos y marido... En cierta manera, como tú bien has dicho, Fiona y Albert copian o actúan según el patrón de su drama familiar, cosa que explica mucho el carácter de ambos.

    Veremos a Fiona qué quiere hacer ahora para revolver a Stephan... Se supone que David iba a terminar con ella, y en una semana!

    Laura es una fresquilla, y claro, el otro quiera o no es hombre... En cuanto a la última parte, te dejo enlace al capítulo 12, donde se anuncia ya algo de esto... http://reminiscenciasdelfuturo.blogspot.com.es/2014/03/capitulo-12.html

    Espero no haberte liado más!

    Como siempre un placer tenerte por aquí, un besazo!

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  3. "Entonces, un improvisado calor subió y bajó varias veces dentro de mí en menos de un segundo y, acto seguido, noté como si esa quemazón quisiera escapar por mis poros en forma de leve sudor ardiente, a la vez que frío." <--- ¡Qué gracia me ha hecho el eufemismo! Es tan fina nuestra querida Beatrice, jeje.

    Y en cuanto he leído lo de la lengua babosa he sabido enseguida quién la estaba acariciando. ¡Bruno, qué mono! <3

    Fiona, vaya manera tan cruel de tratar a su madre, incluso aunque sea verdad lo que ha dicho. En fin, se lo atribuiremos a sus... *ejem* ¿hormonas? *ejem*

    Y esta chica, Laura, y su amiga... hmmm... parece que están planeando algo... y... hmmm... ¿Conocen a Beatrice? ¡Qué intriga!

    PD: Por cierto, ¿te puedo hacer una pequeña corrección? Perdóname, ¿eh? Es que... has puesto expirar en un contexto en el que... ¿querías decir quizá espirar? Dicho así, suena un poco... ¡mortal!

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    1. Hola Marta!

      Pensé que os daríais cuenta de que era un sueño casi nada más leer a Leo, jajaja
      La lengua babosa te deja un poco en shock después de leer lo anterior :P

      Lo de las hormonas es muy probable que afecte a Fiona, pero bueno, en sí, creo que he dejado entrever más o menos qué aspectos familiares pueden también influir en su forma de ser.

      Laura ya se vio en el capítulo 12, y no es precisamente muy amiga de Beatrice ni de Antonia, más bien al revés... Se supone que en este intercambio que sucede actualmente David debiera conocer a Beatrice, sin embargo, no ha sido así, porque el futuro está cambiando el pasado, no sé si me entiendes... :P

      En cuanto a la corrección, lo acabo de editar, y muchas gracias. Así mismo, te pido que cada vez que veas algo del estilo o cualquier otra cosa coméntamelo, así me ayudáis a mejorar.

      Un beso!!

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    2. Si, lo del sueño estaba claro, jajaja, pero me hizo gracia ver a Leo "convertido" en Bruno..., jeje

      Ah, claro, ahora me acuerdo de Laura, me había despistado un poco. Y, si creo que entiendo a dónde quieres llegar con lo de que el futuro está cambiando el pasado... qué intriga dejas...

      Me alegra mucho que no te haya molestado lo de la corrección :-D, no soy de hacer estas cosas, la verdad... siempre me da no-sé-qué... es algo muy personal... Mira, un amigo de mi chico me va a dar a leer un capítulo de su tesis para que le diga mis impresiones, y estoy que tiemblo... no sé hasta qué punto querrá que le diga la verdad, jeje. Ademas, pienso que si me tuvieran que corregir a mí en inglés, los comentarios serían kilométricos... jeje.

      ¡Besos!

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