martes, 22 de julio de 2014

Capítulo 24



- Pasa querida… - me guió hacia los lavabos con la extrema amabilidad que parecía caracterizarle.

Palpé certera uno de los relucientes grifos dorados y dejé correr libre el agua, tomando algo de ésta para humedecer levemente mi cara, mientras observaba, absorta, mi indefinido reflejo sobre el enorme espejo, sin prestarle, realmente, ninguna atención…


“¿Quién eres?”, interrogué en silencio a mi alborotada consciencia.

La necesidad de retomar “su” recuerdo, aunque me doliese, parecía imperar esta vez en mí de forma inconsciente… Tal como si una parte de mi voluntad se negase a dejarle escapar de nuevo entre las turbias tinieblas que ensombrecían mi discernimiento… Casi empeñándose en obligarme a reconocerle de una vez por todas…

Sin embargo, tras unos instantes, me conquistó, dolorosa, la frustración, al tiempo que mi pecho se sobrecogía, tal vez, al no encontrar la tan ansiada respuesta entre los despojos de mi memoria.

Era inútil esforzarme. Ya lo había intentado en otras ocasiones, y nunca lograba nada, excepto quedar exhausta psíquicamente, además de otros efectos desagradables.

Así, transigí… Ahora ante la otra porción de mí, que me ordenaba olvidar lo poco que sabía de “él”… Buscando, quizás, cierto alivio en medio de la bruma mental que me ahogaba…

- ¿Cómo te encuentras? ¿Estás más recuperada? – me sobresaltó Evelyn, percatándome sólo de su ligera preocupación.
 
Le miré de soslayo, más descentrada que lúcida, pues casi había perdido la noción del tiempo y de lo que me rodeaba, para volver a perderme en mi reflejo irremediablemente…


…“¿Acaso pensabas que te librarías de mí tan fácilmente?”…


Sus palabras, auguradoras, me aislaron por completo del presente, musitando implacables en mi pensamiento, mientras consumían mi voluntad y me transportaban a ese instante, frágilmente entretejido en mi mente.

Alcé mi mano hacia él, intentando alcanzarle en vano, hasta darme cuenta de que mi imagen era lo que tenía frente a mí…


El eco de su voz duró lo justo, y mi abstracción tornó a ser un fuerte vuelco de estómago que me atormentó por unos segundos, seguido de unas incipientes nauseas que me hicieron contorsionarme hacia delante.

- ¿Qué te ocurre, Beatrice? – insistió ella con pausa, sujetándome débilmente del brazo, tal vez para profesarme apoyo, pues mi rostro debía esbozar un gesto de descomposición absoluto.

La miré por un momento y cerré los ojos, deseando evadirme…


Cada vez se me hacía más evidente que “él” debía haber sido alguien demasiado relevante en mi vida…

Y quizás lo seguía siendo, aunque yo pretendiera evitarlo en cada ocasión que le evocaba…

Le notaba tan asentado en mí, y a la vez tan lejano y desconocido, que una extraña, pero a la vez familiar ambigüedad me hería profundamente al pensarle.

- Hmm… - parpadeé, saliendo gradualmente del estado de confusión que aún me envolvía gracias a un leve zarandeo por parte de Eve.

- ¿Te encuentras bien? – perseveró.

- S-sí… E-es que… - tartamudeé, mientras iba encajando de nuevo en la realidad - A veces, me asaltan algunos recuerdos… Que no termino de corresponder con nada en mi mente, y… - dudé por un instante si confesarle lo que me había evocado su marido, mas en seguida olvidé esa posibilidad, pues lo más probable era que no tuviese nada que ver realmente – Me afectan bastante, eso es todo… – terminé de explicarme mirando hacia otro lado con intención de disimular mi evidente desconcierto.

- No te preocupes cielo, lo sé… - intentó consolarme.


Necesitaba serenarme… Inspiré profundamente, al tiempo que masajeaba mi frente con propósito de mitigar los sutiles pinchazos que todavía laceraban mis sienes.

- Ya me voy sintiendo mejor… Gracias por preocuparte – dije, percatándome de que la angustia ya casi se había esfumado por completo.

- Te entiendo muy bien – me sorprendió - Sé que no debe ser nada fácil sobrellevar la situación en que te encuentras, pero debes pensar que vas a recuperarte, y lo realmente importante es que no estás sola, Beatrice… - dijo suavizando el tono agudo de su voz - Leonard está ahora contigo… - afirmó con cercana confianza, y entonces sus palabras me llegaron a sosegar, devolviéndome de lleno a mi realidad…


“Leonard”… Me despisté por un instante, pensando que me gustaba esa traducción de su nombre, y en seguida volvieron a invadirme mis sublimes sentimientos hacia él…

Le tenía… Podía decir que efectivamente sí… Era mi preciada isla en medio de la tormenta… Mi abrigo… Y me apaciguaba al pensarle.

- ¿Sabes? Él lo ha pasado muy mal en la vida… – me espetó, despertando mi curiosidad – Sin embargo, esta noche irradia felicidad, incluso más que hace algunos años… Como nunca antes le había visto. Por eso me alegro de que te haya conocido – hizo una breve pausa y continuó - Tal vez no lo has advertido por tu alterada visión, pero cuando él te mira, sus ojos brillan de forma especial – me reveló.

Le miré con cierta modestia, a la vez que infinita ilusión llenó mi alma.


- Es muy buena persona… Y te aseguro que cuando se entrega, lo hace de verdad – prosiguió - Le conozco desde hace bastante tiempo y bueno… Como ves sólo puedo decirte cosas buenas de él – ultimó su discurso masajeando suavemente mi hombro.

Asentí, mostrándome realmente más repuesta y con ganas de volver al balcón junto a él.

- Ya sé que no nos conocemos, y te pido perdón si piensas que me estoy inmiscuyendo en tu vida, pero verdaderamente me has caído genial Beatrice, y pienso que si has conseguido sacarle de la tristeza en que se sumía, es porque eres una bella persona… Así que te considero mi amiga - afirmó.


- Yo… Agradezco tus palabras Evelyn. Es más, las necesitaba… - respondí con intención de expresarle lo que sentía por su amigo – En cuanto a Leo... Sé que le adoro… Aunque él lo dude a veces... - declaré segura al tiempo que sentí mi latir acelerarse.

- Creo que eso es innegable… A ti también se te nota… – chanceó pícara - Quiero que sepas que tienes todo nuestro apoyo, mío y de Richard… Para lo que necesites… ¿Vale cielo? - afirmó mientras me rodeaba en un cordial abrazo que me llegó hondo.


- Gracias. Has conseguido que me sienta mejor que nunca… – le correspondí sincera – Me alegro de haberos conocido… - afirmé retirándome de ella, ahora advirtiendo que mis penas se habían esfumado tal y como habían aparecido.

- No desperdiciéis esta oportunidad que os brinda la vida… Leonard es un hombre espectacular, después de mi marido, claro… – bromeó con leve alborozo y salimos del aseo riéndonos.

*******

Su palpable intranquilidad le delataba… No podía evitar vigilar nervioso el pasillo por donde ella y Eve se habían perdido hacía escasos segundos.


Lo cierto era que la inseguridad le atormentaba cada vez que Beatrice parecía recordar algún episodio de su pasado. Y, efectivamente, se daba cuenta de que era éste un sentimiento demasiado egoísta por su parte, pero también inevitable… La quería para él y el miedo a perderla se cernía sobre sí cada vez que la veía bajo el estado de “shock” en que sus recuerdos la dejaban.

- ¿Y tú qué tal estás? Veo que al final has sucumbido a sus encantos… - intentó evadirle Richard con su típico tono bromista pero directo.


- Sí… - afirmó éste, serio, sin quitar la vista del corredor - No pienso más que en ella… Me tiene totalmente absorbido – le confesó abiertamente mirándole, ahora, a los ojos – Es lo más especial de mi vida… Me siento como su protector. Con deseo continuo de complacerla, de verla sonreír, de hacerle lo más feliz posible… - suspiró - Tiemblo a su lado – declaró, dejando asomar entre sus labios una sonrisa de emoción.


- Me alegro de saber que me has hecho caso al fin y te has olvidado de Freud… - gesticuló risueño el profesor.

- No me he olvidado… - cambió ligeramente el tono - Pero la amo y necesito arriesgarme. Las consecuencias… - silenció por un segundo - Ya no me importan… – sentenció convencido.

- Pues me contenta un montón. Ya era hora de que encontrases a la persona idónea para rehacer tu vida y te decidieras a actuar – enunció un afable Richard.

- Me atrevería a asegurar que nunca antes he estado tan enamorado… - el ánimo que impregnaba sus palabras tornó a desilusión, empañando tenuemente su mirada - Aunque no las he olvidado… - imprimió ahora un tinte amargo en su voz al pronunciar esto último, mientras miraba el dedo anular de su mano izquierda, desnudo desde esa misma tarde, tal vez echando en falta el sello dorado de lo que fue su matrimonio.


- Eso sobra, Leonard… Rehacer tu vida no significa que estés traicionándola, ni mucho menos olvidándolas… No debes sentirte culpable, sino al revés, pleno… – enmudeció intentando encontrar la mirada perdida de su amigo antes de proseguir – Pletórico, porque seguro que Madison es lo que desea allá donde esté. Que tú seas feliz de nuevo – le agarró por los brazos con cierta firmeza, intentando apoyarle – Beatrice estaba en tu destino y la encontraste… Puede sonar cruel pero… – negó ensimismado, realizando ligeros aspavientos con la cabeza - …Deberías agradecer a quien la abandonó aquella noche en esas condiciones, porque gracias a ese “elemento”, has encontrado la ilusión de vivir… Y quizás, ella también… – añadió.


- Sí... Se lo agradezco inmensamente... Pero cuando descubra quién es no va a querer vivir... - afirmó Leo amenazante.

- Por cierto… ¿Ella lo sabe? Quiero decir… Que eres viudo… - le interrogó el curioso profesor.

- No. Hasta este momento he evadido el tema, pero debería empezar a contarle todo sobre mí. Aspiro a verme como algo más que su terapeuta – afirmó el italiano.

- Yo pienso que sería lo justo. Después de todo, tú sabes casi más de ella, que ella misma de sí… Ya entiendes a qué me refiero… Porque Beatrice no tiene idea de la sustancia, ¿no? – le interrogó en un hilo de voz.


- Por supuesto que no… Sería perjudicial decírselo ahora mismo. No dejo de pensar que todo ha sido algo traumático en su vida, y saberlo de golpe puede que le cause más dolor que otra cosa – silenció por un segundo – No debo forzar su memoria, sino predisponerla al desencadenamiento natural de sus recuerdos – dijo sintiendo que la incertidumbre volvía a afianzarse en él a medida que terminaba la frase.

- ¿Y cómo crees que reaccionará cuando se entere de que tú ya lo sabías? – apuntó Richard.

- Le explicaré que no podía hacerle saber ciertas cosas sin que antes las recordase por sí misma. Estoy convencido de que entenderá que fue por su propio bien y no con la intención de ocultarle nada – concluyó, apoyando sus palabras con un movimiento de manos.


- Hmmm… Hablando de ese tema… - intervino Rodson – Iba a traerte el primer informe comparativo entre ambas sustancias, la de David y la de Beatrice, pero con las prisas, se me han quedado olvidados en casa. Así que si te parece, te lo enviaré por fax a lo largo de esta noche. No es extenso. Son sólo mis primeras impresiones, porque no he tenido demasiado tiempo para meterme a fondo en el tema durante la semana pasada… - comentó.

Leo asintió, de nuevo echando un reojo hacia el pasillo.

- También… - Richard pareció dudar en su discurso - Quería comentarte algo, cuanto menos, interesante… - se decidió finalmente ante la atenta mirada de su amigo – He enviado una muestra celular de Beatrice a mi colega John, del CelularIC… - intentó enunciar llevando una mano a su nuca… 


- ¿Qué? – le interrogó Leo entornando su mirada con incredulidad - ¿Por qué involucras a más gente?... Te dije que quería que esto fuese algo entre nosotros… - le reprendió azorado pero tratando de mantener su voz en tono bajo.

- Sabía que me lo recriminarías, pero sinceramente Leonard... No cuento con los medios suficientes ni adecuados para estudiarlo todo en la Universidad. Si quieres que siga con el caso, no puedo hacer otra cosa… Para corroborar mi teoría, necesito de su ayuda. Le envié todo hace unos días y no le he informado acerca de su procedencia, por supuesto. Así que tranquilo, la privacidad de Beatrice está a salvo... – le intentó tranquilizar.

Leo transigió, adoptando una posición más relajada hacia el tema, mientras hacía un gesto a su amigo para que le contase lo que le levantaba tanta curiosidad.

- Se trata de la edad de Beatrice… – su voz adquirió un tono más laxo - Algo en la estructura de sus células no concuerda del todo… - formuló Richard con cierto halo enigmático.

-¿Qué quieres decir? – Leo frunció el ceño, ahora más interesado.


- Pues parto de la base de que las células de Beatrice están totalmente alteradas por la sustancia que ha estado corriendo por sus venas... Eso me llevó a pensar en su verdadera edad. Así que estudié varias células extraídas de su sangre al microscopio y, efectivamente, hay tejidos que no coinciden cronológicamente… – espetó en un soplido - Pero con los medios que cuento en el laboratorio no puedo ir a donde quiero llegar… – añadió.

El italiano quedó reflexivo y por fin se atrevió a decir algo… – ¿Cómo no se me había ocurrido antes? – murmuró con autocrítica - Entonces… Ella podría tener realmente otra edad… - afirmó, a la vez que el profesor asentía con la cabeza.

- Por eso necesito la colaboración de John… – aclaró éste volviendo a justificarse.

Y justo en ese instante, ambos se percataron del regreso de ellas, que quedaban todavía bastante distanciadas.

Leo pareció dejar de lado lo que estaba hablando con su amigo y orientó su rostro hacia éstas, de nuevo intranquilo, sin perder detalle del gesto de Beatrice.


- Pues nada… – suspiró Richard mirando también hacia el pasillo - Te lo digo muy en serio… - enunció, casi solemne - ¡A vivir que son dos días! - rió, dándole a su amigo una cordial palmadita en el hombro.

*******

Judith colgó el teléfono y quedó en silencio, pensativa y hundida por una evidente tristeza.


El rapapolvo de Susan había reabierto sus mal curadas heridas, y no podía negar ni una sola palabra de cuantas escuchó en aquella reprimenda.

De repente, le pareció oír a Fiona gritando…

Se temió lo peor y corrió, rápida, hacia su habitación.

Entró decidida y se la encontró llorando desconsoladamente sobre la cama, con un pesar tan grande que le dolió en lo más profundo de su alma.

- ¿Qué te pasa hija? – dijo Judith, acercándose lentamente a ella para darle una caricia, pero ésta hundía aún más la cara entre los floridos almohadones - Serénate cariño… Seguro que todo lo que os ha pasado ha sido un malentendido… Todo volverá a estar bien… - intentó consolarla, nada convencida realmente en su fuero interno.


- ¡Tú cállate! – vociferó la joven con su típica crueldad - ¡Ni siquiera te preocupa que papá esté todo el día de viaje acostándose con toda la que pilla! – continuó, reprochándole sin piedad - ¡Pues yo no deseo que mi vida sea como la tuya! – gritó, mientras el mar de lágrimas desbordaba sus ojos para apresurarse en navegar a raudales por sus mejillas.

Se incorporó decidida y salió corriendo de su habitación.

Judith la observó con preocupación, sin poder evitar que su pesar vidriase también su mirada.


- Fiona por favor… - suplicó nuevamente sin ningún resultado - Déjame hablar contigo... Debes aprender a sobreponerte de las contrariedades. Si él no te conviene, déjalo… Apártale de tu vida... Y tranquilízate... – insistió ésta tras su hija, cada vez más afectada por su berrinche.

Pero la joven no le respondía. Ni atención le prestaba. Sólo sabía llorar y correr hecha una energúmena por las diferentes habitaciones de la mansión, pareciendo buscar algo por toda la casa.

- Cuéntame qué te ocurre… ¿Buscas a tu hermano? – le interrogó mientras ésta pasaba a la que fue su habitación de matrimonio.

Fiona se detuvo ipso facto, y se dirigió por fin a ella…

– Dame uno de esos calmantes que tú te tomas… ¡Lo necesito! – casi le suplicó en una orden.


Judith entreabrió el cajón de su mesita de noche de espaldas a ella y la llave brilló… Sin embargo, pareció reconsiderarlo, y volvió a cerrarlo.

- De verdad… Voy a tener que llamar a David… - le dijo Judith volteándose preocupada, sin hacerle caso a su solicitud.

- ¡Ni se te ocurra! ¡O no me vuelves a ver el pelo en la vida! – le amenazó, sollozando en sus manos.


Miró hacia otro lado y, derrumbada por completo, se dejó caer sobre la cama de sus padres.

Con cierta precaución, Judith se atrevió a acercarse a ella, sentándose a su lado.

- Cariño… Todo tiene solución en esta vida… Debes ser fuerte, porque de lo contrario siempre serás esclava de tus debilidades, y sufrirás. Ya tienes edad para darte cuenta de cuando algo no te favorece... De cuando alguien está contigo por cuestiones ajenas a lo que realmente tú deseas… - formuló.

- Has descrito tu propia situación… - murmuró ella, aún con sus ojos lagrimeando, pero manteniéndose bajo una inesperada e inquietante serenidad. 

Judith calló por unos segundos y prosiguió intentando que este comentario no desviase su discurso…

- Debes aprender a afrontar los fracasos con firmeza… Algo me dice que estás así por David… - intentó encauzar la conversación hacia lo que imaginaba que era el origen de tal pesadumbre - ¿Crees de verdad que merece la pena? – le interrogó, esperando en vano una respuesta de confirmación por parte de la joven pelirroja, que permaneció inmóvil, casi sin parpadear…

- Ya no sé realmente ni qué es lo que quiero… - murmuró de repente la joven en un hilo de voz.


– Sé que Stephan siente algo por ti… - afirmó Judith rotunda, consiguiendo la atención de su hija de inmediato – Y pude confirmarlo cuando hace unas semanas vino con ese ramo de flores y aquella cara de ilusión… Deberías reconsiderar si estás esforzándote en estar con el hombre adecuado… Y sobre todo, has de tener claro que tú no eres yo. Olvida mi situación y prepárate a vivir tu propia vida, siendo fuerte… - ultimó con voz tenue, ofreciéndole consuelo entre sus brazos incapaz de contener las lágrimas.


Tal vez las palabras de su madre la habían calmado verdaderamente, o quizás no, pero Judith se dio cuenta de que sus ojos azulados, clavados a los de su padre, se habían secado por completo.

- ¿Dónde está mi hermano? – preguntó Fiona que, aún mirando fijamente a su madre, parecía seguir en un mundo aparte.

- Ha venido a buscarle una chica rubia, por cierto, demasiado “despampanante” desprendió ligero disgusto al pronunciar esta última palabra - Y se ha ido con ella… ¿Quieres que le llame?... – hizo breve pausa - Sí, será mejor que le llame… – afirmó convencida, sin esperar a que su hija le diese el visto bueno.

- ¡No!… No hace falta… – contestó pensativa, al tiempo que daba un breve respingo producido por el hipo que se le había establecido en ella tras semejante llantina - Ya estoy mejor, tranquila… Sabes que tengo muy mal genio… Perdóname por todo, mamá… - le espetó, sorprendiéndola agradablemente, pues hacía tanto que no se dirigía a ella de esa forma, que la llenó.

- No te preocupes. Soy tu madre y te quiero... Siempre contarás conmigo, pase lo que pase… - volvió a abrazarla suspirando mientras la joven miraba al vacío de la habitación con la vista extraviada.

- Estoy cansada… Necesito dormir – se levantó, ladeando una sonrisa para persuadir a su madre y aparentar sosiego – Voy a mi habitación… – ultimó señalando hacia la puerta.


- Te acompaño… – la acurrucó Judith entre sus brazos.

*******

David no solía beber, salvo en contadas ocasiones, por eso, cuando lo hacía, sus efectos aparecían en seguida.

Al aceptar la proposición de Mich no tenía pensado tomarse más que una, pero lo cierto era que esa noche tenía ya algunos vodkas de más en el cuerpo.

Se sentía más mareado de la cuenta, pero no podía parar de empinar el codo una vez que ya se había enfrascado, sobre todo porque, en cierta manera, le estaba sirviendo como “amortiguador” de sus preocupaciones.


Mich llevaba un buen rato “charlando” de trivialidades con una italiana que se les había acercado, y él empezaba a aburrirse como una ostra.

- Ponme otro Paul… - le pidió al que estaba en la barra, percatándose de que la chica se acercaba a él súbitamente…

- ¿Qué estás bebiendo? – le interrogó chapurreando el inglés con una bonita entonación italiana.


David le miró extrañado, pero no dio importancia a su interés… - Vodka con limón… ¿Por? – le respondió con una pregunta.

- Toma, prueba de esto… - le ofreció de su copa entusiasmada.

- Está mucho más rico, te lo aseguro… - intervino Mich, que desde hacía largo rato probaba “todo” lo que ella le ofrecía.

Él dudó por unos instantes, pero finalmente le dio un trago.

- ¿Qué te parece? Es típico de mi país. Se llama Grappa – le explicó, mientras el rubio afirmaba dando a entender que le había gustado – Te doy mi copa, yo tengo una botella entera en mi maleta – dijo, guiñándole un ojo.

- No. Da igual... Mejor sigo con el vodka… - le rechazó.

Pero estos italianos eran cabezones como ellos solos, así que ésta insistió.

- Ohh… ¿Me lo vas a despreciar? Eso está muy feo… - se lo volvió a ofrecer.

David la miró sin saber cómo actuar durante un momento...

- Si insistes... Gracias… - aceptó sonriente, girándose acto seguido para apoyarse en la barra y ojear qué había tras de sí.


Se entretuvo observando los movimientos ondulantes de los jóvenes que bailaban contoneándose bajo las excéntricas luces de colores sobre la improvisada pista, al tiempo que daba algunos tragos generosos del vaso, disfrutando del frutado sabor de aquella bebida con ligero toque amargo de fondo que impregnaba intensamente sus papilas gustativas…

Y, entonces, algo llamó su atención…

Eran esos ojos verdosos con aire felino que le observaban insinuantes a través de los huecos vacíos que se formaban entre los cuerpos de los estudiantes, y que, en ocasiones, dejaban vía libre al secreto cruce de sus miradas.


A medida que más bebía, más desinhibido se encontraba. Se hallaba casi hipnotizado… También inquieto… Preocupado únicamente de aquel juego de seducción, donde ninguno de los dos terminaba de decidirse a ir en busca del otro.

Tras algún rato de esta forma, Laura le dedicó un pestañeo suave y acogedor, a la vez que se mordía el labio inferior, mostrándole su excitación.

Entonces, un efusivo calor recorrió su estómago camino hacia su garganta... Intentó apaciguarlo dando fin al líquido que quedaba en su copa de un único trago mientras procuró no perderla de vista.


Sin embargo, parecía haberse esfumado. Revisó a su alrededor con disposición, pero seguía sin localizarla.

La contrariedad creció en él, y casi no pudo ocultar su enfado bajo la mirada atenta de la italiana que seguía "pegada como una lapa" a Mich, y que parecía vigilarle a él también desde hacía algunos minutos sin que ninguno de ellos se percatase.


Abandonó su vaso, ahora vacío, sobre la barra y se levantó, pretendiendo cruzar la repleta habitación a través de los que movían el esqueleto, algunos más frenéticamente que otros, como si fuesen pasto de algún tipo de droga.

Una vez hubo atravesado la masa de gente, examinó, algo nublado, aquella zona de la sala donde supuso que todavía debía encontrarse. Mas no había rastro de ella…

Se resignó y volvió a su taburete orientado hacia la barra, donde casi se dejó caer.

- ¿Qué? ¿Te lo estás pas-pasando bien? – preguntó Mich, prácticamente sin ser capaz de articular las palabras.


- No exactamente… - respondió David, que empezaba a percibir todo a su alrededor de forma extraña, y unas ansias de “volverse loco” iban aflorando gradualmente en él.

- Sabes que te quiero un montón… ¿Verdad? – le sonrió Mich, al tiempo que la chica invadía su boca descaradamente.

Frunció el ceño, y acabó soltando una carcajada eufórica, a la que parecía no ser capaz de poner fin.

Se volteó, sentado aún en banquillo, y en ese momento se la encontró de bruces.

Continuó con la risa tonta y ella aprovechó para acomodarse entre sus muslos, sujetándolos bien pegada a su torso.

- Hola… Al final he venido… ¿No te sorprendes de verme? – le encandiló melosa acariciando su rostro.

Él quedó mudo, obnubilado con sus labios, que le seducían cada vez más, mientras ladeaban una triunfal sonrisa.

Acercó su cara a la de ella, intentando besarla, pero ésta se apartó ligeramente, tratando de alimentar las ansias de él.


- ¿Qué pasa David? ¿Al final yo no iba tan rápido? - hizo el amago de rozar sus labios mientras se le sentaba encima.


Él insistió en besarla, sin mediar palabra, y esta vez lo consiguió por breves instantes antes de que Laura enunciase su premeditada propuesta…

- Vayamos a tu habitación... – susurró vehemente a su oído.

*******

La espera se le hacía eterna, y prácticamente ni siquiera le sirvió para recapacitar, sino muy al contrario, para convencerse todavía más de sus intenciones… 


Le había costado sobremanera convencer a su madre de que se encontraba bien. De que todo había sido un simple berrinche, pero dudaba que se lo hubiera creído del todo.

Sin embargo, calculó que había pasado al menos media hora desde entonces, y Judith debería estar ya más que dormida, como siempre, bajo el efecto de sus somníferos.

Era el momento…

Sin dudarlo por más tiempo, se incorporó, todo lo silenciosamente que pudo, dispuesta a salir de su habitación.


Lo que buscaba estaba a buen recaudo, y no era fácil conseguirlo. El dormitorio de su madre era una de las partes de la casa que no frecuentaba. Sin embargo, había visto dónde Judith guardaba la llave para acceder al aseo.

“Quizás sigue despierta”, pensó insegura, pero fue rápida al inventarse una coartada… “He tenido un mal sueño y quería hablar contigo”, planeó, subiendo ya por las escaleras.

Anduvo algunos pasos más y se detuvo ante la puerta cerrada de su dormitorio.

Aplicó leve fuerza sobre el pomo de ésta y abrió una estrecha rendija por la que asomó su vista.

 Efectivamente, Judith ya dormía plácidamente bajo el efecto de lo que precisamente ella venía buscando.


Entró y se acercó a su objetivo, abriendo muy lentamente el cajón de la mesita, para recoger la llave de su interior.

Avanzó de puntillas, bordeando la cama donde su madre descansaba plácida, y pasó la llave por la ranura de la cerradura del baño.

Accedió, y se encerró silenciosamente, temblorosa y fría por el nerviosismo que la conquistaba gradualmente.

Husmeó en el armario donde Judith guardaba celosamente sus medicamentos, y tomó entre sus manos el que quería…


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9 comentarios:

  1. Para matarla...no si ya me olía yo lo que intentaría al verla tan interesada en ellos. Esta chica...está como una cabra, esperemos que le descubran antes de que cometa una estupidez de ese tamaño.

    Que mono Leo...me gusta mucho ver que por fin se anima a admitir sus sentimientos, pero espero que no sufra cuando Beatrice por fin recuerde todo. Así que ella tiene una edad distinta a la que pensaban...me estoy empezando a imaginar qué ha podido pasar, pero prefiero no decir nada de momento, hasta que vea como se siguen desarrollando las cosas.

    Y me temo que la italiana ha drogado al pobre David, ains...¡al final se lo va a conseguir llevar al huerto la otra! Seguro que son amigas y tenían todo planeado ¬¬

    Bueno guapa, me ha encantado poder leerte al fin, como siempre el capítulo perfecto, adoro tu forma de escribir y plasmar en imágenes los sentimientos de cada personaje. ¡Un besote y espero volverte a leer pronto! ¡Que pases un buen veranito!

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    1. Por cierto, me he partido de risa al imaginarme a Fiona corriendo como una energúmena por toda la casa jajaja Adoro a esta chica

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    2. Pues sí, está ida totalmente jajaja
      Bueno, realmente siempre los ha admitido más o menos, pero ahora por fin tiene decidido arriesgarse. Yo también espero eso... Pero me temo que aquí les queda que sufrir a todos un poco más :(
      Exacto, la italiana le ha drogado, en un plan con Laura.
      Muchas gracias por pasarte y comentar guapa. Te deseo también un buen verano!

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  2. Al final no lo pude leer el otro día, pero hoy ya sí :-). Bueno... vamos conociendo alguna cosa más sobre Beatrice, y cada dato nuevo casi resulta más inquietante que el anterior... ¡Cuántas preguntas!

    Y me alegro mucho de que Fiona se disculpara con su madre, porque, hormonas o no, era inexcusable lo borde que se había puesto... Con respecto a esa última imagen..., espero que no vaya a hacer ninguna tontería, que no es como para ir experimentando con tranquilizantes en su estado.

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    1. Hola Marta!
      A ver si luego soy capaz de contestarlas todas :P
      Sí, pero yo creo que se ha disculpado por lo que tiene pensado hacer... Ya veremos en qué acaba la cosa con ella.
      Muchas gracias por pasarte y comentar. Es siempre un placer!

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  3. Ya tengo fichada a Leo en este blog jaja
    Aquí se ve más sexy de lo normal (porqué será)

    Odio a la tipeja esa... mira que David... lo quiero alejado de Beatrice porque paso completamente de que se encuentren, por Leo y porque se sabrá toda la verdad y todo.. pero no se merece que una arpia asi le manipule!!


    Te seguiré desde aquí :D
    sigue prontoo!!!

    Ese bruno oee!

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    1. Hola guapa!!
      Tranquila, la arpía manipuladora se irá a su tierra tal como vino, jajaja
      Gracias por pasarte, y sí, me quedan sólo algunas fotos más y habrá primera parte de capítulo :)
      Bruno forever!

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  4. ¡¡NOOO!! Víbora quita tus zarpas de David D: Seguro que la lapa italiana que tiene Mich encima lo ha drogado... deben ser de la camorra o algo, no me inspiran confianza xD

    El tema de la edad celular de Bea me tiene loca, me encantan las partes biológicas, haces que mi científica loca interior salga a la luz xDD Me muero por ver el informe ese que ha hecho el profe mafioso, tengo muchísima curiosidad por ver si la sustancia de David y la que tenía Bea coinciden... pero lo del tema de la edad de Bea también me va a tener ahora muy intrigada...

    No sé muy bien que pasará respecto a Leo y Bea... pero esta cada vez que recuerda cosas de su anterior vida se pone super melancólica, como le dé la pájara es capaz de montarle un drama a Leo por mucho amor que haya xD No creo que la esté manipulando, Leo ha explicado sus planes a Richard, pero quizás Bea lo puede llegar a mal interpretar si se entera en un momento de tensión...

    Y mi Fiona... ay mi leona! Que se quiere quedar grogui xDDD A esta muchacha le hace falta un psiquiatra ya eh, con urgencia... cuando se ha puesto a llorar y a corretear por la casa me ha hecho hasta gracia jajajajaja

    Lo digo en serio... ¡A vivir que son dos días! (ese momento me ha matado xD)

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    1. Jajajajaja San
      Sí, la grappa esa cargadita de éxtasis...
      El tema científico es de lo que peor se me da, me cuesta una barbaridad imaginarme cosas porque seguro que digo barbaridades xD, pero bueno, dentro de todo esto hay que pensar que la historia tiene su toque fantástico (por aquello de viajar en el tiempo), así que espero que me perdonéis los de ciencias.
      Tienes toda la razón... Leo no le da importancia a ese tema pero ella... Ya veremos qué pasa.
      En cuanto a Fiona, no creas que no me dan ganas de hacerla desaparecer, pero bueno, igual soy condescendiente con ella.
      Sí, sí... ¡A vivir que son dos días! ¡Gracias por pasarte y comentar guapa!

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