lunes, 18 de agosto de 2014

Fin de temporada


Pues eso... Hasta aquí la Primera Temporada de RDF.
Espero haberos agradado y entretenido, al menos esa es mi intención.
Por mi parte, os agradezco infinitamente vuestro apoyo.

De verdad, ¡Gracias!

Y ahora, lo que realmente os interesa... ¿Cuándo empieza la segunda temporada? Pues intentaré que lo antes posible, pero creo que como mínimo puede llegar a ser dos meses, pues tengo cuestiones personales que solucionar y unos cabos sueltos en la propia historia que atar aún.

Pero no os preocupéis, que esto continúa...

¡Besos!

Capítulo 25 - Parte II



Nuestra entrecortada y deseosa respiración se hacía cada vez más audible, acrecentando sutilmente nuestro anhelo.

Mis huidizas manos navegaron atrevidas por su espalda, masajeándola con suavidad bajo su chaqueta, mientras su aroma me abrumaba por completo, seduciéndome, una vez más, de tantas otras...

Permaneció quieto, tan sólo fundiéndome con el oscuro fulgor de su mirada que, aún sin vislumbrarla perfectamente, podía percibir intensa.


Comencé a desabrochar su camisa, lentamente, e intenté adivinar su gesto por unos segundos, mientras mi boca ansió abordar la suya, que parecía no terminar de decidirse...

- ¿Estás segura? - masculló acelerado - No tenemos por qué precipitarnos - tragó saliva.


- Ámame... - le imploré, rozando sugerente sus labios...


 Mi ruego pareció desatar su impaciencia y desvistió su torso con relativa prisa.

Al instante, un escalofrío erizó el vello de mi espalda al notar cómo la cremallera de mi vestido cedía, ahora, ante la premura de sus dedos.
 

El interminable sonido de ésta desabrochándose se esfumó al fin, y toda aquella tela carmesí se desplomó, cayendo arrugada a nuestros pies.

Se perdió cariciosamente en mi cabello, desbaratando mi peinado al tiempo que mis manos le ambicionaban, descendiendo mimosas por su vientre, hasta lindar con la estrechez de su cinturón.
 
Asió mi cara hacia él y me estrechó con ansia, consiguiendo encenderme aún más al advertir su virilidad palpitando contra mí bajo la tela de su pantalón... 


- Te deseo… – suspiré, y sentí el desenfreno de su boca inundando la mía.


A la vez que mi ansia de fundirme con él se convertía, por momentos, en totalmente incontrolable...


Alcé una pierna, reclamándole de forma definitiva...


Y acaparó vivamente mi muslo, amasándolo con intensidad, hasta flanquear discreto los límites que marcaba mi ropa interior.

La humedad fue impregnando mis entrañas, poco a poco, bajo un intenso fuego que obcecaba mi razón... Y mis tenues gemidos parecieron ir enloqueciéndole a medida que, incontenibles, se escapaban de mis labios.


Me alzó enérgico, sosteniéndome de las nalgas contra sí, y anduvo decidido hasta su habitación.


Se inclinó ligeramente hacia la cama para dar un fuerte tirón de la colcha que la cubría, y me recostó sobre la blancura de sus sábanas, empachadas con su olor.


La escasa luz de la luna, que tenuemente, invadía el espacio, me ayudó a definir cómo se deshacía de las prendas que aún vestían su cuerpo...

Y le aguardé con celo, sin quitar la vista de su desnudez.


Casi sin percatarme, volvía a cobijarme bajo su arrebato...


Y su lengua navegó sobre mí, apasionándome, hasta llegar a mi escote que se elevaba y descendía acelerado bajo el ritmo incontrolado de mi respiración, llamándole a gritos en silencio...


Curioso, deslizó su mano por el corsé, y comenzó a desabotonarlo con exasperante quietud.

Mis senos se agitaron al escapar, por fin, de su presidio, y quedaron ahora a su merced… Deseosos de sus caricias... Hambrientos de sus besos...

- Te he imaginado tantas veces… - musitó, justo antes de aspirar, entre ellos, el perfume de mi piel.

Los abarcó delicadamente, y me saboreó...


Continuando con aquella tortura deliciosa que me absorbía y se me antojaba infinita...


Y prosiguió, bajando despacio, para colmar de carantoñas cada parte de mí...


Entreteniéndose en mi ombligo, para dibujarlo de nuevo sobre mi vientre…


Desnudando mis piernas, para revestirlas con fervorosos besos que me cautivaban a su paso...


Hasta arribar en mi femineidad, adueñándose de ella con el suave vaho de su aliento, que calaba en mi interior a través de la única prenda que todavía me cubría.

Lió sus dedos en ésta y comenzó a deslizarla para desposeerme de su atavío cuanto antes.

- Eres perfecta… - susurró acelerado, hundiendo su boca entre mis muslos...


Y me lamió despacio, mientras sus hábiles dedos retozaban en mi interior y me hacían temblar incontroladamente.

La elevación no tardó en dominarme, fogosa, casi inagotable... En un estallido de gozo que llegó a esclavizarme mientras duró...


Se entretuvo algunos instantes más, y avanzó con devoción sobre mi cuerpo, ahora más apaciguado, pero aún sediento de él…


Retornando a mi boca para regalarme, una vez más, su cálido aliento.

- Te necesito tanto… - susurró con quejido tenue...

Y se abrió paso en mí con apacible acometida, ajustándose convulso entre mis piernas…


Un gruñido ronco huyó de sus labios e intentó acallarse en los míos, que gimieron surgentes al tenerle tan adentro.

- Te amo… - suspiró agitado, evaporando su voz en mi boca.


- Y yo a ti… - acaricié su cara, deleitándome con aquel precioso instante, y embistió, lentamente, anudando mis dedos a los suyos...


El resuello de nuestro respirar fue acrecentándose al unísono, mientras mis pantorrillas le aferraban firmemente a mi cuerpo, dándole tan solo el pequeño margen adecuado que le permitía entrar y salir de mí.


Nuestras bocas proseguían besándose sin descanso, ahogándonos de fruición... Cada vez más afanadas en mantener el compás... Un compás perfecto que fundía nuestras almas para convertirlas en una única.


Mi jadeo entrecortado me delató, y pareció alimentarle a medida que mis quejidos iban escapándoseme con creciente frenesí.

El clímax me conquistó, elevándome con sublimidad, mientras se extendía justo lo necesario para albergar el suyo antes de decaer...


Aquella marea de suspiros y sollozos fue menguando, y acabó rendido sobre mí, zozobrando entre mi pecho sudoroso.


- No me dejes nunca… - murmuró acalorado...

- Jamás - prometí segura, y volví a disfrutar de su aroma, ahora entremezclado con el de nuestra leve sudoración.

Se recostó a mi lado, extasiándome con su cariño, que no cesó de regalarme besos mil...


Y me atrajo hacia su pecho, protector...


El latir sereno de su corazón me arrulló, gustosa y saciada… Infinitamente enamorada de él...


Y el tacto de sus caricias me acompañó hasta hacerme caer en profundo sueño.

*******

 - Buenas noches... – carraspeó el doctor frente a ellos.


Judith le miró con incontenible pesar, a la vez que un hilo de esperanza brillaba en lo más profundo de su mirada… No quería ni siquiera pensar en aquella posibilidad… No podía hacerlo...

- ¿Cómo está mi hermana? – inquirió Albert, sin esperar a que el hombre pronunciase palabra.


- Ahora está fuera de peligro – les dio la buena noticia.

- Gracias a Dios… - sollozó Judith aliviada.


- Hemos conseguido estabilizarla y ha salido del coma… – prosiguió, suspirando profundamente – Pero… - añadió.


- ¿Pero? – escrutó Albert con mirada inquisitoria.

- El estado del bebé ahora mismo es crítico… Puede que haya sufrido daños o… - silenció brevemente – O incluso hay posibilidad de que lo pierda… – sentenció, dejando a madre e hijo totalmente patidifusos.

- De-debe haber algún error… - parpadeó Albert, exhibiendo una sonrisa de incredulidad - ¿De qué está hablando? – le interrogó, agriando el gesto.

- Pensé que tenían conocimiento de ello… - se dirigió al pelirrojo.


– Su hija está embarazada… – afirmó, mirando esta vez a Judith.

*******

En medio de la oscuridad… Un murmullo se va haciendo presente y el olor a café mezclado con el de la repostería recién salida del horno envuelve cada vez más mi percepción…

A duras penas, vislumbro “sus” facciones, en medio de un vacío inmenso, y se me hacen cada vez más diáfanas, consiguiendo centrarme al fin en “su” rostro…


Poco a poco, todo va tomando también forma, aunque realmente no le dedico atención, tan sólo “sus” palabras ocupan un primer plano en mi mente…

“Yo estudio bioquímica… Precisamente este año termino. Y tú, ¿qué rama cursas?”, me mira fijamente a los ojos, y sé que se dirige a mí…

“Bellas artes… Adoro la pintura”, me oigo con desparpajo…

“No soy muy ducho en pintura, pero conozco algunos cuadros famosos...”, alardea, despertando mi curiosidad.


"¿Ah, sí? ¿Y cuál es tu obra favorita?", le interrogo deseando que coincida conmigo.

“La… ¿Venus de Milo?...”, dice, mientras noto cómo sonrío. Está observándome los labios con fijación…

“Vale… Me has pillado”, ladea una risilla socarrona y mira hacia un lado por unos segundos...


“Me encantaría verte esta noche en la fiesta de bienvenida…”, sus palabras me ilusionan, pellizcándome el estómago.

 “Sí… A Antonia también le gustará la idea…” afirmo animada.

“Hmmm…”, suspira levemente, observando por un instante a alguien que pasa a nuestro lado y me retoma con su mirada celeste… “No sé si te estarás dando cuenta de que te estoy pidiendo una cita”, noto un tenue rubor acalorándome.


Titubeo… Aunque en el fondo sé que estoy deseando aceptar.

“Tampoco es tan serio. Se trata sólo de estar juntos un rato, intercambiar curiosidades… Ya sabes...”, insiste, encogiéndose de hombros.

“Bueno, me parece bien”, acepto, aún bajo cierta timidez… “Dime a qué hora y”

Mi propia voz se diluye de nuevo y siento una especie de confusión que me agobia…

Una extraña pesadez me abruma, nublando mi mente… Quiero esquivarla, en vano…

Y todo empieza a aclararse de nuevo…

“¿Estás nerviosa?”, me asalta, hundiendo su cara entre mi pelo.


Su tacto me es seductor, demasiado íntimo.

Nuestro reflejo me enamora, pero algo me hace sentir leve reproche hacia él...


“¿Qué haces aquí? Dicen que trae mala suerte ver a la novia antes de la boda…”, siento que creo firmemente en lo que estoy diciendo mientras miro sus ojos…


“¿En serio?”, acaricia mi pelo y me besa tenue… “El destino es fuerte Beatrice, pero al final siempre decidimos nosotros…”, su aliento tranquiliza mi inquietud…


Todo se vuelve a oscurecer en mi pensamiento… 

El estómago se me retuerce una vez más y me va sacando de mi pesadez, mientras “él” se aleja en la nada de mi conciencia…

*******

Me incorporé en un sobresalto, y resoplé sobre mis rodillas flexionadas, ahora más tranquila al comprobar que era un sueño.


Sin embargo, la imagen de ambos frente al espejo había quedado grabada en mi mente, proporcionándome la grata, a la vez que hiriente sensación de estar aún a mi lado.

La conocida melancolía empezaba a amargarme, como “efecto secundario” de su recuerdo…


Pero la calidez de Leo rozándome la contrarrestó, retornando al presente en un momento.

Me recosté en su cobijo, mientras me abrazaba entre sueños. Y, en un suspiro, fui capaz de evadir mis angustias con tan sólo aspirar el aroma de su piel.

Tras escasos minutos, mi vista fue acostumbrándose al tenue resplandor de la luna que nos bañaba a través de los amplios ventanales a nuestros pies, y comencé a percibirlo todo…

Todo, de una manera tan definida, que tuve que parpadear para creérmelo…

Centré mi vista en su rostro que, después de haber sido tantas veces anhelado, podía ver escrupulosamente... Y me pareció perfecto.


Sonreí con ilusión y el entusiasmo me tentó a despertarle, pero dormía tan plácidamente que preferí no hacerlo, aplacando mis ganas en una caricia casi etérea a lo largo de su pecho.

Continué deleitándome con su perfil durante algunos instantes en que pensé abordar su boca, cuando un sonido repentino y cercano me sorprendió.

Él se movió levemente, y continuó dormido mientras aquel ruido mecánico continuaba.

Me levanté despacio de la cama y me vestí con mi ropa interior, que andaba tirada por el suelo.

Salí de la habitación silenciosa, dedicándole antes la que probablemente sería la última mirada de la noche, y no me costó encontrar la fuente de mi curiosidad…

Se trataba de un… “¿Fax?”... “¿A esas horas?”, me extrañé…


“No es nada que me deba interesar…”, balbuceé con intención de volver al dormitorio.

Pero, por alguna razón, dudé y me giré, acercándome lentamente al escritorio.

Cogí la hoja, que acababa de imprimirse, y me impresionó leer el nombre de “Beatrice” encabezándola.

El ambiente adquirió otro aire a medida que profundizaba en su lectura, y me abstraje en aquel maremágnum de fórmulas y datos químicos, que, si bien no comprendía, me resultaron familiares.

Cierta presión se empezó a instaurar en la boca de mi estómago y un calor interior afloraba progresivamente, al tiempo que el fax escupía una última hoja antes de callarse…

Temblorosa, la recogí, y ésta contenía una especie de conclusión...

“[…] Ambos compuestos químicos parten de la misma sustancia, y sus patrones son equivalentes en su base, sin embargo, en el segundo caso, la melatonina ha evolucionado espectacularmente […]”

"Melatonina", repetí en un murmullo...

Esa palabra retumbó en mi memoria, pronunciada por distintas voces que no cesaban de hacerse eco en mi subconsciente… 


Y llegaron a enloquecerme momentáneamente, abandonándome en otro tiempo…

*******

Es “él”… Y pretendo centrarme en su figura nublada, mas sólo puedo atender ahora a lo que va escribiendo desordenadamente sobre la pared.



*******

Aquel flash desapareció y me apoyé sobre el escritorio rendida ante el dolor nervioso que se había instaurado en mi pecho, magullándolo sin piedad.

Respiré hondo y masajeé la zona para mitigarlo, sin prestar demasiada atención hacia unos apuntes que descansaban sobre una carpeta cercana. Pero en el leve repaso de mi mirada, no pude evitar clavarla sobre mi nombre, escrito a mano, también en ellos, precedido por la palabra “Paciente”.

Bajo ello, había una breve descripción, para mi sorpresa, de cómo se me había encontrado, y seguido a esto, un título subrayado que decía: Resultados de pruebas analíticas y cantidad de la sustancia en sangre.

Fruncí el ceño, y fui revisando cada nota que aparecía en él, mientras la hiriente desconfianza hacia Leo profundizaba en mí de forma inconsciente.

Una retahíla de fechas se correspondía con diversos datos que asocié inmediatamente con los documentos que acababan de llegar por fax, pues las palabras “sustancia” y “melatonina” aparecían por todos lados, seguidas de porcentajes y varios apuntes más.

Al final de todo esto, un enunciado terminaba diciendo "La paciente va recuperando la memoria de forma aleatoria, consciente e inconscientemente. Aún no consigue asociar sus recuerdos a los sucesos acaecidos en su vida...".

- No es posible… - negué, en un intento de tranquilizarme.


Dejé caer el papel de mis manos, con el corazón tan excitado que lo sentía saliéndoseme por la boca, mientras inconscientemente me veía como un conejillo de indias acorralado en su jaula, ignorante de lo que hace ahí en realidad...


No cabía duda de que “la paciente” era yo, y esos eran los resultados de los repetitivos análisis de sangre que Leo me mandaba realizar con el pretexto de hacer un seguimiento exhaustivo de mi recuperación, cuando al parecer su verdadero interés no era precisamente mi estado de salud, sino la sustancia que corría por mis venas.

El inmenso dolor se acumulaba en mi pecho y se extendía a modo de flojera por todo mi cuerpo, empujándome a olvidar todo lo que acababa de descubrir y regresar inmediatamente a su cama para aferrarme a él y seguir viviendo “su sueño perfecto”...


Sin embargo, éste, ya estaba resquebrajado irremediablemente en mil pedazos, desgarrado por la decepción, la desconfianza y el dolor.

El aire parecía faltarme a cada paso que daba hacia la puerta, acallando como podía los sollozos que explotaban en mi alma… Y mis pies, desnudos e inseguros, tropezaron con nuestra ropa, que yacía sobre la alfombra donde escasas horas antes me había desvestido.

Recogí mi vestido impaciente y mis lloros desconsolados escaparon, ahora irremediablemente, al recordarle desabrochando la cremallera que volvía a ceñir yo a tientas, tiritando del nerviosismo…


Abrí la puerta desorientada, lo más silenciosa que pude… Y, destrozada completamente, dejé atrás lo que, sin duda, más amaba en el mundo.

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