sábado, 5 de julio de 2014

Capítulo 23

- Feather Theme - 

“21:56 p.m.”

Llevaba largo rato aguardándola en el portón de la residencia, y no sabía exactamente qué era lo que hacía ahí…

Estudiantes de la propia universidad y del intercambio italiano seguían entrando al edificio bastante animados, charlando entre sí como si se conocieran de toda la vida, mientras sus risotadas, entremezcladas con la música, bramaban adentro, llegando a ser casi ensordecedoras. 


Por lo visto, la fiesta ya había empezado. Y él, sin embargo, estaba esperando a una chica preciosa pero que en el fondo no le convencía para nada.

“¿Por qué sigo aquí entonces?” se preguntó instantáneamente… Quizás no le desagradaba del todo. Tal vez necesitaba expansionarse un poco. A lo mejor en el fondo sí deseaba sentir la vida corriendo fervorosamente por sus venas.

Últimamente, él mismo se percataba de que estaba convirtiéndose en un solitario, un huraño impenetrable… Alguien obcecado en sus estudios, completamente afanado en alcanzar insospechados retos científicos, casi obnubilado en la utopía de arreglar el mundo… Un mundo en que apenas disfrutaba y del que cada vez parecía ser menos partícipe.

Y es que, su concepto de “alcanzar la felicidad” no concordaba del todo con el de la mayoría de gente de su edad…

Desde luego, no era su idea la de formar una gran familia, ya que ni siquiera se planteaba el tener hijos, pero sí ambicionaba conocer a una persona madura con quien poder sentar cabeza... Con quien compartir sus momentos importantes y descubrimientos, sus preocupaciones y sus satisfacciones.

Sin embargo, tenía la certeza de que no la encontraría precisamente en las locas fiestas universitarias, y casi prefería dedicar cualquier tiempo libre a seguir trabajando en la melatonina.

Y en ese instante, “la” rememoró... Como si algo en su interior le empujase a pensar que era a “ella” a quien buscaba.

No se trataba de la primera vez que lo pensaba, pues su recuerdo estaba llegando a obsesionarle durante las últimas semanas… Y, aunque deseaba quitársela de la mente por lo absurdo de la suposición, le era cada vez más imposible… 


Jamás había experimentado antes cosa parecida por nadie, y tampoco pensaba que aquel sentimiento fuese ni mucho menos normal… ¿Tal vez una exagerada compasión? ¿Quizás le había calado tan hondo por su desvalida situación?… No lo comprendía, pero la curiosidad de saber qué habría sido de “ella” siempre afloraba en su pensamiento, soliviantándole de forma extraña e irresistible.

Y así volvieron los reproches hacia sí mismo…

“Debería haber vuelto allí cada día”, pensó, recordando cómo cierta fuerza misteriosa a la que desobedeció en aquellos días se lo había dictado desde que la había tenido entre sus brazos.

“Si hubiera sido más insistente en la recepción del hospital antes de irme”, prosiguió lamentándose cabizbajo…


“Me conformaría si tan sólo consiguiera hablar con ella alguna vez…”, pareció suplicarle a la nada… “Si pudiera volver el tiempo atrás…”, murmuró con frustración, pues fuera como fuese, ahora ya era tarde para lamentarse, sólo le quedaba intentar olvidarla de una vez.

En ese momento, el vaho que escapaba de su boca le recordó que seguramente llevaba esperando a la italiana ya más de media hora.


Miró su reloj inquieto para cerciorarse de que así era, mientras el helor se hacía cada vez más notable ahí fuera.

Estaba por volverse a su habitación y echarse a dormir, amadrigarse como optaba hacer cuando se sentía sin salida desde que la melatonina y “ella” se habían instaurado en su mente...

Echó un último reojo a su alrededor, por si la veía, pero no había rastro de ella, así que se volteó con cierto desánimo y quiso entrar a la residencia.

- ¡Chsss! – chistaron a lo lejos, llamando su atención.


Se giró pensando que era Laura. Sin embargo, la silueta de Mich se acercaba corriendo hacia él.


– ¿Qué pasa David, donde está tu amiga?… - le interrogó, cogiendo aire después de la breve carrera.


– No ha venido… Me voy a la habitación… - comentó con cierta resignación.


- No empieces a aguar la fiesta… Quédate conmigo un rato… Nos entretendremos… - intentó persuadirle frunciendo el ceño - Ehh… Ahora que caigo… ¿Cómo que no ha venido? Si la dejé contigo en la habitación… – pareció pedirle explicaciones.


- No me gusta su estilo. Así que le corté el rollo y se fue – se explicó David.

- ¡No me lo creo! – exclamó - ¿Cómo has podido rechazarla? – dijo, esta vez con tono más discreto.

- ¿Es que no te entra en la cabeza que no me gustan las relaciones “express”? – murmuró obstinado.


- Pero, ¿qué tiene de malo un polvo de vez en cuando? Que no pasa nada por eso macho… Si ella es la primera que quiere no veo más historia, joder… - dio su parecer.

- Yo no soy así, qué quieres que haga… - concluyó, entrando en el edificio.
  

Se adentraron un poco entre la gente y Mich prosiguió con su discurso…

- Pues muy fácil David… Que intentes disfrutar un poco. Tomarte unas copas, bailar… Yo qué sé… Hacer algo de tu edad, que pareces un carcamal desaborido. Antes no eras así… Bueno sí, aunque no tan exagerado… ¿Qué te está pasando? – le interrogó, prácticamente pidiéndole explicaciones.


David agachó la mirada con inexpresividad, tal vez pensando que en cierto modo debía darle la razón… Sintió nostalgia del chico que había sido antes de empezar la carrera…

- Venga tío, que últimamente estás demasiado encerrado entre libros y fórmulas. Hay que divertirse un poco, relacionarse con las del sexo opuesto... - le convenció, acercándose a la improvisada barra para pedir dos copas.

*******

 “22:07 p.m.”

Las luces de la ciudad resplandecían, tan brillantes y rápidas a nuestro paso, que casi consiguieron evadirme de mi abstracción más de una vez durante el acelerado trayecto al teatro.


La situación vivida en casa durante la cena me había dejado bastante derrumbada. Y parecía que una incómoda nebulosa difuminaba en mi mente toda nuestra conversación, de tal forma que mi entendimiento procuraba discernir sin éxito la tesitura en que nos encontrábamos ahora.

Intentaba recordar exactamente cada una de sus palabras, las cuales se encontraban entremezcladas con mis emociones y retenidas difusamente en mí. Tarea que consiguió dejarme, de alguna forma, exhausta mentalmente.


“…Ya no me quedan fuerzas para seguir luchando contra algo que me sobrepasa…” le evoqué de pronto, consiguiendo escapar vagamente de mi bruma mental, pero sus continuos acercamientos y rechazos desde que le conocía habían hecho mella en mí de tal forma que algo en mi fuero interno me advertía que no debía creerme sus palabras, frustrando mi ánimo.

“Seré lo que tú quieras que sea…”, casi percibí de nuevo su voz, insistente, que se hacía eco en mi interior como si lo estuviese repitiendo en ese justo momento…

“Pasado, presente y futuro… Mi vida…” le respondí mentalmente, casi deseando decirlo en alto, a la vez que cierta incredulidad me volvía a desanimar.


De repente, sentí su mano acariciar mi mejilla - ¿Te encuentras bien? Estás demasiado… Seria… – afirmó con leve inquietud, y rápido, puso su atención en el volante de nuevo.

- Es que… - musité - Me da cierta vergüenza de tus amigos… Porque… No tengo nada de lo que hablar. Ellos pueden charlar de su vida pero yo no. No sé qué tema de conversación podría seguirles… - carraspeé, intentando deshacerme del nudo que inexplicablemente aún notaba en la garganta, sin decirle lo que en el fondo me turbaba aún más.

- Ya sabes que ellos conocen perfectamente tu situación… No te preocupes por nada e intenta disfrutar de esta noche… – dijo con pausa - Tan sólo… Déjate llevar – concluyó tenuemente.


Silencié por unos minutos y proseguí…

- Tampoco recuerdo haber ido jamás a ningún espectáculo de este tipo antes, y te va a parecer ridículo… Estoy bastante nerviosa… - comenté sincera - ¿Se sigue algún tipo de protocolo o cosa parecida? – le interrogué, ahora más centrada realmente en ello.

- Lo lógico... Intentar permanecer lo más en silencio posible, no levantarse a menudo del asiento y aplaudir cuando cada pieza finaliza… De todas maneras, las formas ya nos las hemos saltado directamente… - dijo con una sonrisa en la voz.

Le miré extrañada sin saber a qué se refería…

- Llegando tarde, por supuesto… - se explicó al verme con el gesto confundido.


- Quizás no nos dejen entrar. Cuando no se es puntual en un evento de estos suelen restringir el acceso hasta que se produce un descanso… Y a veces, incluso ni por esas… - afirmó – Claro que, por otro lado, casi sería lo ideal… - aminoró la marcha del coche hasta detenerse por completo, y entonces noté que me penetraba con la mirada…


Le miré fijamente, pretendiendo definir el movimiento de sus labios durante el discurso.


- Estoy aquí porque hace mucho que no les veo, y no es lo mío dar plantón, pero hubiese preferido no salir de casa esta noche… - confesó, apagando el motor en ese justo momento, al tiempo que un intenso sofoco se adueñaba de mi ser evocándome sujeta entre sus brazos – Hemos llegado… – concluyó saliendo del coche.

Abrió mi puerta y me cogió de la mano, acercándome a él en un estrecho abrazo que volvió a unir nuestros latidos.

- Te juro que voy a intentar hacerte la mujer más feliz del mundo mientras pueda, Beatrice… - se me dirigió con una voz tan cariñosa como atrayente…


Entonces, me sorprendió, dándome un templado beso en la frente – No habrá más dudas, ni más retrocesos… Eres mi razón de vivir… Te amo… Recuérdalo siempre… - susurró, liberándome instantáneamente de toda mi inseguridad.


Acaricié el dorso de su mano suavemente - Y yo a ti… – musité, con propósito de atrapar sus palabras en mi alma.


Tras unos segundos, nos dirigimos apaciguados hacia el imponente e iluminado edificio, y ni siquiera parecíamos tener prisa para llegar a tiempo.

Apoyé serena mi cabeza en su hombro y él me apresó sujetándome por la cintura, al tiempo que hundía su cara en mi pelo como si quisiera aspirar su aroma.


- Buenas noches, señores… - nos saludó uno de los acomodadores de la entrada al llegar al hall del teatro – Han tenido suerte. El espectáculo aún no ha dado comienzo, aunque deben darse prisa, pues está a punto de hacerlo… - nos advirtió - Pueden acomodarse donde gusten o, si lo prefieren, les acompañaré para guiarles – ultimó con extremada educación, mientras Leo me apartaba el abrigo lentamente y se lo entregaba.

- Buenas noches. Nuestros amigos nos esperan en el piso superior del ala izquierda, así que no es necesario que nos acompañe, tenemos el asiento reservado. De todas formas, muchas gracias – le respondió, entrelazando de nuevo mi mano con complicidad.

Nos dirigimos ligeros, a la vez que silenciosos, por el pasillo de la izquierda, en donde supuestamente el matrimonio nos esperaba.


- Allí están… - advirtió animado, dejando asomar incipiente alegría al avistarles.

Se notaba que les apreciaba mucho, detalle de su personalidad que me hizo encantarme con él, si cabía, más aún.

- Hola pareja… Cuánto tiempo – enunció con un tono de voz relativamente bajo, intentando no llamar demasiado la atención en el lugar, que si bien no estaba aún en vivo, apenas se podía oír un leve bullicio a nuestro alrededor.

Entonces, quien supuestamente era Richard, le saludó todo lo efusivo que la circunstancia le permitía, levantándose de su asiento, al tiempo que una voz femenina algo aguda, prácticamente se le superponía…

- Hombre Leonard… - dijo agradable, incorporándose de su asiento - ¿Qué os ha pasado? Bueno da igual, más vale tarde que nunca… Parece que os estaban esperando, porque aún no ha empezado - rió, dándole un abrazo bastante sonoro.


- Hola querido, ¿cómo estás? – le saludó ella cariñosa con dos besos.

- Bien, bien… – respondió Leo con entusiasmo, volviendo a mí para rodearme por detrás – Os presento a Beatrice… Ella es… - titubeó por un instante – Lo más especial de mi vida… - sentenció finalmente, ruborizando mis mejillas ligeramente.


Sonreí, un poco cortada, y desvié mi turbia mirada hacia la moqueta del suelo, que distinguí de un vivo rojo con el que intenté inconscientemente evadir mi timidez.

- Hola Beatrice… Soy Richard. Es un placer conocerte al fin… Leonard me ha hablado mucho de ti – se presentó – Sólo cosas malas, por supuesto… – me dio dos besos haciendo ligeros aspavientos con las manos mientras se reía, dándome a entender que bromeaba.

Entonces, su tono de voz penetró en mi mente, encandilando mi atención de forma extraña…

“Me voy del proyecto… ¡Y no me mires así joder!… Después de todo es tuyo, y sin él y su maldito capital no podemos seguir adelante… ¡Más vale eso que nada!”

Pestañeé reiteradamente, oyendo aún sus palabras, que reverberaban ruidosas en mi memoria.


Era su misma voz la que se repetía en mi mente… Sin embargo, no parecía estar precisamente bromeando en mi nebulosa mental…

- No le hagas caso a mi marido, siempre es así de bromista, querida… Soy Evelyn, pero llámame Eve… Un placer… - se acercó ella esta vez, trayéndome de nuevo a la realidad.

- E-encantada… - Le respondí algo aturdida, por lo que reaccioné ladeando una sonrisa desganada que probablemente percibió, a la vez que intentaba perfilar el rostro de Richard mirándole de soslayo.


No iba a observarle de forma descarada, pero sí tenía curiosidad por definir su cara, que si bien, no conseguía ver nítidamente, pude darme cuenta de que, en este caso, no me sugería nada.

Las luces se apagaron en ese instante, y ocupamos asiento.


– ¿Te ocurre algo? – musitó Leo en un hilo de voz, al tiempo que tomaba mi mano y posaba los labios sobre su dorso, haciéndome estremecer.


- N-no… Estoy bien - quise disimular mi turbación, y empezó a escucharse la delicada melodía del piano.

Sin embargo, ésta no consiguió alejarme de mi incertidumbre. Maldecía cada recuerdo de los que me asediaban… Maltrechas reminiscencias de un pasado que pretendían cautivarme a medias y en mi contra… Empeñadas en distorsionar mi realidad para lograr dejarme más confundida que segura… Más disgustada que feliz.

“¿Acaso le conocía?... ¿Qué incoherencia era esa?...”, espeté en silencio… “Si reaccionó como si no me hubiese visto en la vida…”, reflexioné pensativa.

“Voy a volverme loca”, suspiré… “Es absurdo…”, pretendí convencerme, intentando ser capaz de disfrutar del recital… Y de “él”, que aún entrelazaba mi mano y la acariciaba cariñosamente.


Lo cierto, era que también Leo me hacía recordar muchas veces y, sin embargo, era seguro que mi pasado no tenía nada que ver con él… No podía pensar siempre que cada remembranza tenía que ver precisamente con quien me la procuraba…

Aún así, no podía evitar pensar en que la voz de su amigo me era demasiado familiar…

*******

Se había pasado toda la tarde haciendo llamadas intermitentes a Stephan, y en cada una de ellas, su ira contra él iba acrecentándose al comprobar que su teléfono seguía apagado…

“Si te tuviera delante… Te ibas a enterar...” le maldijo una vez más, pretendiendo articular palabra mientras sus mandíbulas encajadas por la rabia le llegaban a doler en el intento.


Escasos minutos más tarde, volvió a marcar su número… E imprevisiblemente, esta vez, sí dio línea…

Su cara cambió de repente, y una dulce sonrisa que ni ella misma sabía que era capaz de plasmar en muchos días, resplandeció en su boca.


Aguardó intranquila, deseando oír su voz por fin, mas tampoco respondió.

Acto seguido, se echó a llorar cual niña pequeña sobre su cama, frustrada… Le estaba hiriendo en su orgullo como no estaba acostumbrada, de tal forma que finalmente tendría que ceder e ir a su casa si quería verle… Pero no… Aún le quedaban fuerzas para aguantar y no dar su brazo a torcer.

Tras unos minutos de lucha interna, las lágrimas agotaron su mirada, dejándola medio adormecida, casi con placidez.

De repente, su teléfono cantó.

Dio un brinco y lo miró aturdida por unos segundos, mientras lo observaba vibrando desesperado sobre la cama, quizás pensando si de verdad lo escuchaba o era una ilusión.


Tras un momento en “shock”, se abalanzó sobre él…

“Stephan…” sonrió ilusionada, mirando la pantalla del aparato.

Presionó la tecla de respuesta y quedó a la escucha… Con ajetreada respiración.

Ambos, llamante y receptora, permanecieron “mudos” por unos instantes… Pretendiendo ocultar, precisamente, las ganas de dirigirse la palabra aunque tan sólo fuese a través de la línea telefónica.

 
- ¡Stephan! – Fiona decidió romper el hielo - ¿Por qué no me has cogido el teléfono en todo el día? – le recriminó soberbia.


- Por lo que veo sigues con la misma actitud… Mientras sea así no me vuelvas a llamar – le contestó bastante seco.


- ¡Ni se te ocurra colgarme! – le advirtió amenazante – Tenemos que hablar… - relajó el tono ligeramente.


Él quedó callado por unos segundos y finalmente la animó a hablar – Tú dirás… - dijo, mostrando de nuevo cierto desinterés hacia ella que aumentó aún más la inseguridad de la chica, haciéndole dudar de si estaría perdiendo verdaderamente el afecto que le tenía semanas antes.


– T-te necesito esta noche… - suspiró - ¿Dónde estás? – le interrogó.

- No sé cómo decírtelo… No vas a volver a verme, yo no soy ningún segundo plato… O él o yo, no voy a repetírtelo… - reafirmó su posición.

- ¿Te niegas a verme? – rió incrédula y dolida al mismo tiempo.

- No… Me niego a que vuelvas a utilizarme según tus intereses en cada momento, y ya estamos hablando demasiado tiempo… Además… - calló a medio enunciar su afirmación.

- ¿Qué pasa? ¡Habla! – le ordenó.

- Estos días me han servido para darme cuenta de algunas cosas… Voy a intentar olvidarte – le confesó sincero.


- N-no… No puedes olvidarme Stephan – afirmó incrédula a la vez que el agüilla se concentraba en su nariz y el tan conocido nudo hacía aparición en su garganta.

- Te aseguro que sí… Te encanta jugar con los límites de las personas, y has rasgado el mío con el filo de tu amor… Pero todo tiene arreglo… - suspiró de forma imperceptible al otro lado.

- Explícate… ¡No te entiendo! - espetó.


- No hace falta que lo hagas, primero tendrías que entenderte a ti misma, y creo que esa es una ardua tarea… - murmuró con voz tenue en una breve pausa - Tengo que dejarte, me esperan para salir a dar una vuelta – intentó despedirse, mientras la delicada voz de una fémina se oyó de fondo, advirtiendo cariñosamente al muchacho que llegarían tarde.


- ¿Quién es esa? – se intranquilizó súbitamente - ¡¿Tanto me querías?! ¿Ves como no puedo fiarme de ningún tío? ¡Sois todos iguales! – sollozó con pesar a la vez que se percataba de que él no la estaba oyendo, pues parecía más ocupado en otra cosa…

“¿Con quién hablas?” le interrogó “la otra” con voz tranquila “Espérame abajo, por favor” Escuchó a Stephan con dificultad, tal como si estuviera tapando el auricular del teléfono…

Y entonces, volvió a percibir su respiración al otro lado, tomándolo como señal para proseguir con su desmesurada reprimenda…

- ¿Quién es esa zorra que está contigo? ¡Dime su nombre! – demandó encendida.


- ¡Ya está bien! No voy a dejar que vuelvas a manejar mi vida… - se puso serio.

- ¿Y quieres que deje a David para luego hacer lo que te dé la gana conmigo? – espetó desesperada.

Stephan exhaló un profundo suspiró, llegando éste a ser perfectamente audible al otro lado del aparato…

- Te recuerdo que tú eres la que me has apartado de tu lado. Es justo que quiera redirigir mi vida, ¿no? – pareció justificarse.

- Stephan… - le nombró con dificultad, debido a que ceder a su orgullo no le era fácil – Me estás haciendo daño… - gimoteó finalmente.

- No soy yo quien te daña, sino tú misma… Deja a David, demuéstrame que sólo me quieres a mí, y entonces no habrá más dolor… - intentó alentarla sin perder su posición.

- ¡Haré una locura! ¡Te lo juro Stephan!… - le amenazó directamente, con intención, tal vez, de hacerle caer rendido a sus pies de alguna manera.

- Eso es cosa tuya… - dijo él, intentando no mostrarle su intranquilidad.

- No… Te aseguro que será sólo por tu culpa… - intentó condenarle antes del hecho.

- Lo siento, pero mientras no actúes como debes, no quiero volver a saber nada de Fiona Feller. Más te vale que me olvides de una vez… – afirmó drástico.

- ¡No me hagas esto…! – le pareció oír su reclamo cuando presionaba la tecla de colgado…


Se quedó pensativo unos instantes y suspiró finalmente, pareciendo disputar una lucha consigo mismo…

- ¡Perdona por haberte hecho esperar Terry! – dijo en voz alta saliendo de la habitación - ¡Vayámonos! – concluyó, cogiéndola por el hombro.

*******

Las luces se encendieron y pensé que la función había terminado al escuchar los efusivos aplausos abarrotando la inmensa sala y el murmullo de los asistentes cada vez más alto…

- Es un descanso – susurró Leo acercándose a mí, como casi siempre, anticipándose a mis pensamientos - En unos minutos comienza la última parte. Espero que te esté gustando… – añadió. 


Asentí y permanecimos mirándonos fijamente por unos segundos, durante los que pude olvidar cualquier rastro de mi desconcierto al percibir que una sonrisa se dibujaba en sus labios.

En ese instante, el matrimonio se acercó y Richard empezó a entablar conversación con él,...

- ¡No te imaginas cuántas ganas tenía de verte de nuevo, Leonard! - le oí afirmar efusivo antes de que Leo se pusiera en pie.

Acto seguido, su esposa se dirigió a mí.

- ¿Te agrada el concierto, Beatrice? Me parece verte disfrutar bastante… - comentó afable, intentando darme tema.


- S-sí… Mucho… Me encanta la música clásica. Aunque creo que es la primera vez en mi vida que vengo a un recital… - respondí, intentando volver a centrar mi atención en lo que su marido y Leo hablaban…


- Los chicos están de intercambio universitario y estos días no hay clase hasta la semana que viene, y como tenía unos papeles que solucionar por aquí… - su comentario se volvía a diluir entre el presente y el pasado… Dándome la sensación de que tenía cierto margen para intentar evitarlo, pero inevitablemente se apoderó de mí…

*******


“Me han comentado que esta noche daréis una fiesta de bienvenida en esta residencia… Me encantaría venir y conocerte mejor…” le oigo decir presumida a la chica morena, bastante cerca de “él”.


“Pues… Sí. Sería perfecto si…” sonríe levemente y me mira directamente a los ojos…


Tiemblo…

“Si tú, Beatrice, quisieras venir…” continúa dirigiéndose a mí, al tiempo que mi timidez va en aumento.


Noto un ligero codazo que me hace sentir cierta complicidad hacia la chica que está a mi lado, y "él" ríe al percatarse de ello…

Se intensifica mi vergüenza y no sé a dónde mirar.


“Es más… Me gustaría almorzar contigo hoy en la cafetería... Si tú quieres, claro…” me invita adorablemente, y mi corazón se acelera precipitado, perdiéndome en sus ojos azules.


*******

Parpadeé entre nubes, mientras tornaba a la realidad, intentando encajar el recuerdo en el desfigurado rompecabezas de mi pensamiento.

La voz de Leo me espabiló, sacándome al fin de mi trance - ¿Estás bien? ¿Ha sido un recuerdo, verdad? – acertó de lleno, por lo que mi gesto debió ser un poema.


Afirmé dubitativa… Trastocada y con cierto dolor punzando mis sienes, como solía ocurrirme siempre – N-necesito ir al baño – intenté huir de allí dando dos pasos al frente antes de detenerme desorientada… Ese hombre me estaba evocando indirectamente más alusiones de la cuenta…

- Yo te acompaño, Beatrice… – se ofreció Evelyn bastante preocupada – Vamos… - me sujetó levemente de los brazos guiándome para salir del balcón.

- ¿Quieres que nos vayamos? – se interesó Leo corriendo, acompañándonos a lo largo de un corto tramo del pasillo.

Realmente, sí… Deseaba irme, sin embargo, no pretendía fastidiarle la noche – N-no… Tranquilo. Todo está bien… - intenté tranquilizarle a él con una tenue sonrisa desganada, al tiempo que a mí misma.

- ¿Estás segura? – insistió, asiéndome de los brazos.


Afirmé, intentando aparentar reposo y me giré con intención de ir al aseo.

*******

Llevaba largo rato contemplando el gran retrato familiar que ocupaba majestuoso una de las paredes del enorme salón.


Aquella estampa le transportaba momentáneamente a otra época en que todo parecía ir mejor. Era casi feliz con su marido y sus dos hijos, o eso pretendía por aquel entonces…

Sin embargo, la cruda realidad le espabiló, guanteando su mente para recordarle que, efectivamente, su matrimonio y su vida familiar, casi desde el principio, no habían sido más que eso… Simples apariencias.


Se dirigió con ímpetu hacia la cocina, donde podría decirle tranquila lo que debía, pero al entrar en ella titubeó, dudando si hacer o no lo que Edward le había encomendado…

Finalmente, su orgullo cedió, una vez más, y tomó el teléfono para hacer la llamada que le había estado devorando su conciencia durante todo el día…

- Buenas noches, soy… - intentó saludarla cortésmente, en cierta manera algo cortada, pues llevaba un tiempo sin contactar con ella.


- Sí… Judith… - respondió, con relativa paciencia y un toque de resignación al escuchar su voz - ¿A qué debo el “honor”? – preguntó, finalmente, una irónica Susan.


- Perdona que te llame a estas horas… - se excusó – Verás, resulta que Edward vendrá a Bridgeport. Seguramente el mes que viene… Va a inaugurar la Galería de Arte Feller – fue al grano.

- Ya… Déjame adivinar… Quiere ver a David, ¿no? – le dijo sin titubear, como si conociese perfectamente el propósito de la pelirroja.

- Sí… - afirmó, y tras una breve pausa, prosiguió… - Te pide el favor de que intentes que asista… Yo te diré cuándo se celebrará en el momento en que conozca la fecha exacta del acto… - añadió.


- Bueno, yo se lo diré, pero no te aseguro nada… - suspiró - David, al fin, parece que se va a alejar de “tu” familia – le hizo saber, pronunciando el “tu” con cierto reproche – Y estoy muy contenta de ello… - se sinceró sin recato alguno.

- Pues… Fiona está destrozada… Estoy muy preocupada por ella, apenas come. La verdad es que David le ha estado haciendo mucho daño estas semanas atrás… Debería sincerarse y dejarle claro si la quiere o no... P-porque la veo capaz de hacer una locura… - le contó soliviantada, tal vez buscando algo de comprensión en su interlocutora.

- Judith, mi sobrino no puede estar cuidando de tu hija toda la vida. Ya es mayorcita para saber cuándo alguien está con ella por compasión y cuándo no... Y sobre todo, estar abierta a los fracasos – sentenció sin miramientos.


- No seas injusta con mi hija, Susan. Recuerda que ella tampoco sabe la verdad. No tiene la culpa de haberse enamorado de David… - suspiró dolida.


- ¿Enamorado? – le interrogó retóricamente - Una persona enamorada de otra no se dedica a restregarle continuamente que “su familia” fue la que le costeó el más caro tratamiento existente a su madre para que se curase del cáncer… Una persona enamorada no es aquella que utiliza esas artimañas ni el chantaje emocional para retener a su lado a alguien… Siento que lo que te voy a decir te duela, pero es lo que pienso… – tomó aire - Tu querida Fiona es una arpía y no hay otra cosa que desee más que David la deje de una vez e intente ser feliz – volvió a cargar contra la madre de los mellizos.


Ésta quedó callada, evidenciando su dolor, sin opción de alegar algo en contra de lo que Susan había sentenciado…

- Me gustaría tanto poder decirles la verdad, pero Edward sigue negándose categóricamente. Él y el qué dirán… - se limitó a responder intentando desligarse de la culpa.


- Claro… El qué dirán… Pues no te ha venido a ti bien eso del “qué dirán” para que tus hijos gocen de lo que no les corresponde realmente... – le soltó como quien no quiere la cosa.

- Susan, parece mentira que me reproches eso… Precisamente siendo tú la única persona que llegó a comprenderme en aquel entonces. Sabes perfectamente que fue un desafortunado desliz – murmuró con tristeza.

La tía de David calló por unos instantes, pareciendo recordar lo sucedido hacía ya más de 25 años, y en seguida, prosiguió con su discurso cambiando ligeramente de tema…

– Pues Edward tampoco debería querer ver a su hijo sólo cuando a él le interesa. Además de que no se lo merece… Después de todo, no le ha hecho ni caso en todo este tiempo… No entiendo que quiera encontrárselo esporádicamente – dijo desengañada.


- Te ha estado enviando dinero para que David pueda estudiar lo que tanto le gusta, y en cierta manera ha estado manteniéndole todo este tiempo… No se ha despreocupado de él… Sabes que en el fondo lo adora… Él es así… Yo creo que algún día le revelará la verdad… A los tres… - bisbiseó esto último como si se le viniese el mundo encima sólo de pensarlo.


- Sí, sí, claro, tú siempre defendiéndole para que tus hijos tengan una vida digna y maravillosa, llena de opulencia y lujos. Está claro que no sabéis lo que es el amor ni los sentimientos. Para ti, todo se paga con dinero… Y así son tus hijos, unos malcriados soberbios que no se aguantan ni a sí mismos… - arremetió de nuevo contra los mellizos.

Judith calló y Susan comprendió que no toda la culpa era de ella. Después de todo, sólo había sido una víctima más de aquella situación…

- No te preocupes – intentó suavizar la charla que más parecía ser un careo donde iba ganando - Le diré a David que asista a la inauguración, pero si lo hace o no ya es cosa suya, como comprenderás, tampoco podría insistirle... ¿No crees?... – pinceló nuevamente sus palabras con cierto sarcasmo.


- Vale, muchas gracias Susan, de verdad. Edward también quiere agradecerte tu silencio – ultimó.


- No callo por Edward, Judith. Lo hago por mi propio sobrino y porque mi hermana me lo suplicó en su lecho de muerte… Bien sabes que si por mí fuera, le contaría ahora mismo toda la verdad – sentenció firme.

La pecosa silenció por unos segundos, antes de despedirse, tan educada como había permanecido durante toda la conversación.

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4 comentarios:

  1. ¡Uy, cuánta intriga! Bueno, como siempre, la verdad... Secretos familiares... vaya, vaya... ¿significa eso que ha habido cierto "incesto" entre Fiona y David...? :-O

    Y voy a obviar por un momento los flashbacks de Beatrice, porque la velada en el teatro ha sido tan bonita... ♥.

    Por cierto, sigo pensando que Fiona y Stephan hacen buena pareja, así que espero que solucionen las cosas entre ellos. No sé, creo que Stephan le suaviza un poco el carácter a Fiona, y ella lo "espabila" un poco a él...

    En un ratito, leo el siguiente capítulo :-).

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    1. Hola Marta!
      No, no hay incesto. He intentado dejar ver que Albert y Fiona no son realmente hijos de Edward, por lo que no tienen ningún lazo de consanguinidad. Se ve, sobre todo, en esta parte: "- Claro… El qué dirán… Pues no te ha venido a ti bien eso del “qué dirán” para que tus hijos gocen de lo que no les corresponde realmente... – le soltó como quien no quiere la cosa."
      Me alegra que te haya gustado la parte del teatro.
      Yo pienso igual, hacen una pareja complementaria, pero no sé, ya veremos en qué acaba todo esto.
      Muchas gracias por leer y comentar guapa.
      Un saludo!

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  2. ¡Dos nuevos capítulos! ¡Genial! Perdona por estar ahora en verano más paradita leyendo y comentando guapa, que sepas que sigo pasándome por aquí siempre que subes capi ;P

    Me he enamorado de la parte del teatro, y como siempre acompañas al texto con unas imágenes perfectas, me han encantado, sobre todo las de él besándole la mano y sujetándosela *.*

    Pero...pero...¿pueden ser hermanos?! o.o Eso si que no lo esperaba...¿entonces Fiona y David....? o.o Uyuyuyuy como se pone la cosa de interesante...¡quiero saber más al respecto!

    Y bueno, como siempre Fiona no me decepciona en cuanto a reacciones explosivas jajaja si es que...supongo que la chica será una prima o hermana o alguien poco peligroso para la relación, pero vaya palo se ha llevado la pobre. A ver si espabila y logra recuperarlo, porque la verdad es que les podría ir muy bien juntos.

    Y el pobre David debería divertirse un poco, aunque lejos de la golfilla esa ¬¬ La verdad es que es un chico muy centrado en sus asuntos y poco disfruta de su juventud, pero es lógico teniendo cosas tan importantes en la cabeza, sus estudios deben consumirlo casi por completo, y tener a Beatrice todo el día en la cabeza no ayuda...

    En fin guapa, luego me pasaré a leer el siguiente, que me he desvelado y de momento mi cabeza no da para mucho xD ¡Besotes!

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    Respuestas
    1. Hola Ali!
      No te preocupes mujer, ni mucho menos te disculpes.
      Pues las imágenes son lo que más me cuesta, sobre todo porque me vuelvo loca con las poses y ultimamente no tengo ganas de andar buscandolas entre las cientos que tengo xD
      Esto voy a decirlo para que no vayáis por el camino equivocado... No son hermanos y no comparten lazo de consanguinidad. Como le he dicho a Marta, en esta parte se aprecia: "- Claro… El qué dirán… Pues no te ha venido a ti bien eso del “qué dirán” para que tus hijos gocen de lo que no les corresponde realmente... – le soltó como quien no quiere la cosa."
      Además, supongo que ni Judith ni Susan permitirían que eso ocurriera...
      Pues no, Terry, la chica que está con Stephan, es digamos su nueva pareja, o al menos es lo que él intenta para poder olvidar a Fiona. Digamos que el muchacho está en un callejón sin salida con "la leona" y ha decidido hacer su vida igual que Fiona no termina del todo con David.
      Sí, está muy centrado en sus estudios y como tú dices, encima Beatrice por su cabeza rondando todo el día sin saber él ni por qué...
      Tranquila, cuando puedas :)
      Gracias por pasarte y comentar! Un besote!

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